lunes, 9 de junio de 2008

Homenaje.

El niño pasaba el pie por arriba de la pelota tratando de levantarla en el aire y poder ejercer su ansiado control sobre ella. La pelota rebelde no hacía más que elevarse apenas un metro en el aire y volver a caer sobre la tierra del campito. Ponía el pie por debajo del balón y con la mirada atenta la veía caer, pero sólo la sombra del balón posaba sobre su champión antes de tocar el suelo.
La pelota rodó unos metros delante de él y no la miró, no por vergüenza y tampoco por renegar de lo que pudiera hacer con ella, si lo intentaba algunas veces más era seguro que consiguiera dominar a la pelota pero por ahora ella lo dominaba a él.
La pelota siguió girando por el suelo mientras un enorme camión pasaba por la calle repleto de personas vestidas de amarillo y negro, con manchas negras en la piel y con la garganta dolorida.
El niño miró pasar atento aquel camión mientras sudaba al rayo del sol de invierno, parado sobre el polvo del campo, recuperando su postura y adquiriendo el orgullo con el que su abuelo alguna vez le había contado que tenía que mirar esos colores.
Eternas tardes había pasado escuchando sobre un equipo que nació en primavera y que se llenó de enormes jugadores que lo hicieron grande y que lo llenaron de historia y de gloria mundial. La garganta de su abuelo había dejado de gritar hacía tiempo. Una sequía de títulos había despedido a un hincha que le había contado todo sobre Peñarol, sobre los peñaroles, los ferrocarriles y la piel quemada de una tarde de fútbol.
El camión pasaba festejando con la voz en el viento y el niño lo miraba alejarse. Puso su pie sobre la pelota que estaba detenida en el suelo y ésta vez la pelota subió en el aire y volvió a subir y volvió a subir. Dominó cinco o seis veces el balón antes de que volviera a picar en la tierra. Sonrió y volvió a mirar el camión que daba la vuelta al campito. Agarró la pelota, se la puso bajo el brazo y corrió a su casa porque el partido estaba por comenzar.



Dedicado al Glorioso Peñarol.

2 comentarios:

Santido dijo...

Casi que me vuelve a gustar el fútbol... gracias pepe!

Nacho dijo...

Casi me hago de Peñarol…

Bueno en realidad ni aunque la FARC rapte a mi madre y pida en su rescate una camiseta de peñarol, ni así, ni así toco esos colores…
Buen relato pepein