jueves, 17 de julio de 2008

La verdad de la milanesa

Alguna vez, de chico, escuché este dicho popular. En más de una ocasión me pregunté acerca de su significado pero pocos segundos después, no hacía más que olvidarme de la cuestión. Por eso ahora que me acordé, no le pienso dejar una sola posibilidad de escapatoria y pretendo buscarle una explicación y significación que al menos a mí me saque la duda.
La verdad de la milanesa es una sola, pura, incuestionable como su propia receta y preparación: pan rayado, carne (Recomiendo el corte de nalga) y huevo batido para mojar la carne y dejar que el pan rayado se adhiera con perfección a la misma. (Aquí dejo lugar al primer y único secreto sobre la verdad de la milanesa que revelaré al finalizar el texto*)

Sus conocidos e inalterables ingredientes dejan lugar a una sola conclusión: No existen dos milanesas diferentes. Lo que sí existe son los tipos de cocinado: 1. Con pelitos. (He escuchado esta forma de llamarla por su particularidad de mantener unos pelillos generados por el aceite o el pan rayado. 2. Normal. Clásica. Única e irreformable.
También hay quienes la cuecen al horno, modo de preparación que también queda muy bien pero que de la misma manera no altera el producto final sino que propone una finalidad más saludable.

Estos tipos de cocinado muchas veces dependen del cocinero y del lugar. Algunos bares cocinan las milanesas de la primera forma y la gran mayoría, y los que en definitiva no sorprenden a los consumidores –que no buscan la sorpresa en la milanesa y esto es muy importante- las preparan de la segunda. La llegada magistral del mozo/a con la milanesa puede frustrar o truncar la mirada infantil y el deseo por el producto de parte del comensal por el descubrimiento atroz de que está preparada de la primera manera mencionada anteriormente. El acercamiento, en este caso, del cliente es prudente; terminará por comerse la milanesa quizás con el mismo placer con el que se comería la milanesa clásica, pero la frustración visual de la misma es fatal.
Se puede decir, sin hacer conclusiones aun, que la verdad de la milanesa habla de un aspecto incuestionable sobre un caso particular.

Esta verdad se aplica a situaciones particulares que parecen no tener diversas observaciones. Las observaciones pueden ser realizadas subjetivamente por una persona, pero la verdad última acerca de esas cuestiones es una sola. Por ejemplo, cuando termina un partido de fútbol siempre se dice lo siguiente de ambos equipos: o ganó uno, o perdió el otro. En este caso se presenta una ambigüedad sobre el resultado del partido, que si bien es uno solo e inmodificable, el protagonista final del mismo parece cambiar; o por lo menos existe la posibilidad de cambiarlo de parte del observador subjetivo. O ganó Peñarol o perdió Nacional pero en ambos casos el resultado final en goles es el mismo. Esta ambigüedad aporta a nivel de trámite, de desarrollo del juego. Un equipo pudo haber dado todo de sí mismo para ganar el partido y aun así no haberlo conseguido, y entonces se dice que perdió el partido. De la otra forma, un equipo pudo haber aplastado al otro, sin dejarle chance a una posible recuperación, y así, se dice que ganó el partido, y en buena ley.
Se pueden dar varios de estos casos en los que dos posibles observaciones existen sobre una misma materia. Sin embargo, cabe la posibilidad que sobre este tipo de casos se pueda dar, en un aspecto de los mismos, la verdad de la milanesa. Un aspecto incuestionable, una parte de la historia que no considera dos versiones sino que es una verdad que queda calada sobre el tema y para demostrarlo de una manera un poco tosca pero finalmente efectiva, se puede decir que la verdad de la milanesa sobre el caballo blanco de Artigas es que era blanco. Puede existir algún estudio amplio y exhaustivo sobre el tema que diga que Artigas se subió y cabalgó alguna vez sobre un caballo de otro color, pero el caballo de él, era inexorable e históricamente blanco.

La verdad de la milanesa puede aplicarse tanto a casos simples como a casos más complejos como el agujero central de las tortas fritas, las margaritas de crema (originales) o las margaritas de dulce de leche (plagio bastardo), el chorizo en el guiso de lentejas, la tapa de las galletas dulces y el pancho. Sin dudas debe haber una mayor cantidad de casos sobre la verdad de la milanesa pero queda claro finalmente y ahora sí a modo de conclusión que esta verdad es única. No tiene bajo ningún aspecto, una segunda o alternativa posibilidad que cambie la naturaleza de la materia en cuestión.
Estos tipos de verdades son los que de alguna manera terminan por ser la estructura de los iconos sociales y culturales y que son parte de nuestra historia, como el pan con grasa, las chancletas en verano y los bikinis.

Hasta la próxima.


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*He aquí el único secreto sobre la verdad de la milanesa, y es que hay que pasarla dos veces por huevo. Es decir: huevo, pan rayado, huevo, pan rayado.


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Comentario del Autor:

Gracias a un comentario de un lector quiero aclarar algunas cosas y corregir otras.

Primero, Los "pelitos" de la milanesa se logran cocinándola con harina (Esa te la doy, tenés razón)

Segundo, (y esta no te la doy) la milanesa Napolitana no cabe dentro de esta discusión ya que pertenece a otro grupo de milanesas. No es la milanesa per se, la milanesa vieja y querida, la milanesa con puré.
La milanesa napolitana es un invento de las altas familias mafiosas de Chicago que son descendencia italiana, o sea, generaciones hijas de italianos pero nacidos en Chicago y con malos modales. Las amas de casa ponen la sangre de las víctimas sobre la milanesa como una forma de redención o de regocijo sobre el asesinato y se come una sola milanesa napolitana y no varias como sí se puede en la milanesa con puré. Eso sucede en el sur de Chicago, en el norte no sucede, no se bien por qué.

Gracias.

1 comentarios:

Santido dijo...

bo, cabeza, y si la milanesa es a la napolitana????

te cagué!!! jeeeeeeeeee jeeeeeeeeeeee

además, a veces, debido a un cocinero intrépido, una abuela rara o un dueño de bar muy tacaño; la milanesa se hace con harina en lugar de pan rayado -que me parece, es lo que vos llamás "con pelitos"-.

te cuidás filósofo.