<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330</id><updated>2012-02-16T10:37:57.482-02:00</updated><category term='Homenajes'/><category term='Cuentos'/><category term='Sin Sentido'/><category term='Reflexiones'/><category term='Poemas que no son poemas'/><category term='Cosas de otros'/><title type='text'>el botija que cuenta</title><subtitle type='html'>----------------------------- desde abajo -----------------------------</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>51</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4619125635931761101</id><published>2010-04-27T18:34:00.001-03:00</published><updated>2010-04-27T18:34:40.338-03:00</updated><title type='text'>El fin del mundo es para los tristes</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Afuera.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera no se podía salir, y la mayoría de las veces no nos atrevíamos a salir. Había saqueos, pestes, gritos, corridas. Afuera era la muerte. Yo salía por las mañanas una vez por semana a conseguir provisiones, y a veces no salía durante semanas si todavía teníamos lo necesario. Pasábamos mal si uno estaba afuera. Por suerte seguíamos teniendo lo necesario. No sabíamos bien cuándo fue que todo se puso así. Fue lento y nos había llevado mucho tiempo acostumbrarnos. Antes podíamos ver los informativos que decían que hubo un terremoto en una isla que ahora estaba bajo el mar y que ya no era parte del mapa. Eso empezó a suceder con frecuencia y en la calle se empezaron a vender nuevos mapas y en las escuelas a enseñar nuevos mundos. Después fue una gripe que mató a millones de personas, pero acá se murió uno solo. Acá, como siempre, como una eterna comodidad, todo seguía llegando más tarde. Eso fue así durante un tiempo entre desastres naturales y enfermedades muy poco naturales. Las grandes potencias enfrentaron juicios por inventar enfermedades pero mientras tanto el mundo entero cumplía la sentencia. Un día se dieron cuenta de que casi no quedaba hielo en los polos y las ciudades sobre la costa comenzaron a inundarse, pero en la escuela hacía tiempo que ya se enseñaban nuevos mapas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue todo muy lento pero sólo si se piensa en cuestión de tiempo real. Nosotros lo habíamos vivido, y lo habíamos vivido de principio a fin. Pero una generación lo tenía que vivir como había pasado con todas las cosas. Uruguay campeón del mundo, la llegada del hombre a la luna y el verano del amor, las dictaduras, la globalización, el calentamiento global y el fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Adentro.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde adentro Montevideo seguía allí, no en pie, pero allí. La caldera silbaba en la cocina donde nunca pasó nada, donde seguíamos conversando hasta tarde sentados a la mesa mientras el tic tac del reloj seguía sonando, donde todavía fumábamos mientras discutíamos sobre la gente antes de irnos a la cama, a donde el fin del mundo todavía no había llegado. El color fuerte y amarillento del sol entraba por la ventana durante el día como un claro signo de que allí no hubo tragedias. Nos seguía gustando el sol que entraba por la ventana y que se colaba entre las cortinas naranjas para posarse sobre la mesa plegable que se apoyaba en la pared contraria. El humo del agua caliente cayendo sobre la yerba seguía saliendo. Seguíamos tomando mate y escuchando música. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los enchufes había corriente aunque ahora no llegaban facturas de nada, también había teléfonos pero no sabíamos si encontraríamos a alguien del otro lado del tubo. Ahora ya no había señales de televisión, a excepción de una señal de emergencias en la que un tipo informaba al resto de la población de los cuidados que había que tener en este nuevo orden de las cosas, pero gracias a una obsesiva colección de películas y series en Dvd todavía podíamos ver otra cosa en la tele. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tarde nos tirábamos en el sillón a leer. A veces estudiábamos por inercia aunque ya no hubiera universidades, pero más que nada leíamos todas las historias que la vida antes del ocaso había dejado en los libros que ya no entraban en la biblioteca y que también ocupaban parte del suelo del living. Yo seguía escribiendo para tener de vez en cuando nuevas historias que leer. Desde adentro se veía todo, pero sólo nos gustaba mirar el sol que entraba por las ventanas y si estábamos sentados se veía el cielo que todavía era celeste. No sabíamos cuánto iba a durar y ya no nos importaba. Todavía teníamos frazadas. Todavía nos teníamos los dos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4619125635931761101?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4619125635931761101/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4619125635931761101' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4619125635931761101'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4619125635931761101'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2010/04/el-fin-del-mundo-es-para-los-tristes.html' title='El fin del mundo es para los tristes'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-5051977822837069018</id><published>2010-02-22T12:58:00.003-02:00</published><updated>2010-02-22T13:00:18.586-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosas de otros'/><title type='text'>Ego I (nota publicada sobre el botija que cuenta)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Alma Singer II | Message (of love) in a bottle&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="background-color: white; color: #666666;"&gt;Jueves 18 de febrero de 2010. Buenos Aires, Argentina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El blog de Pepe da para desenchufar la laptop, llevarla a la cama, ponerte un almohadón en la panza que le de altura y acomodar la apertura de la pantalla para que estés bien cómoda (o) leyendo. Una taza de café al lado no vendría nada mal y, en invierno, un gato a tus pies ni hablar (Carcajadas, olvidate de asociar la escena con la cat lady de los Simpsons). Es el blog de un escritor o, según su autor, de un botija que cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Kakvav15I/AAAAAAAABcU/VMeYl3x7-us/s1600-h/maquina+de+ale+raimundo+01.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ct="true" src="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Kakvav15I/AAAAAAAABcU/VMeYl3x7-us/s320/maquina+de+ale+raimundo+01.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pepe me dijo que lo presente como lo haría Alma. El problema es que cuando me tocan el alter ego siento una presión inexplicable (Alma lo hace mejor que yo, se los aseguro). Entonces pienso más en la persona que en el porqué de su presentación. Pepe el redactor publicitario uruguayo laburando en Ecuador, el de la cerveza en la mano en una ridícula fiesta de disfraces en Salinas, el anfitrión perfecto por menos de dos horas en Quito, el que escribe mails como si fueran epístolas del siglo XIX, el que se toma el tiempo para darle valor a las cosas, el que cruza medio continente para traer algo más que piezas publicitarias de competencia, el que en menos de cuatro días en Buenos Aires descubre Sopa de Príncipe y rescata un muñeco de tela adorable… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Kavl3QvvI/AAAAAAAABcc/E2VStndVrpE/s1600-h/maquina+de+ale+raimundo+03.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ct="true" src="http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Kavl3QvvI/AAAAAAAABcc/E2VStndVrpE/s320/maquina+de+ale+raimundo+03.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pepe es pura creatividad y expresión con altas dosis de romanticismo (en el sentido concedido por el movimiento cultural de fines de siglo XVIII, nada de telenovelas mexicanas…). Le da prioridad a los sentimientos y al encuentro, y hasta podría sugerir que vive de ese halo especial que desprenden las palabras. Por eso no me sorprende que se haya emprendido en un proyecto sumamente romántico: tirar botellas al mar con cartas para un náufrago (de ahí viene la selección del tema, disculpen la obviedad). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Ka4r8fgDI/AAAAAAAABck/kHPM8NlPZeY/s1600-h/maquina+de+ale+raimundo+02.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ct="true" src="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Ka4r8fgDI/AAAAAAAABck/kHPM8NlPZeY/s320/maquina+de+ale+raimundo+02.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así como lo leen. Este espadachín de la justicia se sube al bote de un amigo, se va lo más mar adentro que puede con esa embarcación y lanza una botella al mar con destino incierto (esperemos que no lo sea tanto y llegue donde deba llegar). De un náufrago a otro, así sin más, con un solo mensaje: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"Creo que nunca quisiera irme de aquí y ahora escribo esto para que no te sientas solo y puedas entender que tu lugar y tu hogar será donde tengas amor. Y el amor en estos casos es construir y sobrevivir. Aquí puedes hacer lo que quieras y nunca habrá nadie para decirte que no lo puedes hacer. Solamente queda tiempo para ser feliz y espero lo puedas lograr más o menos tan bien como lo he hecho yo."&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspiro… así da gusto perderse en alta mar. ¿Qué más dirá la carta? se preguntarán. Y yo retruco, ¿para que develarlo si podemos darle lugar a la esperanza de que alguna vez nos llegue una botella mientras jugamos en el mar? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pepe Montoro&lt;br /&gt;&lt;a href="http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/"&gt;http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="mailto:parapepe@gmail.com"&gt;parapepe@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las fotos de la máquina de escribir que acompañan este post las saqué hace dos días en el taller de Ale Raimundo, artista cuyo trabajo y taller voy a presentar la semana que viene en Alma Singer. Quédense cerquita que vale la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4KbLWakzuI/AAAAAAAABcs/_a5WzxSr2Vs/s1600-h/maquina+de+ale+raimundo+04.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ct="true" src="http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4KbLWakzuI/AAAAAAAABcs/_a5WzxSr2Vs/s320/maquina+de+ale+raimundo+04.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Publicado por Verónica Mariani en &lt;a href="http://www.almasingersings.blogspot.com/"&gt;http://www.almasingersings.blogspot.com/&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-5051977822837069018?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/5051977822837069018/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=5051977822837069018' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5051977822837069018'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5051977822837069018'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2010/02/ego-i.html' title='Ego I (nota publicada sobre el botija que cuenta)'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/S4Kakvav15I/AAAAAAAABcU/VMeYl3x7-us/s72-c/maquina+de+ale+raimundo+01.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-260262405117851193</id><published>2010-01-25T10:49:00.004-02:00</published><updated>2010-01-25T14:18:03.686-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas que no son poemas'/><title type='text'>Qué</title><content type='html'>No digas nada si tan solo te aprendo.&lt;br /&gt;Salgo a buscarte&lt;br /&gt;Y te enseño mi alma para estudiar&lt;br /&gt;Y mis mañas de repasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busco una sonrisa sin motivo.&lt;br /&gt;Sin esfuerzo ni compromiso,&lt;br /&gt;Sin alarmas ni alabanzas,&lt;br /&gt;Una sonrisa de sólo dar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busco tu pestañeo lento.&lt;br /&gt;Ese que no sale a las calles&lt;br /&gt;Ni se pasea junto al viento.&lt;br /&gt;Sino ese que tan solo es mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No digas nada si tan solo descubro&lt;br /&gt;Para que también tengas&lt;br /&gt;De esas cosas de salvar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No digas nada si apenas te miro.&lt;br /&gt;Apenas eso antes que digas qué.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-260262405117851193?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/260262405117851193/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=260262405117851193' title='2 comentarios'/><link 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scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>La extraordinaria historia de Displicencia Benítez y sus 33 Orientales</title><content type='html'>En Argentina hay una ciudad que tiene 32 cuadras para un lado y 32 cuadras para el otro. En esa ciudad todo el mundo se conoce porque por algún motivo, cualquiera que fuere, todos sus habitantes estuvieron en alguna de esas 32 cuadras más de una vez y siempre fueron caminando. En esa ciudad nadie tiene la necesidad de utilizar un automóvil, claro que hay un sistema de transporte en ómnibus, pero cualquier trámite, por muy complicado que sea y por mucho tiempo que lleve, no queda a más de 32 cuadras de distancia, entonces todas las personas que viven en esa ciudad van caminando a todos lados. Se dice que en ese lugar las personas tienen las piernas particularmente entrenadas y bien formadas. Asumo que se debe a todo lo que caminan. Pero también hay algunos que además de caminar, juegan al fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fuera de esas 32 cuadras existe una cancha de fútbol de características míticas y legendarias, y son míticas y legendarias (las dos al mismo tiempo) porque nadie sabe cuánto de todo lo que se dijo alguna vez se ha comprobado. Lo que sí se sabe es que en ese potrero era local un equipo de fútbol conformado por jugadores que vivían en la ciudad. Nadie puede asegurar en verdad cuántos eran aunque muchos aseguran que eran 33, tal como figura en su nombre: Displicencia Benítez y sus 33 Orientales. Se dice que el Displicencia Benítez estaba formado por jugadores que vivían cada uno en una de las 32 cuadras de la ciudad y que había uno de ellos, tan sólo uno, que no era de ahí y ni siquiera era argentino. Era un uruguayo, Julio Benítez, el número 33.&lt;br /&gt;Julio Benítez había venido desde muy lejos y había permanecido en la ciudad de las 32 cuadras durante un tiempo en el que estuvo solamente de visita pero durante esos días Julio se sumó a ese equipo de fútbol para jugar la extraordinaria final de uno de los campeonatos más recordados de la historia del fútbol mundial aunque se sepa muy poco o nada sobre ese partido en los países limítrofes y no limítrofes. De hecho, nadie sabe nade ni conoce de la existencia de Displicencia Benítez y sus 33 Orientales, pero ese día, al caer la noche, Julio Benítez y su equipo de estoicos jugadores fueron los más grandes del mundo. En esa ciudad que tiene 32 cuadras para un lado y 32 cuadras para el otro, nadie habla de Barcelona ni del Manchester United, ni siquiera de la Juventus ni de ningún cuadro del viejo continente. En esas calles se sabe del Displicencia Benítez y sus 33 Orientales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corría el mes de febrero en la ciudad y todavía se podía sentir el pesado calor del verano por todas partes. Ese año anterior el campeonato de liga, que debió finalizar antes de fin de año, había permanecido suspendido por una huelga de estudiantes (la más larga que se recuerda en la ciudad) que no permitía dar continuidad al torneo ya que si no se dictaban clases, no se podía jugar al fútbol y la mayoría de los jugadores que luego fueron parte del Displicencia Benítez apoyaban la huelga. Lo peor de todo es que la huelga de estudiantes había dejado pendiente un solo partido y era la final. El 2 de noviembre de un año que no puedo confirmar se había desatado el conflicto estudiantil, apenas 10 días antes de disputar la final, que eventualmente se jugaría en aquella noche de febrero del año siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El equipo se había entrenado durante todo el año haciendo ejercicios extras a los regulares. Entre los compañeros de equipo se compartían los trámites que todos debían realizar para poder caminar algunas cuadras de más y muchos hasta hacían varios trámites en un mismo día. Cuando comenzó la huelga, algunos iban a la Universidad para saber cómo se desarrollaba el conflicto y esperar a que se resolviera y además para caminar la distancia que tenían desde sus casas. No se sabe mucho sobre lo que pasaba con el equipo durante el tiempo que duró la huelga en la Universidad. El equipo cuyo nombre nadie conocía hasta aquella extraordinaria final en la que se rebautizó la formación había disputado algunos partidos amistosos no oficiales para mantener la actividad pero nunca se supo dónde se jugaron ni cuáles fueron los resultados logrados. Cuando la gente pregunta sobre la historia del Displicencia Benítez y sus 33 Orientales nadie sabe nada más que lo que sucedió en aquella final y esa información la tienen algunos de los que creyeron en la historia, pues nadie vio ese partido con sus propios ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de los festejos de año nuevo y ya a mediados del mes de enero, el equipo se juntó en la puerta de la Universidad para intentar participar de las negociaciones que ese día no llegaron a buen puerto. Poco después del mediodía, la policía de la ciudad reprimió contra los estudiantes en la puerta de la Universidad y se llevó detenido al que hubiese sido el back derecho de Displicencia Benítez. Sus compañeros intentaron recuperarlo pero no se podía ir contra los milicos y hubiese sido peor si hubiesen perdido a otro jugador, así que decidieron esperar hasta la noche para ir a la seccional en la que lo habían encerrado para tratar de sacarlo. El capitán del equipo, el Boli, y su padre, un científico químico o matemático, un tipo de carácter intelectual al igual que el Boli, se pararon frente al mostrador de la seccional de la ciudad para pedir la libertad de su amigo y back derecho del equipo. El comisario de turno, de bigote espeso y ojos pequeños, no dijo una sola palabra y un joven oficial de mínimo grado que estaba parado muy cerca les informó que esa noche no se liberaría a ningún prisionero y que además esperaban órdenes del gobierno central para tomar una decisión sobre ellos. El joven uniformado les explicó de buena manera que era muy seguro que lo liberaran en las próximas horas ya que el gobierno central rara vez enviaba órdenes a esa seccional. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pudo haber sucedido de cualquier manera, pero pasó así. Ese puesto de back derecho lo terminó ocupando Julio Benítez, el uruguayo. Había llegado en barco y se había quedado en la casa de una antigua novia argentina que tenía en la ciudad de las 32 cuadras y cuando los integrantes del equipo se enteraron de su regreso a la ciudad se comunicaron inmediatamente con él para pedirle que jugara ese partido. El equipo, por normativa de la organización de fútbol correspondiente a ese torneo, permitía tener a un solo extranjero por equipo, puesto que era perfecto para Benítez. De esa manera quedó conformada la histórica alineación que disputó la final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día del partido había amanecido totalmente despejado y el calor había endurecido y resquebrajado la tierra de aquel potrero en el que el Displicencia Benítez y sus 33 Orientales jugaba de locatario. El que vivía en la cuadra más lejana pasaba a buscar al siguiente y así sucesivamente hasta que se juntaban todos en la casa del que vivía más cerca de la cancha para comenzar con la procesión hacia los pobres establecimientos del predio y ubicarse en el vestuario que les correspondía, vestuario que nadie nunca vio además de los jugadores que integraban el equipo, y ellos nunca dieron un solo detalle de lo que existía ahí dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron tres horas antes del comienzo del partido y se atrincheraron en aquel vestuario para concentrarse y estudiar los movimientos que iban a realizar. El equipo rival, el Rayo Rojo, arribó a la cancha apenas una hora antes del partido y desde el vestuario locatario se dice se podía ver la llegada de todos los rivales que ingresaban a su cancha. El tiempo había pasado demasiado rápido y ya estaban sobre la hora del pitido inicial. Con sus canilleras puestas, botines y remera impecable recién planchada, el Displicencia Benítez y sus 33 Orientales con Julio Benítez parado en la zaga salió a la cancha para jugar el partido final del campeonato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El árbitro, que había dirigido cientos de partidos de la liga de la ciudad y de afuera también, dirigió en esa final, su último partido. Completamente de negro, se paró en la mitad de la cancha con pelota en mano y observaba panorámicamente la formación de ambas escuadras. Y cuando quedó todo pronto para dar comienzo el partido a las 20:00 horas exactamente, colocó la pelota del encuentro en el punto medio de la cancha del Displicencia Benítez y aguardó a los capitanes para realizar el clásico sorteo. Los hombres de Julio Benítez eligieron cancha porque un verdadero estratega elige siempre la cancha antes que el saque ya que solamente así se pueden ver las intenciones del rival dentro de la cancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El partido comenzó trabado en la mitad de la cancha. Ambos equipos se limitaban a evidenciar al rival y Julio Benítez ya se había destacado salvando un gol en la línea del arco ya con el portero vencido y en el suelo. Por el lado de los 33 Orientales, habían estrellado una pelota en el palo izquierdo del arco del Rayo Rojo aunque había sido luego de un desvío en la pierna de un defensa. En los minutos 40 y 43 de ese primer tiempo el Rayo Rojo se había puesto arriba por 2 goles a 0. Los hombres de Julio Benítez no pudieron con la velocidad de un delantero cuyo nombre se desconoce pero podía correr más rápido que su propia sombra. Entre la bronca y el calor del potrero el árbitro del encuentro sacó dos tarjetas amarillas para cada lado lo que fue el saldo de agresividad que dejó el primer tiempo en aquella cancha. Los dos bandos se retiraron sin decirse una sola palabra y sin mirarse hacia el vestuario correspondiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta parte de la historia nadie la sabe, ni siquiera yo. Lo que sucedió en el vestuario locatario en donde descansaba el Displicencia Benítez y sus 33 Orientales durante esos 15 minutos de entretiempo es un misterio, pero fuere lo que fuere cambió el rumbo del partido y les dio a aquellos 33 Orientales el coraje y la fuerza necesaria para intentar revertir el marcador del partido. Hay pocas personas en el mundo capaces de generar ciertas emociones en un jugador de fútbol. Se dice que el que habló primero en aquel vestuario fue el capitán del equipo, pero que el verdadero hombre de la noche fue Julio Benítez, el uruguayo, el que había venido desde muy lejos para irse con una victoria de la cancha. Escuché también a algunos que dicen que nunca se dijo una sola palabra dentro de esas paredes y que cada uno sabía muy bien lo que tenían que hacer dentro de la cancha para dar vuelta el partido y que la unión de equipo a la que llegaron en ese segundo tiempo había sido mística.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los dos equipos volvieron a la cancha se miraron como se debían mirar dos ejércitos enemigos desde la distancia de los antiguos campos de batalla. El último pitido inicial tuvo lugar alrededor de las 9 de la noche, con el cielo definitivamente negro y en el primer centro largo que trepó hacia las estrellas nocturnas fue conectado de cabeza por Julio Benítez abriendo el marcador para el Displicencia Benítez que en los primeros minutos del segundo tiempo acortaba la diferencia. El Rayo Rojo respondió velozmente con una pelota envenenada que parecía caer en el centro del área y casi se le cuela al golero detrás del cuerpo que salvó el arco en el último instante tirando la pelota al corner con la punta de los dedos. El capitán de los 33 Orientales despejó ese corner y la pelota quedó en los pies de un delantero Oriental que sacó desenfrenadamente un contragolpe letal que terminó en el segundo gol del Displicencia Benítez. El marcador se ponía 2 a 2 y quedaban más de 30 minutos por jugar del segundo tiempo que luego del empate se estancó con golpes, fouls groseros, quejas, pelotazos, pases errados, y pelotas en los palos para ambos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso de los segundos, las dos escuadras sintieron la mochila del desempate y luego de un pique neutral en cancha de Rayo Rojo a raíz del ingreso de un perro en la cancha, Julio Benítez punteó la pelota hacia delante y corrió hacia el área. Corrió lo más rápido que pudo. Podía ver a los rivales que se le encimaban cada vez más hasta que uno de ellos lo derribó en el borde del área y el árbitro acusó la falta, viéndola adentro y últimamente cobrando penal. Su picardía le daba la posibilidad a los de Displicencia Benítez de ganar el encuentro en los últimos segundos del partido. Cuando se levantó de la tierra, Julio Benítez tomó la pelota entre las manos y se hizo de la responsabilidad de ejecutar la pena. No le importó el terreno y no limpió la zona donde posó la pelota para patear. Aquella cancha le era familiar a los 33 Orientales pero no a sus rivales y sabía que cualquier pique podía sorprender al arquero. Tomó tan solo 5 pasos de carrera y eso que Julio Benítez no era un hombre de gran zancada. Todos miraron el balón que resplandecía a la luz de la luna y las pocas luces de la cancha. Se hizo un silencio profundo que sólo fue interrumpido por el pitido del árbitro que dio la orden de ejecutar el disparo penal. Julio Benítez se abalanzó lentamente hacia la pelota y encajó un derechazo tremendo que se clavó cerca del palo. Al mismo palo al que había volado el arquero de Rayo Rojo al que no le alcanzó el esfuerzo para alcanzar a rozar el balón. El back derecho del Displicencia Benítez y sus 33 Orientales le daba una increíble victoria a todo el equipo y le daba el título de campeón a una escuadra de la que nunca nadie supo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe una ciudad que tiene 32 cuadras para un lado, 32 cuadras para otro y un equipo de fútbol de 33 hombres. Ellos fueron héroes durante un breve instante en la historia del fútbol y esta fue su pequeña pero extraordinaria historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Ficción basada en un equipo de fútbol real.&lt;br /&gt;Dedicada al Boli. 1 de los 33 Orientales&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4029009973768795595?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4029009973768795595/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4029009973768795595' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4029009973768795595'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4029009973768795595'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2010/01/la-extraordinaria-historia-de.html' title='La extraordinaria historia de Displicencia Benítez y sus 33 Orientales'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-176880793644148757</id><published>2009-12-07T09:47:00.007-02:00</published><updated>2009-12-16T09:34:45.974-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El vendedor de jazmines</title><content type='html'>El vendedor de jazmines colocaba sus flores en una mesa al costado de la calle en una esquina de la ascendente Montevideo. Tomándose su tiempo para montar su puesto colocaba uno al lado del otro los jazmines que se exhibían a los transeúntes para quien deseara comprarlos y las más veces pasaba muchas horas solamente contemplando sus flores y la callejuela. Había quienes pasaban de largo y apenas dirigían el ojo para comprobar aunque sea a lo lejos la existencia de aquel comerciante. Como muchos de los negocios de aquella ciudad, este también era zafral y podían pasar incontables días y semanas antes de vender siquiera un solo jazmín, pero el vendedor conocía las rachas de sus ventas y la mayoría de las veces ni siquiera se resignaba de vender aunque fuera un par de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos años '40, Montevideo era una ciudad efervescente. Los automóviles europeos que por esos años inundaban la metrópoli se aparcaban en 18 de julio y de ellos bajaban los hombres de las más altas clases a pasearse en sus trajes oscuros y elegantes, con sus mujeres en sus brillantes vestidos de terciopelo, haciendo ruido al pisar con sus costosos zapatos deslumbrantes camino a los grandes teatros donde se reunía por aquella época la elite montevideana. Y siendo un hombre de la calle, el vendedor de jazmines conocía las agendas de aquellas juntas a las que siempre había querido acceder, pero que también había aprendido a resignar durante mucho tiempo pues su suerte no era la de un hombre adinerado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en el año 1951 cuando en los diarios figuraba una noticia que preocupaba a esta alta clase social. La mafia había comenzado a sobresalir y de a poco tomaba las calles. Había un problema de jurisdicciones sociales. La mafia reclamaba lo que había sido suya durante algunos años y que ahora era rápidamente ocupado por la clase política más alta del Uruguay de la época, los teatros. Algunos días atrás, un senador había sido asesinado detrás del Cine Plaza y la policía había argumentado que la mafia, que de a poco salía de una devaluada clandestinidad, era responsable del derrame de sangre. Pero como en toda ciudad de enriquecidas minorías, la policía defendía silenciosa pero firmemente los intereses de esos espectros sociales y por ello la mafia debía moverse con cierta cautela por Montevideo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel crimen había sido simplemente el comienzo de una disimulada batalla por esos espacios públicos que eran de mutuo interés. En los periódicos en los que se manejaban esas noticias se había informado que el cuerpo muerto del senador llevaba un jazmín en el traje como firma de autoría, por lo que era ciertamente probable que aquella flor hubiera sido adquirida a un vendedor de jazmines de la zona. Por esos días la competencia no era mucha y eso rápidamente asociaba a nuestro vendedor al crimen perpetuado por la mafia, quien sin desearlo había vendido una de sus flores a uno de los más conocidos mafiosos de la ciudad, al que además era difícil de identificar pues los hombres que eran parte de aquella disputa se vestían de igual manera ya que nadie quería ceder terreno y la vestimenta era una clara postura. Recordaba a los hombres que habían parado en su puesto porque no eran muchos, pero no había forma de saber quién era quién, por lo que decidió no aventurar ninguna decisión de retirarse del negocio antes de convertirse en un sospechoso.&lt;br /&gt;El vendedor de jazmines desmantelaba su puesto cuando el sol caía y caminaba de regreso a casa. Esa noche de diciembre desarmó la mesa, juntó las flores, se puso el diario bajo el brazo y caminó, ya entrada la noche, por las calles del centro hacia su casa. Pensaba que era probable que la policía ya lo tuviera identificado aunque nadie se hubiera acercado a preguntarle nada, pero tampoco podía sentirse parte de algo que no había cometido. Él simplemente vendía jazmines. Así que al día siguiente decidió volver con su puesto a aquella esquina de la ciudad y continuaría con su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de una urbe en crecimiento comienza el día a muy tempranas horas y el vendedor de jazmines no era la excepción del paisaje montevideano. Colocó su mesa, esta vez, parándose, no en ángulo hacia la esquina, sino que se recostaba contra 18 de julio para tener una visión interesada de la entrada al Teatro El Galpón y su marquesina. El vendedor ponía lentamente en exhibición todos sus jazmines, mientras observaba que de un coche que estaba estacionado sobre la acera de enfrente se bajaba un hombre de traje, mientras otro permanecía en el auto y le clavaba la mirada al vendedor de jazmines. El hombre caminó pausadamente sin levantar sospecha alguna hacia la esquina de Minas y 18 de julio donde se encontraba el comerciante de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buenos días. –Dijo el hombre de traje oscuro y rayas claras verticales apenas visibles que hablaba mientras sostenía un cigarrillo en su mano izquierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buenos días. –Respondió el vendedor de jazmines mientras colocaba las últimas flores sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una hermosa mañana ¿verdad? –Preguntaba el hombre buscando conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En verdad lo es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabes, tienes unas preciosas flores aquí y los jazmines son mis favoritas. ¿Cómo es tu nombre? –Preguntó el hombre de traje provocando que el vendedor de jazmines que aunque conocía la calle no podía evitar ponerse muy nervioso, pero intentando mantener la compostura le respondió. –Gerónimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pareces un buen chico Gerónimo. Mi nombre es Vittorio. ¿Sabes quién soy? –Preguntó sin la más mínima sensación de intranquilidad. Por supuesto que el vendedor de jazmines sabía quién era Renzo Vittorio cuando su nombre estaba en los periódicos y era el número uno en la lista de autores del asesinato del senador de algunos días atrás. De cualquier manera prefirió no llamar la atención y respondió que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso está bien. –Hizo una pausa y prosiguió.- ¿Te gusta lo que haces Gerónimo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. –Dijo el comerciante intentando decir lo menos posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me parece muy bien. –Dijo entregando un billete a Gerónimo, quien lo tomó y el hombre de traje lo cambió por dos jazmines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adiós Gerónimo. Hasta la próxima. –Dijo Vittorio, poniéndose el cigarro en la boca y dirigiendo una última mirada que se escondía debajo de la visera de su sombrero del mismo color del traje mientras daba media vuelta y regresaba con los jazmines en la mano al coche que nunca había apagado el motor. El vendedor de jazmines no dijo más nada y lo observó mientras se alejaba en el auto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día transcurrió con cierta normalidad a excepción del coche de policía que circulaba por la calle observando a Gerónimo y sus jazmines esperando al hombre que hace algunas horas ya había pasado por allí. Se lo habían perdido, pero Gerónimo no podía abrir la boca aunque si en el periódico de mañana aparecía otro político muerto con un jazmín sobre su cuerpo, estaría más implicado que nunca. Así que cuando vio que los policías no miraban, Gerónimo se dispuso a desarmar el puesto de jazmines y desparecer del lugar.&lt;br /&gt;Dejó todo en su casa ocupándose de que nadie lo viera entrar y esperó hasta la tarde en soledad. Cuando el sol estaba bastante bajo, lo suficiente para esconderse detrás de los incipientes edificios del centro, se puso una boina y un saco de tela y volvió a las cercanías del Teatro. No era tonto, pero tenía curiosidad por ver si algo sucedía esa misma noche en aquel mismo Teatro. La policía continuaba vigilando el lugar mientras Gerónimo se limitaba a sentarse en un banco y aguardar, mirando la ciudad y sus automóviles en movimiento haciendo pasar el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurrieron unos minutos hasta que las luces de la ciudad eran lo único que brillaba en el cielo. A esa hora de la noche ya se paseaban los hombres de traje y sus mujeres refinadas por la calle hasta agolparse en la puerta del Teatro. Gerónimo sentía una cierta tensión en el aire viendo a los policías que caminaban lento por la vereda como si ellos también pasearan de traje y con una mujer al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las personas que estaban debajo de la marquesina del Teatro comenzaron a ingresar al lugar para ver lo que fuere que iban a ver. Gerónimo no estaba al tanto de la cartelera de espectáculos ni le interesaba, aunque creía que una obra italiana se estrenaba en esa sala por los comentarios que alcanzaba a escuchar desde su banco en la plaza a pocos metros del Teatro. Una hora y algunos minutos después, las puertas de la sala volvieron a abrirse y los hombres y mujeres salieron con risas en sus rostros que se alcanzaban a escuchar desde donde estaba sentado el vendedor de jazmines que ahora permanecía expectante pues sabía que las flores que había vendido se marchitarían completamente sobre la madrugada y suponía que antes de eso irían a parar al cuerpo de un hombre muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentó estar en lo cierto cuando el ruido de la metrópoli se alteró con un disparo certero a quema ropa que impactó en un hombre que caminaba alejándose del Teatro. La masa que todavía estaba en la puerta se dispersó rápidamente y los policías que eran más de los que Gerónimo había logrado ver se acercaron al lugar disparando hacia un hombre de traje oscuro y rayas claras verticales apenas visibles y que Gerónimo reconocía. Renzo Vittorio había alcanzado a salir de la multitud con un disparo en el pecho que disimulaba con una mano sobre la herida. El vendedor de jazmines se había levantado del banco y observaba el trágico espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renzo Vittorio caminaba lentamente tratando de hacerse pasar por un hombre más y se dirigía hacia la plaza donde podía perderse entre la multitud que miraba igual que Gerónimo lo que sucedía en la cercanía del Teatro. Nunca se movió, el vendedor de jazmines miró estático cómo Vittorio se acercaba cada vez más hacia él hasta que el mafioso lo reconoció y casi balbuceando le dijo algo que no alcanzó a entender. De pronto cayó de espaldas en el suelo. La sangre corría por debajo de su cuerpo y se extendía sobre el adoquinado de la plaza. Decenas de policías acudieron con velocidad hacia el cuerpo del hombre que agonizaba abatido y comenzaron a gritarle a la gente para que se alejara del lugar. Gerónimo miraba entre las personas que intentaban retirarse de la escena y apenas podía dar algunos pasos hacia el cuerpo del hombre que todavía estaba con vida y con el que había cruzado algunas palabras esa misma mañana. La policía sabría que era él, que era Gerónimo quien le vendía los jazmines a la mafia y por eso debía irse de allí, pero no sin observar por última vez al italiano que moría en el suelo de una plaza de Montevideo. En ese último intento miró por encima del hombro de un señor que lo empujaba para salir y vio que del traje de Vittorio sobresalía un jazmín que ya comenzaba a marchitarse en el canto de sus pétalos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-176880793644148757?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/176880793644148757/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=176880793644148757' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/176880793644148757'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/176880793644148757'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/12/el-vendedor-de-jazmines.html' title='El vendedor de jazmines'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-8311673845401466811</id><published>2009-11-23T14:34:00.011-02:00</published><updated>2009-11-23T18:26:56.988-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tiempo de morir</title><content type='html'>Golpeaban la puerta con increíble violencia. El espacio debajo del escritorio donde el hombre se había atrincherado no era el refugio ideal pero ya no había tiempo para seguir buscando. El hombre debajo del mueble transpiraba como nunca lo había hecho en su vida y empezaba a asimilar la idea de que el aire que respiraba era quizás lo último que le quedaba. Los golpes se sucedían a gran velocidad y el ruido que producían iba in crescendo y con cada uno sentía que su vida se extinguía de su cuerpo. La biblioteca que separaba al hombre de lo que había detrás de esa puerta no aguantaría mucho más y ya no habría tiempo para cuidar lo que guardaba con su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre debajo del escritorio había dedicado toda su energía, incluyendo esos instantes de agonía, al estudio e investigación de los viajes en el tiempo. Era un hombre brillante. Algunas horas antes lo habían despedido del lugar donde trabajaba y le habían incitado, casi violentamente, a que entregara todos los papeles que tuvieran evidencia de sus estudios pues ahora ya no eran su propiedad. El hombre dejaba de existir, ya no era nadie sin esos papeles. Por supuesto que todo estaba en su cabeza, pero las miles y miles de ecuaciones que hacían posibles los avances estaban en papeles que no podían caer en las manos equivocadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos días antes, el hombre había conseguido viajar, exitosamente, 50 años en el tiempo hacia  el pasado como proceso final de un experimento, y en ese lugar paralelo se deshizo de los registros de la travesía. Había vuelto a ver a sus padres sentados en el porche de la misma casa donde él mismo había crecido y se aguantaba hasta sentir la presión del llanto para no acercarse a ellos. Cualquier viaje en el tiempo tenía, según sus cálculos y estimaciones, factores éticamente inmodificables. Es decir que lo que sucedió se debe mantener así. Por lo tanto nada puede ser alterado pues la más mínima modificación podría resultar catastrófica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre debajo del escritorio guardaba con los últimos segundos de su vida la llave que permitiría a hombres perdidos y alterados por el desinterés colectivo a modificar lo que quisieran. Era un arma de destrucción nunca antes vista por el hombre, no habría ejército capaz de enfrentarse a esa fuerza de cambio. Dominarían el mundo eternamente. Todo lo vivido, todos los acontecimientos, todas las verdades y las mentiras, las muertes, las palabras dichas, las guerras, los desastres naturales, eran el curso que los hombres habían construido y provocado en la historia. Imaginen que las guerras mundiales fueran alteradas y los victoriosos fueran de repente los derrotados y viceversa. Que los discursos que cambiaron al mundo nunca hubiesen existido. Que la música de los profetas comunes y corrientes no se pudiera escuchar porque nunca se habrían cantado ni tocado y sus muertes habrían sido en vano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre debajo del escritorio guardaba con su vida la historia del mundo y el hombre. Los cambios hacia el futuro debían hacerse con el pasado a la vista. No se podía modificar el pasado para generar un futuro diferente. Se debía recapacitar de los errores cometidos para encontrar nuevos caminos hacia adelante. Nadie lo entendía o quizás sí, pero debajo de ese escritorio el hombre no podía permitirse dejar un registro de nada. Nadie podía saber nada. No podía entregarle a otra persona, aunque fuera de extrema confianza, el mismo porvenir que le esperaba a él. No podía hacerle eso a nadie más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con imprecisión comenzó a destruir todos los documentos. Quemó una parte mientras la puerta se venía abajo y la biblioteca que la aguantaba estaba prácticamente destruida y algunas piernas ya cruzaban la barrera hacia el escritorio. Se comió algunas hojas esperando que su sistema digestivo hiciera su parte. Sentía cómo su cuerpo casi explotaba por el miedo y la tristeza mientras lloraba con fuerza infantil. Los intentos de los hombres de afuera por entrar se hicieron más violentos cuando vieron el humo que salía de la habitación. Comenzaron a disparar intentando matar al hombre debajo del escritorio, intentando detener sus intentos por seguir destruyendo los documentos. Las balas pasaban muy cerca y una impactó en su oído izquierdo. Ya no tenía mucho tiempo y todavía quedaba mucho por deshacer. Arrojó el resto de las hojas al pequeño fuego que había iniciado, esperando que fuera suficiente, intentando no pensar en la herida que se desangraba sobre su camisa blanca. Sentía mucho miedo y el temblor de su cuerpo hacía mover todo el escritorio. Los gritos se escuchaban como si estuvieran encima de él. Sintió un dolor fuerte en la espalda, que se sumó al dolor punzante del oído, y el aire comenzó a esfumarse. Movió el brazo y se tocó atrás. Tenía la espalda húmeda y cuando volvió el brazo, la mano estaba toda manchada de sangre. Atinó a observar las suaves llamas de aquella pequeña hoguera queriéndose asegurar de que cuando consiguieran entrar ya no hubiese nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas un momento después no podía respirar y se alivió que no lo fueran a encontrar vivo. Dejó de escuchar mientras veía cómo los disparos de las armas pegaban en el escritorio y en la pared cerca de él. La ceniza de sus documentos flotaba en el aire y el fuego se extendía por la oficina. Cerró los ojos y nunca más los abrió.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-8311673845401466811?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/8311673845401466811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=8311673845401466811' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8311673845401466811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8311673845401466811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/11/tiempo-de-morir.html' title='Tiempo de morir'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-30681674391902469</id><published>2009-11-19T13:42:00.004-02:00</published><updated>2009-11-19T16:32:42.215-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Musa se busca</title><content type='html'>Se fue y no dijo nada. Apenas si miró para atrás abriendo la puerta con tranquilidad pero sin importarle si me despertaba o no. Abrí los ojos muy despacio, no mucho, pero lo suficiente para saber que se iba hasta que con la fuerza de mil hombres se me volvieron a cerrar. Su pelo largo y castaño fue lo último que vi y su boca besándome casi en el alba lo último que pude sentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta ahí es lo que puedo decir que ciertamente sucedió. De lo que no me puedo hacer cargo es de la realidad. No sé cuál es, porque no sé si realmente pasó. Quisiera que hubiese pasado, por supuesto que sí. ¡Pero también soy consciente de haber sentido mis labios contra los de ella y de ver su cara tan nítida, debajo en la claridad de las sábanas, tan real, tan ahí! Y yo ahora tan lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré alrededor y me puse en guerra contra todo. Traté de cerrar los ojos y volver al sueño, dando vueltas, retorciéndome, casi con dolor, pero no pude. Intenté, de verdad que sí, pero no pude.&lt;br /&gt;Me senté en la cama. Respiré. Y me levanté.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-30681674391902469?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/30681674391902469/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=30681674391902469' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/30681674391902469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/30681674391902469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/11/musa-se-busca.html' title='Musa se busca'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-306467429091688005</id><published>2009-10-05T17:33:00.002-02:00</published><updated>2009-11-19T13:46:24.915-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El medio del mar</title><content type='html'>Se acostó en su cama cuando era cerca de la una de la mañana. Cerró la ventana que había permanecido abierta durante el día cuando el aire era más templado y tomó un cuaderno y una lapicera que estaban en el escritorio a centímetros de la almohada. Observó el horizonte de la cama con la nostalgia de las primeras lunas en ese lugar; cuando no había armario ni cajas ni estantes ni una decente biblioteca que con el tiempo había sabido armar. Cuando la soledad de la noche no era soledad sino curiosidad, cuando estaba todo por hacer y los sonidos eran nuevos y todo era nuevo. Ahora quedaba la rutina, la alarma del despertador de su teléfono celular, las manchas de humedad en la pared y el levantarse en la mañana para empezar una nueva semana de ociosa agonía. Pasado el mediodía debería enfrentarse una vez más a la búsqueda de un empleo que pusiera sobre sus hombros una nueva rutina, una diferente a ésta que lo malhería cuando ya no quedaba agua en el termo. Más tarde, cuando cayera el sol del lunes iría a una reunión y cumpliría con sus deberes sociales sólo para que ese día fuera diferente al siguiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió el cuaderno que rompió el silencio de la noche con sus tapas nuevas y hojas casi sin uso. Descargó en garabatos y anotaciones sus últimas frustraciones y pensó en dormir para sentirse bien. Para no sentir. Había llorado mucho los últimos dos días y había comenzado a necesitar la cama como un náufrago necesitaba una rama que lo ayudara a flotar en el medio del mar. Debajo de la sábana iba a la deriva hasta el nuevo día donde su naufragio llegaba a su fin y donde a la noche siguiente volvería a naufragar y se descansaría en la tranquilidad de la lejanía. En el mar no se puede hacer nada más que esperar. Esperar a ser rescatado o entregarse a las improbabilidades e incógnitas del destino. Él ya no pensaba desde hacía algún tiempo en su destino. Lo había dejado en el fondo de un cajón, perdido entre sus anotaciones y garabatos, escondido en contratapas, sumergido entre lo descartado, olvidado para evitar la tormenta. Navegaba sin rumbo esperando encontrar una orilla o mejor aún, esperando a que una orilla lo encontrara a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el primer renglón de una hoja en blanco escribió un título, algo que había sido producto de una revelación, de una sinceridad que no buscaba pero que apareció un sábado por la tarde y que ahora recordaba y lo recuperaba del fondo del mar. Era una simple anotación para un después pero sabía que había entendido con ella buena parte de una antigua necesidad, de su expresión e identidad. Había puesto un resplandor en el horizonte nocturno de aquella cama y una sonrisa de esperanza en el náufrago que lo observaba con lágrimas en los ojos. Se recostó contra la almohada y tomó una bocanada de aire para descansar, para que su corazón dejara de latir con tanta ansiedad y para que aquellas lágrimas fueran las últimas de la noche, ahora que el mar estaba en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a pensar en dormir. Pero esta vez pensó en no naufragar y sí en la alarma del despertador en su teléfono celular. Se levantaría todavía con el sol bajo y el aire fresco de la mañana y buscaría las mejores palabras, las más sinceras, para relatar cómo fue que dejó el medio del mar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-306467429091688005?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/306467429091688005/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=306467429091688005' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/306467429091688005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/306467429091688005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/10/el-medio-del-mar.html' title='El medio del mar'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-563689818378649142</id><published>2009-07-27T11:05:00.001-03:00</published><updated>2009-07-27T11:08:18.229-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Que lindo día feo</title><content type='html'>En un mueble de cocina que cuelga desde la pared yace la felicidad de Juan. A veces se para justo debajo del gigante de madera que rompe con todas sus leyes de la gravedad y a veces, sólo a veces, siente que se le va a caer encima, o que si lo roza con sus dedos de niño, el mueble podría caer con todo lo que tiene adentro incluyendo su felicidad, así que tocar el mueble no es una opción y el esfuerzo que hay que realizar para alcanzar ese elemento tan preciado es casi imposible y es algo que se puede hacer una vez cada tanto.&lt;br /&gt;La pared que soporta al mueble sufre de un problema de humedad desde hace muchos años y las vacas nunca engordaron lo suficiente como para traer a una persona especialmente calificada para solucionarlo, por eso Eduardo, el papá de Juan, siempre se las ingenia para tapar los problemas de la pared. Por lo general, el trabajo de arreglarla le lleva mucho tiempo, y siempre queda sucio del polvo blanco de la pintura, pero cuando termina y sabe que la pared está casi como nueva (casi) siempre se sonríe mirando a Juan con el rostro cómplice, de que lo que hizo está perfectamente bien.&lt;br /&gt;Por lo general, algunos días después de que Eduardo consigue restaurar la pared, se realiza una suerte de celebración. Depende mucho del día en que se decida hacer, pero a veces, ese festejo entre comillas se conmemora con una merienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corría el mes de agosto, era sábado, hacía mucho frío y llovía. La pared de la cocina había sido enmendada hace poco tiempo. Todavía no se había hecho la merienda correspondiente y sabiendo que la lluvia que caía iba a detonar un nuevo arreglo en breve tiempo, se decidió por unanimidad festejar ese día, con lluvia y todo. Esa fue la primera vez, en mucho tiempo, que Juan había podido acceder al mueble de la cocina y a su felicidad. Eduardo y Alicia, la mamá de Juan, habían pasado buena parte de la tarde preparando bizcochos caseros y además había leche y cocoa. Juan se había sentado en la cocina a mirar a su madre mientras terminaba de preparar la merienda. Debajo del mueble aéreo había una mesa plegable que nunca se había desplegado y ahí se había sentado a observar cómo de a poco se elaboraba el festín que comerían más tarde.&lt;br /&gt;Conversaban de todo un poco pero Juan escuchaba más que nada. No mucho rato después se aprontaban todos para sentarse a la mesa y comenzar con los festejos. Sobre el mantel verde estaban todos los elementos participantes del festejo. Paneras llenas de bizcochos caseros, algunos estaban tostaditos, otros doraditos y algunos habían quedado medio blanquitos, pero a diferencia del común de las personas, así era como más le gustaban a Juan. Había mermeladas, manteca, leche, cocoa, tostadas, todo el arsenal estaba sobre la mesa de esa tarde lluviosa de agosto. Pero además, sobre aquella mesa estaba lo que Juan había estado esperando con tanta calma.&lt;br /&gt;Cada vez que aquella pared del mueble colgante se humedecía Juan sabía que no pasaría mucho tiempo en llegar aquella merienda, aquel reparo del alma, y que conseguiría, una vez más, lo que había dentro de aquel mueble. Lo único que tenía que tener era un poco de paciencia. Juan había aprendido a ser paciente con el correr de los años y hasta había aprendido a sentir las tormentas. Juan podía salir a la calle y sentir el viento, oler el aire, mirar las nubes y la luna, y saber que en algunos días iba a llover.&lt;br /&gt;A veces lo sabía por el color de las plantas. Juan sentía que cuando la lluvia se acercaba las hojas se veían más verdes, más vivas. Las plantas que colgaban en el balcón de su casa se habían puesto de un color que sólo en esas ocasiones se podía ver, y ahí sabía que en poco tiempo aparecería una nube que traería la lluvia. Incluso en las noches más estrelladas podía sentir lo que vendría. Las luces de las calles se veían con un resplandor diferente y el alo que podía lucir la luna era la mejor señal.&lt;br /&gt;Juan nunca compartió con nadie esa suerte de clarividencia, tan sólo era su forma de saber que tarde o temprano volvería a encontrarse con aquel mueble. Y esa tarde de agosto comenzaron a caer algunas gotas sobre el mediodía, apenas un ratito antes del almorzar, y él lo veía venir. Había visto una nube el día anterior, una nube rara, una de esas nubes que seguro traía agua. Y la esperó. El cielo gris fue lo primero que vio ese día. Entonces bajó de la cama, se puso un pantalón y un buzo abrigado y corrió hacia el sillón para esperar la lluvia. La primera gota no debía demorar en llegar.&lt;br /&gt;Eduardo había pensado varias veces en arreglar la pared ese día pero no lo hizo. De la tierra de las macetas emanó ese olor que Juan aprendió a valorar y a esperar. Su paciencia finalmente había logrado llegar hasta ese día en que la llovizna comenzó a caer. Estaba contento, se sentó en el sillón que daba hacia la ventana a la calle y miró llover durante un largo rato. Quedó inmóvil, tenía una completa serenidad y una sonrisa en la cara que hacía reír a su madre cuando lo miraba sentadito allí. A Juan sólo le quedaba esperar a que los minutos pasaran para volver a ver aquel frasco de dulce de leche que tantas veces miró desde tan lejos sin poder tocarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-563689818378649142?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/563689818378649142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=563689818378649142' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/563689818378649142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/563689818378649142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/07/que-lindo-dia-feo.html' title='Que lindo día feo'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-7737568641845190415</id><published>2009-07-23T13:05:00.004-03:00</published><updated>2009-07-24T16:41:55.284-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Lo más blanco</title><content type='html'>Los dos miraban por la ventana desde temprano. En el informativo habían dicho que existía la posibilidad de que nevara y por eso Nacho y Juan estaban hace un buen rato esperando la novedad. La madre de Nacho les había contado que una vez hace muchos años había nevado en el interior del país. Debe haber sido por Paysandú o por allá porque por acá nunca se había visto nada igual. Sus memorias de invierno no eran muy extensas y se preguntaban a sí mismos si años anteriores había siquiera existido la misma interrogante. ¿Nevaría en Montevideo? Quizás esta vez sería la primera vez y ellos estarían ahí para verlo y salir a hacer bolas de nieve y muñecos (si es que alcanzaba la nieve, claro está).&lt;br /&gt;Después de unos minutos de expectativa ambos terminaron por convencerse de que quizás lo mejor fuera no mirar hacia afuera pues su ansiedad podría provocar que no nevara y eso sería una catástrofe de enormes dimensiones para los dos, por lo que se dedicaron los dos a distraerse con otra cosa hasta que llegara la nieve.&lt;br /&gt;Jugaron por un rato hasta que se aburrieron. Y empezaron con otro juego hasta que se volvieron a aburrir. Pronto se encontraron sin medios de recreación y volvieron a su ansiedad anterior hasta quedar nuevamente colgados sobre el sillón mirando por la ventana. No podían esperar un minuto más pero sabían que si bien podía pasar que nevara, las chances podían no ser buenas.&lt;br /&gt;Luego de unos minutos, la madre de Nacho los llamó a merendar pero los dos se negaron, no por acuerdo mutuo pero sí por coincidencia de emociones. Finalmente la autoridad de la madre fue mucho mayor que la suya en su negación y suavemente se bajaron del sillón para caminar hacia la cocina a merendar. Allí en la cocina había una ventana a la que miraban a cada instante, a veces de reojo, a veces le enviaban apenas una mirada. Hablaron durante un rato de la escuela y de sus compañeras y de la vida. Era casi una conversación de gente grande. En realidad era una conversación que estaba a la altura de los posibles acontecimientos. Podía nevar o no, pero sus vidas habían sido modificadas por una posibilidad de que algo sucediera o no. Esa mínima chance los había cambiado, los había hecho crecer un poco más y lo podían sentir.&lt;br /&gt;De pronto se encendió la televisión y los dos se levantaron corriendo de la mesa para sentarse a mirar las noticias. Tal vez hablaran de la nieve, tal vez ya había nevado en otros lugares de la ciudad y estaría por llegar hasta ellos. De pronto y a través de las cortinas entró un rayo de sol que golpeó la biblioteca detrás del televisor. Juan miró hacia afuera volviendo la cabeza y se dio por vencido, un rayo de sol no era lo mejor que podía pasar aunque intentó mantener la esperanza. Nacho hizo lo mismo después de Juan y miró hacia la ventana esperando que el rayo de sol amainara su intensidad y se escondiera detrás de una de las nubes grises que traía la nieve.&lt;br /&gt;El rayo de sol se hizo un poco más fuerte y ahora Juan y Nacho se levantaron del suelo para mirar por la ventana. La gente caminaba por la calle y ya no esperaban la nieve, ya no esperaban nada, el día seguía su costumbre como si nada, y Juan y Nacho ya no miraban por la ventana. Algunos minutos después, el rayo de sol que ahora terminaba en el suelo de madera empezó a desvanecerse sin que alguien se diera cuenta, y poco después empezó a lloviznar, sólo que no era una garúa normal, era casi nieve. Las personas en la calle veían la lluvia con normalidad hasta que dejó de mojar y dejó de ser lluvia. Estaba nevando en Montevideo.&lt;br /&gt;El televisor en la casa de Nacho estaba encendido y la señorita del informativo estaba dando la noticia de que en la ciudad estaba cayendo nieve. Los dos dejaron lo que estaban haciendo para correr hacia la ventana. No dijeron nada, no podían hablar, una sensación enorme los embargaba a los dos. Miraron apenas unos minutos antes de abrigarse y salir a la calle.&lt;br /&gt;Los dos pudieron sentir la nieve caer sobre sus caras. Se sintieron diferentes por el tiempo que duró la nevada, más felices, más completos, quizás algún día lo pudieran explicar.&lt;br /&gt;Un rato más tarde cesó la nevada y el cielo se abrió de a poco. Volvieron a entrar y afuera quedaron la espera, la posibilidad y la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Para Nacho.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-7737568641845190415?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/7737568641845190415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=7737568641845190415' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/7737568641845190415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/7737568641845190415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/07/lo-mas-blanco.html' title='Lo más blanco'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4599108055498858353</id><published>2009-07-14T14:39:00.008-03:00</published><updated>2009-07-23T16:40:02.836-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Tan sólo parte de mí</title><content type='html'>No es genial... que cuando producimos para nosotros y no para el sistema. Cuando lo hacemos desde el fondo del alma, terminamos produciendo en forma de libertad, en forma de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"Emancipate yourselves from mental slavery&lt;br /&gt;none but ourselves can free our minds".&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bob Marley&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4599108055498858353?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4599108055498858353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4599108055498858353' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4599108055498858353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4599108055498858353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/07/tan-solo-parte-de-mi.html' title='Tan sólo parte de mí'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2904549079922101506</id><published>2009-06-01T10:36:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:37:51.233-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosas de otros'/><title type='text'>El forward menos al pedo que recibí en mi vida</title><content type='html'>A los nacidos entre 1975 y 1989.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El objeto de esta misiva es la de reivindicar a una generación, la de todos aquellos que nacimos en la segunda parte de los 70 o en los 80, la de los que estamos siendo actores de algo que nuestros progenitores ni podían soñar, la que vemos que la casa que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que tomarán las decisiones importantes en un futuro no muy lejano.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle y en los recreos del colegio a las bolitas, a la mancha, a la escondida y al elástico, a la vez, somos la primera que ha jugado a videojuegos, hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color.&lt;br /&gt;Hemos vestido jeans de campana, de pata de elefante y con la costura torcida; nuestro primer polerón era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años.&lt;br /&gt;Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio en cassettes y los pioneros del walkman y del chat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos, Salvado por la Campana y Beverly Hills 90210 (te gustaron en su momento). Lloramos con Carrusel, y nos moríamos si no llegábamos a ver Montaña Rusa y/ó Amigovios&lt;br /&gt;Somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y expertos en enviar el currículum por Internet.&lt;br /&gt;Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo qué es el terrorismo, vimos caer el muro de Berlín y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre de la caída de dos torres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum, el Tetris, el Mario Bros, vimos los anuncios de los primeros celulares y creímos que Internet sería un mundo libre. &lt;br /&gt;Somos la Generación de Xuxa, Robotech, Gi-Joe, Los Halcones Galácticos, los Thunder Cats, los Transformers, Jem, He-Man y las Tortugas Ninja, Del Correcaminos, 'Oliver y Benjí', Rainbow Bright y Frutillita, de Los Pitufos, La Pantera Rosa, Los Picapiedras, el pájaro loco, los ositos cariñositos, los osos gummies.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los que crecieron escuchando a Soda, Madonna, Michael Jackson y Guns ‘N Roses y que luego presenciaron el apogeo y desplome del grunge junto con la muerte por sobredosis de su mayor exponente. También estaban las Azúcar Moreno, Los Locomía y sus abanicos. Nos emocionamos con Superman, ET,&lt;br /&gt;Mi amigo Mac, la Historia sin Fin o En busca del Arca Perdida. &lt;br /&gt;Comíamos jugo en polvo y la leche con Nesquik era lo mejor. Somos la última generación que vio a su padre llenar a más no poder la parrilla del auto con maletas para ir de vacaciones.&lt;br /&gt;La última generación de las botellas de a litro, Y qué tanto, la última generación cuerda que ha habido.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1975 y 1989.La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos: viajábamos en autos sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en punta. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No había celulares. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila o bolsón que rara vez tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces (caramelos Sugus y palitos de la selva) y tomábamos bebidas, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Compartimos botellas de bebidas y nadie se contagio de nada, excepto de los piojos del cole, cosa que se solucionaba lavándose la cabeza con vinagre caliente.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No tuvimos Playstation, (existían el Family Game  y luego el Sega) &lt;br /&gt;No habían 99 canales de televisión, pantallas planas, sonido surround, mp3s, ipods, computadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos bombitas de agua o manguereándonos. Bebíamos agua directamente del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, donde sorbían los perros!!! Y nunca escuchamos sobre el calentamiento global.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Flirteábamos jugando a la botella o al verdad consecuencia, no en un chat, ni pretendíamos llamar la atención mediante un fotolog ni auto denominándonos pokemones, pelo lais, otakus, emos, etc.&lt;br /&gt;Éramos responsables de nuestras acciones y acarreábamos con las consecuencias, no había nadie para resolver eso. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2904549079922101506?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2904549079922101506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2904549079922101506' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2904549079922101506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2904549079922101506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/06/el-forward-menos-al-pedo-que-recibi-en.html' title='El forward menos al pedo que recibí en mi vida'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-5393939973778907913</id><published>2009-05-18T03:10:00.012-03:00</published><updated>2010-01-25T10:52:10.226-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poemas que no son poemas'/><title type='text'>Montevideano</title><content type='html'>Las calles de Montevideo son tuyas&lt;br /&gt;Las sombras de los árboles que en 18 ya no están&lt;br /&gt;Los cafetines y la borra en sus tazas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los olores, las oficinas, los horarios y las 3 y 10&lt;br /&gt;Las cuadras que caminan los dos&lt;br /&gt;Mucho más que dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sur y nuestras complejidades&lt;br /&gt;Los lugares comunes y las luces leves&lt;br /&gt;Palabras que pudimos decir y nos prestaste&lt;br /&gt;Para aprender a conquistar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres, los amores&lt;br /&gt;Los amantes de los cuales nos reímos&lt;br /&gt;El fuego entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baldosas que miramos cabizbajos&lt;br /&gt;Transeúntes que pasan por afuera de los bares&lt;br /&gt;Los ómnibus que todos esperamos&lt;br /&gt;Hojas colmadas de letras sobre el escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminarás por la ciudad&lt;br /&gt;Aun cuando anochezca&lt;br /&gt;Y verás en la mañana&lt;br /&gt;Que las calles de Montevideo&lt;br /&gt;Todavía son tuyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Juan Raúl Montoro.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Pequeño homenaje a Mario Benedetti.&lt;br /&gt;1920 - 2009&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-5393939973778907913?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/5393939973778907913/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=5393939973778907913' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5393939973778907913'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5393939973778907913'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/05/tactica-y-estrategia.html' title='Montevideano'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3698024128439909963</id><published>2009-04-22T12:55:00.003-03:00</published><updated>2009-07-23T16:38:23.305-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosas de otros'/><title type='text'>encontrándome conmigo mismo en Internet</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/Se8-Nr-ZI3I/AAAAAAAABVw/2VBBV370tGs/s1600-h/6a00d83451946d69e2010536d71af6970b-800wi.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 325px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/Se8-Nr-ZI3I/AAAAAAAABVw/2VBBV370tGs/s400/6a00d83451946d69e2010536d71af6970b-800wi.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327545289066226546" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3698024128439909963?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3698024128439909963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3698024128439909963' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3698024128439909963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3698024128439909963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/04/algo-que-encontre-en-internet.html' title='encontrándome conmigo mismo en Internet'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/Se8-Nr-ZI3I/AAAAAAAABVw/2VBBV370tGs/s72-c/6a00d83451946d69e2010536d71af6970b-800wi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-8702578025898003208</id><published>2009-03-31T14:41:00.009-03:00</published><updated>2009-07-23T16:38:33.348-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosas de otros'/><title type='text'>Catársis prestada</title><content type='html'>Estoy cansado, yo se que son días, que mañana se me pasa. Sí, también se que esto me pasa una vez a la semana, que es una profesión frustrante, pero igual quería desahogarme. A veces me pregunto por qué seguir peleando, si nuestro trabajo podría ser tan fácil, si dejar contento al cliente en realidad no es nada complicado, si nos puede ir muy bien tan sólo "haciendo los deberes". ¿Qué problema tenemos? ¿Buscamos fama? Nunca la vamos a obtener realmente. ¿Buscamos dinero? Son muy pocos quienes en la industria lo logran. ¿Buscamos expresarnos? Lugar incorrecto. ¿Buscamos satisfacción personal? la podemos conseguir fuera del trabajo. ¿Luchamos por un mundo mejor? No seamos hipócritas, nuestro trabajo es hacer que alguien haga dinero. Entonces ¿Por qué seguir peleando? Porque nos gusta pelear aunque ganemos pocas peleas, porque es lo que nos toca, porque lo queremos hacer bien, porque a veces nos divierte lo que hacemos. Pero hoy no. Estoy cansado, yo se que son días, que mañana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por Santiago Dobrich.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Lunes 26 de mayo de 2008. Guatemala.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D.: Quiero que sepas que este párrafo me moviliza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-8702578025898003208?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/8702578025898003208/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=8702578025898003208' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8702578025898003208'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8702578025898003208'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/03/yo-se-que-son-dias-me-permito-el-titulo.html' title='Catársis prestada'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-6335525819062590323</id><published>2009-01-26T10:11:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:38:43.442-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Crayolas</title><content type='html'>&lt;em&gt;Para Laura.&lt;br /&gt;Basado en una anécdota suya.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crayola de color verde paseó por la hoja blanca hasta dejar en ella la rúbrica de una mano curiosa. Siguió hasta que su dibujo había sido terminado, hasta que ya no quedaba, para ella, nada por hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura tiene 6 años. Le encanta dibujar, pero no sabe. En realidad no es que no sepa, sino que hace uso de las condiciones naturales que le permiten sus hasta ahora relativos pocos años, y que en el caso de casi todo el mundo, son más o menos las mismas.&lt;br /&gt;Su habitación es grande y todavía mantiene el empapelado de cuando era más chica, entra una luz cálida como de lámpara de escritorio, pero es el sol y alumbra todos los rincones de la habitación que siempre está llena de papeles con trazos de crayolas, draipenes, lápices y cualquier otro elemento multicolor que le permita enchastrar la hoja inmaculada. Algunas de ellas terminan colgadas en la pared, otras, metidas entre libros, cuadernos y el piso, pero Laura nunca tira nada, todo lo que dibuja le lleva tiempo y trabajo, y por eso todo lo que dibuja lo guarda. Cuando la puerta de la habitación se cierra y Laura puede sumergirse por completo en sus dibujos, el lugar se convierte en un verdadero universo. Todos los rincones cobran otras acepciones más acordes a su inquieta mente y allí todo puede suceder. El mundo deja de ser mundo para ser otra cosa, una invención o lo que fuere. &lt;br /&gt;Camino a la escuela a la que va caminando, Laura explora su imaginación (el lugar en el que pasa la mayor parte de su tiempo y que además le parece más entretenido que el mundo real). Camina por Durazno hacia arriba (como yendo hacia Bulevar España). Por la calle Durazno los autos emanan nubecillas blancas de sus caños de escape y cambian de color en su marcha. Los árboles caminan de un lado a otro para no aburrirse en un solo lugar y los pajaritos cambian de código postal según se muevan sus nidos. Las señoras barren las veredas con escobas ultra futuristas y algunos inspectores cuidan el tránsito en todas las esquinas sonriendo al verte cruzar. Los edificios se balancean al compás del viento y en la calle se puede saltar como si fuese un trampolín. Sin dudas, la imaginación es un bonito lugar para pasar el tiempo, lo demás, lo que vemos todos los días… lo vemos todos los días.&lt;br /&gt;Cuando Laura tenía tiempo para ella misma, plasmaba todo eso que había imaginado en un papel. Sus manos iban y venían, rayando papeles, riéndose. No siempre mostraba todo, a veces dejaba alguno de sus dibujos sin mostrar porque le parecían demasiado valiosos como para largarlos al mundo en donde los que deciden qué es arte y qué no, no saben nada de nada salvo repetir lo que dice la persona de al lado y luego esa persona hace lo mismo y así sucesivamente, hasta que la cadena sólo sirve para alimentarles el ego.&lt;br /&gt;Su madre, Anabel, siempre se asombraba de sus dibujos; supongo que por esa misma condición maternal Laura siempre esquivó los puntos de vista positivos de los demás. No porque no fueran sinceros o no creyera en sí misma y en lo que era capaz de hacer, sino porque las personas que solemos tener más cerca, siempre son un buen lugar para recibir halagos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre de vieja estampa, firme pero sensible, sencilla y trabajadora, pasea con su delantal blanco por la pequeña cocina que quizá deseara que fuera más grande para poder preparar algunas comidas sin pasar zozobras pero no se quejaba nunca, lo que tenía estaba bien. La mayoría de las veces Laura se sentaba a mirar a su madre mientras cocinaba, le resultaba relajante verla en acción, maniobrando con cuchillos, verduras, paseándose por la cocina hasta la heladera y de vuelta a la mesada para proceder a cortar una zanahoria o una lechuga o un tomate. Cuando terminaba de cocinar se sentaba un rato en una mecedora que no era de su carácter pero se sentía cómoda. Se tiraba a leer mientras Laura dibujaba o hacía otra cosa que inventaba en el momento.&lt;br /&gt;Cuando Laura no dibuja, escucha una vieja radio que había encontrado en un armario y que por alguna razón seguía funcionando. Diferente de la televisión, la radio es un medio que permite jugar con la imaginación y eso a ella le gusta mucho. Había aprendido a imaginar todo lo que sucedía detrás de los parlantes. Los conductores podían tener diferentes rostros según las voces que llegaban a sus oídos. Gordos, flacos, con barba, sin barba, de bigote tupido, pelados, cejudos, con espacios entre los dientes, fumadores desquiciados, orejones, narigones y las incatalogables: esas voces imposibles de unir a un rostro, determinadas por su complejidad u originalidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, entre el sonido de la radio y el de su propia mente escuchó sonar el teléfono. La voz de su madre la hizo salir de su lugar en un almohadón y se acercó hasta agarrar con sus manos el marco de la puerta que da a la cocina y poder mirar lo que sucedía como una espía pero sin intentar esconderse. Del otro lado del teléfono hablaron de ella, lo supo cuando su madre le dirigió la mirada mientras jugaba con los rulos del cable y respondía algo acerca de poder ir a algún lugar o algo así. La escuchó saludar y el tubo del teléfono se posó nuevamente sobre el resto del aparato dando por terminada la llamada. Su madre se agachó ante ella y la miró atentamente. –Lau, ¿vos dibujaste un Pitufo y lo mandaste a la radio?- preguntó con tranquilidad. Laura asintió solamente con la cabeza. –Llamaron de la radio y me contaron que les gustaría que vayas hoy al programa, a hablar de tu dibujo, y van a hacer un concurso para elegir el mejor dibujo de todos y ganarse un premio.- Dijo deteniendo sus palabras dejando sólo el silencio en el aire, y luego volvió a hablarle. -¿Vos querés ir?- Preguntó sabiendo que para Laura esas cosas no significaban absolutamente nada y que no le importaba lo que tuvieran que decir de su dibujo y mucho menos competir por algo. Entonces Laura volvió a decir que sí con la cabeza. –Entonces vamos. Aprontate dale que salimos en un ratito.- Ella quería ir. Era verdad, no le importaban las opiniones, pero quería ir, quería conocer la radio y saber si el conductor era gordo o flaco, o si tenía barba o bigote, o una nariz ganchuda, o si era total y completamente normal.&lt;br /&gt;Laura se fue corriendo contenta a su cuarto y comenzó a meter en una mochila algunas cosas imprescindibles como si el viaje fuera a durar una eternidad. Tiró del cierre de la mochila, salió de su cuarto, cerró la puerta y fue hacia la cocina donde la estaba esperando su madre. -¿Estas lista?- Dijo mientras inspeccionaba el equipaje que iba colgado en los hombros de Laura. -¿Qué es todo eso que llevás ahí? Volvemos en un rato nomás-. –Nada, cosas, si volvemos en un rato no importa ¿No?- Anabel, casi sorprendida, levantó un poco las cejas sin evidenciar haber perdido la liliputiense discusión y la dejó llevar todo lo que fuera que tuviera en la mochila. -Está bien, pero vayamos saliendo que no queremos llegar tarde, vas a salir al aire y muchas personas te van a escuchar, ya le dije a la abuela que estuviera atenta para escucharte si no se lo va a perder.-&lt;br /&gt;Momentos después estaban las dos adentro del auto. Laura sentada en el asiento de atrás y Anabel al volante, iban manejando camino a la radio por la calle Colonia hacia la Ciudad Vieja. La pequeña miró por la ventana durante todo el viaje mirando pasar muy rápido toda la ciudad, imaginando que pasaba más lento, más rápido, o que la gente en los otros autos la saludaba y le sonreían. El paseo duró menos de una hora. Habían llegado a la radio y sus misterios se develarían en breves instantes. No estaba segura de querer develarlos o si prefería mantenerlos en el no se dónde, seguir imaginando a los conductores y las cosas que para ella sucedían detrás de los parlantes. &lt;br /&gt;Poner un pie afuera del auto le trajo algunas dudas. Laura quería ir hasta la radio a conocer y ver qué tanto podía suceder, pero ponía en cuestionamiento todas las otras cosas que no sabía si deseaba saber o si era mejor que permanecieran siendo simples. Mirando sus pies apoyados en el suelo levantó la mirada y enfiló hacia delante. Algunos metros después estaban adentro del edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura tenía su mano agarrada a la de su madre y caminaban por un pasillo gris dentro del edificio con varias puertas en ambas paredes. El pasillo parecía uno de esos archivadores de oficina que parecen tener poco lugar pero guardan muchísimas cosas. Las puertas tenían cartelitos con los nombres y cargos de las personas que trabajaban allí. Anabel detuvo a una persona en el camino y le preguntó por el lugar al que tenían que ir y el hombre las dirigió hacia el segundo piso. Mucha gente pasaba corriendo, apurada, con papeles en la mano y con disgusto, transpirando, con un botón de la camisa sin abrochar y medio despeinados. Otras pasaban más tranquilas y sin papeles. Ellas subieron por las escaleras al fondo del pasillo hasta llegar al piso superior. Laura todavía no estaba nerviosa pero sentía la mano húmeda de su madre que por momentos apretaba más de lo normal, ella sí estaba nerviosa, los grandes siempre se ponen más nerviosos que los chicos o en realidad se ponen nerviosos por los chicos. Caminaron por otro pasillo con más gente que el anterior hasta llegar a una ventana que daba al interior de uno de los estudios. No se podía escuchar la voz del señor gordo y bigotudo que estaba sentado a la mesa delante de un micrófono. Las paredes del estudio tenían pinchos de polifón que eran para contener el sonido, le explicó su madre que alguna vez le habían contado, aunque muy bien no lo recordaba, que esa era la función que cumplían.&lt;br /&gt;Venían caminando a paso ligero cuando un señor las detuvo y les preguntó si venían por el concurso y les enseñó por dónde debían ingresar al estudio para esperar a ser llamadas para salir. Las dos se sentaron en unos asientos grises como de consultorio dental a esperar ese momento. Laura había dejado su mochila entre sus piernas para no perderla de vista, un gesto que había heredado de su madre, que había hecho lo propia con la cartera.&lt;br /&gt;Frente a ellas había un reloj de pared blanco con los números bien grandes que no dejaba lugar a confusiones. El tiempo pasaba lento mientras las dos observaban el resto de la habitación que dejaba ver el pasillo. La radio les pareció mucho más linda en el aparato de madera con botones, perillas y parlantes que en el edificio. Todo ese lugar era lo que estaba detrás de los parlantes. Ya no era el gordo bigotudo, era todo lo demás.&lt;br /&gt;Apenas unos minutos después, el nombre de Laura se escuchó en los altoparlantes que colgaban de las paredes y el techo. La llamaban al estudio. Laura miró hacia arriba por encima de ella misma para observar a su madre, que con una sonrisa leve conseguía tranquilizar cualquier destello de temor. Entonces tomó la mochila de entre sus pies y se la puso al hombro para encaminarse hacia el estudio. &lt;br /&gt;Laura nunca soltó la mano de su madre hasta que la hizo sentarse al lado del conductor de radio gordo y bigotudo para luego salir de ese lugar para esperarla detrás de un vidrio a prueba de sonido. El señor fumaba. Tenía a pocos centímetros un cenicero, posicionado de tal manera que la ceniza siempre caía adentro sin mover el brazo más que hacia arriba y hacia abajo. Su camisa beige desabotonada estaba manchada de sudor aunque el aire acondicionado estuviera encendido y allí hiciera un poco de frío para el gusto de Laura, que observaba detenidamente a un señor, parado al lado de su madre detrás del vidrio, que sostenía un cartel con su nombre. El hombre de la radio entonces miró a Laura y le preguntó sin vacilar y sin dar tregua. -¿Laura, tu dibujaste esto tan lindo?- dijo con cierta ironía que Laura no tardó en identificar y entonces ella sólo asintió con la cabeza. Algo así como un mecanismo de defensa que la pequeña utilizaba a veces cuando insultaban su inteligencia. -¿Si?, bueno, sabés que vamos a elegir el mejor dibujo… y el autor del dibujo que gane se va a llevar un micro componente Sony para escuchar toda la música que quiera.- Dijo pausadamente el conductor, hablando como si Laura no entendiera una sola palabra cuando la gente habla rápido. Laura volvió a asentir mientras en su cabeza decodificaba la palabra micro componente. –Tu dibujo es muy particular ¿Tu conocés a Los Pitufos?- Preguntó el hombre. –Sí.- Contestó Laura con firmeza. -¿Sabías que Los Pitufos son azules… y no verdes?- Laura solamente miraba al hombre. No le importaba de qué color eran Los Pitufos y menos le importaba que realmente le estuviera preguntando eso. Ella los había pintado como los sentía, como a ella le gustaban, y a ella le gustaban verdes. –Bueno, igual te cuento que tu dibujo saliooó ¡tercero! ¡Si, el tercer puesto es para Laura con sus Pitufos verdes!-. El tipo había cambiado completamente, ahora gritaba como un maniático al micrófono. La ceniza de su cigarrillo volaba para todos lados. Parecía enajenado, Laura solamente miraba, ahora con los ojos más abiertos y echada un poco hacia atrás producto de la impresión que le generaba la situación. -¡Estamos llegando rápidamente al primer puesto y en definitiva, al ganador del micro componente Sony con garantía de un año para disfrutar en familia! (El conductor volvió a mirar a Laura) Laura, te agradecemos por acercarte hasta la radio a mostrar tu dibujo. La producción se pondrá en contacto contigo en breve, gracias por venir.- &lt;br /&gt;“Gracias por venir”. Se había terminado. Laura se levantó de la silla y caminó hacia afuera del estudio, volvió a tomar la mano de su madre y ambas se fueron de la radio de vuelta a su casa. Laura dio una última mirada hacia atrás y vio al gordo bigotudo que seguía enajenado dentro del estudio haciendo caer la ceniza del cigarro en el cenicero perfectamente colocado frente a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura y Anabel, agarradas de la mano, caminaron por el gran espacio de estacionamiento de la radio, ya afuera del edificio. Las dos se subieron al auto. La madre miró por el retrovisor a Laura mientras buscaba una parte del cinturón de seguridad y le preguntó si estaba bien. Laura la miró a los ojos y le dijo que sí. Después bajó la cabeza y miró el dibujo de sus Pitufos verdes que se había llevado de la radio. El auto se puso lentamente en marcha y comenzaron el regreso. A Laura le gustaban mucho sus Pitufos verdes y a su madre también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-6335525819062590323?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/6335525819062590323/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=6335525819062590323' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6335525819062590323'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6335525819062590323'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2009/01/crayolas.html' title='Crayolas'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2354713397108182341</id><published>2008-12-22T11:14:00.009-02:00</published><updated>2009-07-23T16:39:18.371-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Brevísima descripción de un universo dormitorio</title><content type='html'>Cae la tercera noche bajo este novel techo y puedo afirmar que es la primera vez que tengo la oportunidad de analizar el dormitorio de 2,50m x 2,75m. Las noches anteriores no habían sido suficientes y tampoco había podido prestar la atención necesaria para observar con detenimiento lo que todavía no había visto o seguramente había visto de otra manera, quizá más superficial. Ahora se cumple la primera hora del día. Susurrante oigo proveniente de la ventana y tal vez de un apartamento contiguo pero de un segundo piso, el sonido de un televisor emitiendo una película de trasnoche del canal 4. No se percibe el sonido de la calle a excepción de algún esporádico auto que se oye al pasar y resulta confortante el relativo pero cómodo silencio. El piso todavía es el orden dispuesto para los cachivaches y cosas de la mudanza inicial. La ropa está prolijamente acomodada y apilada a mi derecha debajo de la pequeña pero generosa ventana, remeras por un lado, pantalones por otro, sábanas y toallas en una bolsa y algunos bolsos con calzones y medias que me dan pudor tenerlos al descubierto también están colocados contra esa pared.&lt;br /&gt;La que veo frente a mi tiene restos de una avanzada humedad y comienzo a pensar seriamente en que debería pintarla de algún color que me haga bien. Parte de la pared, un sector pequeño junto a la puerta, es el más damnificado por las filtraciones del agua y hasta deja ver el ladrillo rojo de la estructura que solamente se logra ocultar cuando la puerta del dormitorio, de un color gris azulado, se encuentra abierta. &lt;em&gt;–En la película de al lado alguien recibe una llamada-&lt;/em&gt;. Debajo del sector de mayor humedad hay un enchufe, y del otro lado de la puerta, del lado del pestillo y ya sobre la otra pared, hay un interruptor de luz.&lt;br /&gt;La pared a mi izquierda tiene una pequeña particularidad, una protuberancia que sale de ella con la forma de lo que parece ser una tuerca pero sin agujero central, y tiene todas las de ser parte del sistema de cañerías de la cocina que está del otro lado de la pared. &lt;em&gt;&lt;em&gt;&lt;em&gt;&lt;em&gt;–Tanda publicitaria-. &lt;/em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/em&gt;Sobre el piso debajo de la tuerca están ordenadas de la misma manera que la ropa, las cosas que serán parte accesoria del dormitorio. Libros, un trifásico, las llaves, una bolsa de un regalo de Pablo que trajo de Barcelona, cigarros, el celular y una lámpara de papel, también regalo de Pablo, que tiene la forma de una cabeza de cohete y está enchufada al segundo y último enchufe del dormitorio que está sobre el rincón de la pared. En ese lugar, a pocos centímetros del suelo, surge con disimulo un caño que recorre el ángulo de las dos paredes hasta el techo.&lt;br /&gt;La cuarta pared no tiene ningún elemento característico, ni enchufes ni tuercas protuberantes ni humedad, y me encuentra recostado sobre ella, con la cabeza reposada sobre dos almohadas que se apoyan contra la pared y el resto de mi cuerpo acostado sobre un maltrecho colchón provisorio hasta el arribo mañana de la nueva cama. Las piernas dobladas y el torso a medio sentar me mantienen en vilo mientras espero a que entre el sueño que se está demorando. &lt;em&gt;–Sigue la película-.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2354713397108182341?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2354713397108182341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2354713397108182341' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2354713397108182341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2354713397108182341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/12/brevsima-descripcin-de-un-universo.html' title='Brevísima descripción de un universo dormitorio'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-5025716178616882234</id><published>2008-12-19T16:47:00.009-02:00</published><updated>2009-12-18T13:27:50.934-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Meté la mano en la bolsa y sacá un papelito al azar</title><content type='html'>Cuando éramos chicos algunos tuvimos amigos invisibles. Esos tipos en los que se podía confiar por completo, personajes a conveniencia que nos ayudaban en más de una oportunidad. &lt;em&gt;– ¡Mamá, yo no fui el que volcó la leche, fue él!-&lt;/em&gt; ¿Él, quién? ¿A quién nos referíamos cuando hablábamos de él? No podíamos sinceramente pensar en echarle la culpa a un ser que hacía tanto por nosotros. Y sin embargo lo hacíamos. Las cosas se caían solas. En el mundo de los amigos invisibles, las cosas se caen solas, se rompen solas, se mueven solas, se abren y se cierran solas. Es la magia de poseer un personaje detrás nuestro defendiéndonos dispuesto a lanzarse a la primera línea cuando lo tenía que hacer, cuando necesitábamos que lo hiciera. Y lo mejor de todo es que esa fórmula tan poco creíble para nuestra mente hoy, funcionaba de las mil maravillas. &lt;br /&gt;Sin embargo esta modalidad de amigo invisible alias chivo expiatorio tiene su fecha de vencimiento. Llega un punto en que el mundo de lo que se rompe solo deja de existir y lo único que nos queda por hacer es hacernos cargo de lo que hacemos. &lt;em&gt;–Sí mamá, lo rompí yo, ¿Y qué?-&lt;/em&gt;. La idea aquí no es confundirles diciéndoles que, llegado el momento, el amigo invisible deja de coexistir con nosotros para pasar a ser una suerte de ánima vagabunda a la que dejamos de ver y de hablar, como si en algún momento nos hubiera cagado. Todo lo contrario. Su nueva función en ese momento es la de hacernos crecer, colocándonos nuevas responsabilidades y un rol mucho más importante en esa etapa de preadolescencia, de temprana preadolescencia. La de madurar. En serio, ya no sos un guacho.&lt;br /&gt;Eventualmente los amigos invisibles desaparecen por completo. Su trabajo está hecho, cumplió con creces y nos salvó de varias bofetadas. Aunque debo decir que si hoy por hoy tuviera la posibilidad de decir que las cosas se siguen rompiendo solas lo haría. Antes todo era mucho más sencillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas épocas de fiestas, despedidas, épocas del síndrome de la navidad, de fin de año y de reyes. Los grupos de gente (sobre todo laborales) hacen regresar al amigo invisible en un homenaje a ese tipo que nos bancaba a muerte con una actividad que lleva su nombre (No me quiero meter mucho más de lo imprescindible en el tema). A quien le toque correr la suerte de ser mi amigo/a invisible quisiera decirle lo siguiente: Que bueno que volviste porque necesito que digas que el vaso del otro día, se rompió solo, ¿Ok?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-5025716178616882234?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/5025716178616882234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=5025716178616882234' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5025716178616882234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5025716178616882234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/12/met-la-mano-en-la-bolsa-y-sac-un.html' title='Meté la mano en la bolsa y sacá un papelito al azar'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-1233530648406769114</id><published>2008-12-08T10:08:00.004-02:00</published><updated>2009-07-23T16:39:39.478-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Emancipación</title><content type='html'>Dicese de: Tener olor a pata y que no te importe. Colgar las medias con olor a pata donde más te plazca. Pasear descalzo y con olor a pata. Cocinar cosas que no tenés mucha idea cómo cocinar. Quemar una sartén. Quemar comida. Quemarte los dedos. Bañarte con agua fría. Dejar el calefón sin agua caliente. Sexo. Medir la distancia entre las manchas del techo del cuarto. No medirlas. Buscar formas de caras en las paredes. Sexo. Mirar a un punto X sin razón aparente. Pintar la pared. Cantar en la ducha. Corrección, cantar fuerte en la ducha. Hacer la cama. No hacer la cama. Pararte con las manos y apoyarte contra la pared. Hacer ruedas carnero en el living. Quedarte quieto. Dormir siestas. Pensar. Dibujar. Escribir. Quedarte quieto. Jugar. Jugar. Jugar. Jugar. Poner la música al mango. Poner la música bajita y tirarte en el piso. Hacer reglas. No hacer reglas. Mirar al cielo. Lavar las ventanas. Lavar. Barrer. Fumar. No fumar. Guardar cosas en rincones. Tener lugares secretos. Conversar. Mirar la lluvia. Saltar bajo la lluvia. Putear a la lluvia. Llorar. Gritar. Putear. Dejar la puerta abierta. Tomar mate. Roncar. Correr. Comer bizcochos. Hacer fuego. Apagar la luz. Soñar. Prender la luz. Hacer caca. Mear. Errarle al water. Regar plantas. Tener flores. Esperar a que llegue la noche. Mirar la televisión. Sexo. Colgar ropa. Descolgar ropa. Divertirte. Aburrirte. Divertirte. Aburrirte. Enojarte. Alegrarte. Almorzar. Merendar. Cenar. Desayunar. No comer. Pagar cuentas. Ahorrar. Soñar. No salir. Encontrar cosas para hacer. Jugar. Saltar. Dormir. Ordenar. Cambiar cosas de lugar. Pintar. Escribir. Sexo. Tomar mate. Entra por la puerta. Salir por la puerta. Entrar por la puerta. Dibujar el marco de la puerta. Esconder cosas. Estar triste. Estar feliz. Estar feliz. Estar feliz. Reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+++++++++++++++++++++++++++++++++++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-1233530648406769114?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/1233530648406769114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=1233530648406769114' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1233530648406769114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1233530648406769114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/12/emancipacin.html' title='Emancipación'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-1955084731149437725</id><published>2008-11-14T17:05:00.002-02:00</published><updated>2009-07-23T16:39:50.176-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>El País que no tenía voz</title><content type='html'>Es feo sentir que estas palabras hacen más ruido que las que salen de mi boca. Hace tiempo que nos hemos dedicado a escribir, a dejar sobre el papel los ideales comunes y las revoluciones interiores. Hace tiempo ya no escuchan, y de a poco la voz va a dejar de funcionar. Se rasga la garganta y ya no sale nada, ya no hay cantautores ni canillitas. Febrero ya no tiene su coro de murga y el guarda no te echa para el fondo. Las viejas en la calle no conversan y la radio del portero dejó de funcionar. La gente ya no saluda y en los bares no se oye ni un solo grito de gol. &lt;br /&gt;Estamos en silencio, nos dejaron de escuchar.&lt;br /&gt;Todavía me acuerdo lo que sentía cuando hace 5 años voté por un cambio en el que todavía creo. Lo que me cuesta creer es que ellos no se acuerden. Después de tantos años de pelear, de salir a la calle a hacernos oír, para gritar la revolución que todos teníamos adentro y que compartíamos como nunca. Se respiraba un aire diferente, un aire de que podíamos hacer cosas, de que podíamos cambiar el rumbo de las cosas y de que había sueños que se podían hacer realidad.&lt;br /&gt;Sin embargo les hemos dado el lugar a viejos que han perdido su revolución. Se olvidaron de todo. Los que predican por la memoria se olvidan de todo, que ironía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuperemos la voz. &lt;br /&gt;Peleemos por la Ley de Salud Sexual y Reproductiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-1955084731149437725?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/1955084731149437725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=1955084731149437725' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1955084731149437725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1955084731149437725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/11/el-pas-que-no-tena-voz.html' title='El País que no tenía voz'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3720387687964749861</id><published>2008-10-28T13:37:00.004-02:00</published><updated>2009-07-23T16:40:12.110-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Sin obligación de compra</title><content type='html'>Independientemente del título que lleva este ensayo, obligación es justamente la palabra que quiero desmenuzar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Obligación: (Del lat. obligatĭo, -ōnis). &lt;br /&gt;f. Aquello que alguien está obligado a hacer.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco hice un viaje, no muy largo, pero un viaje en fin, y viajar genera obligaciones. Cuando una persona hace un viaje genera en los demás &lt;em&gt;que no viajan&lt;/em&gt; el ideal de recibir algo al momento del regreso del viajante. ¡¿Por qué?! El hecho de traer un souvenir debería ser un gesto y no una obligación. Deberían &lt;em&gt;los que no viajan&lt;/em&gt; esperar nada a cambio del viajante. Ya es más que suficiente cargar con lo que uno lleva y que no debe perder en el trayecto que además tiene que pensar en pasar por el free-shop en vez de aprovechar para dormir cuando &lt;em&gt;los que no viajan&lt;/em&gt; sí duermen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obligación es algo que en definitiva tenés que hacer sí o sí, sin respetar los deseos propios de querer o no hacer algo. No es que no me gusten los souvenirs pero no quiero obligar a nadie a traerme algo de donde sea que venga. Me basta una simple anécdota, saber si una gorda se sentó al lado tuyo en el viaje, si un pre púber lloró aniquilando tus deseos de descansar o si te cruzaste con alguien interesante en otra ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obligación es una mierda. Es algo que no quiero hacer, es algo a lo que no me quiero atener. Qué hijo de puta el que no trajo un regalito. NO. Si traigo un regalo para vos le tengo que traer algo a todo el mundo. Y lo peor de todo es que antes de salir, alguien siempre te dice: no te olvides de traerle algo a tu madre, algo para llevar al trabajo o algo para traerle a tu amigo. ¿Y yo? ¿Me traje algo para mí? No, no me traje nada para mí, apenas si pude rescatar uno de los alfajores que traje para los compañeros de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este ensayo será retrabajado con el correr de los días.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3720387687964749861?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3720387687964749861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3720387687964749861' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3720387687964749861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3720387687964749861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/10/sin-obligacin-de-compra.html' title='Sin obligación de compra'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2930279783924066242</id><published>2008-10-15T15:36:00.004-02:00</published><updated>2009-07-23T16:40:21.818-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>D.I.O.S.</title><content type='html'>Eran casi las 8 de la noche y empezaba a caer esa garúa finita que parece que no, pero moja. Alrededor se veían, se sentían, gargantas estrujadas, pulmones que casi no respiraban, ojos bien abiertos y dientes apretados. La sensación de lo perdido por perdido una vez más y la inhabilidad de hacer de eso algo cierto.&lt;br /&gt;Eran casi las 8 de la noche y ese casi era devastador. Alguno había que ya tenía las manos sobre la cara, impedido de poder ver lo irreversible, mientras lo que quedaban eran monedas, un cambio inservible y millones de insatisfechos. Algo había que hacer, y de una suerte de ateo salió la fe. Miré a las nubes y le hablé, apretando las manos y entrecruzando los dedos.&lt;br /&gt;Hubo que esperar para ver, pero me escuchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2-2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2930279783924066242?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2930279783924066242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2930279783924066242' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2930279783924066242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2930279783924066242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/10/dios.html' title='D.I.O.S.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-8592153093366114050</id><published>2008-09-29T14:32:00.009-03:00</published><updated>2009-07-23T16:40:57.533-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Un millón de maneras de acabar con el mundo</title><content type='html'>Jueves 25 de Setiembre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la parte inferior de esta misma pantalla, en el pequeño contador interminable, aparecía el número 499 como si se quisiera ir, como si no perteneciera.&lt;br /&gt;De inmediato me comuniqué con uno de los lectores para que fuera el número 500, para que ese 499 tuviera la vida que debía tener. Un breve instante de incomodidad en la ansiedad del administrador y escritor de este blog que sólo quería ver cambiar el número. Unos minutos después esa persona se convirtió en la número 500.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un número raro, parece mucho, o por lo menos a mí me parece mucho. No puedo evitar pensar en 500 tornillos, o 500 enanos con paraguas, o 500 sandwiches de jamón y queso, o 500 canales en la canalera, o 500 puntos en la tarjeta del super.&lt;br /&gt;Hay páginas en algún otro lugar del universo internetiano que tienen millones de visitas diarias. Un millón de puntos en la tarjeta del super no es viable, no se puede comprar tanto como para sumar todos esos puntos. Podés canjear todas las cosas de la última página del catálogo de regalos, esos que valen muchos puntos, esos que sólo miramos. &lt;br /&gt;Sí podría vivir con la posibilidad de poseer un millón de millas de viajero frecuente. Podría recorrer el mundo, pasar la mañana en una playa de Brasil y la noche -del día siguiente- en París.&lt;br /&gt;Algo con lo que ningún ser humano podría vivir es con un millón de canales en el cable. Sería infernal, sería el final del zapping, se convertiría en una tortura. Podría demorar días en recorrer todos los canales y a mí no me engaña nadie, porque ponele que tengo 60 canales de cable y la mayoría de las veces no hay nada decente en ninguno y termino mirando bailando por un sueño en un canal de aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los 500 que han dedicado algunos minutos en leer alguno de estos cuentos, Muchas Gracias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a la número 500, algún día seremos libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+++++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-8592153093366114050?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/8592153093366114050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=8592153093366114050' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8592153093366114050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8592153093366114050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/09/un-milln-de-maneras-de-acabar-con-el.html' title='Un millón de maneras de acabar con el mundo'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2720178254281685997</id><published>2008-09-19T11:50:00.002-03:00</published><updated>2010-01-25T10:57:32.033-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cosas de otros'/><title type='text'>Instrucciones para llorar (Julio Cortazar)</title><content type='html'>Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2720178254281685997?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2720178254281685997/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2720178254281685997' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2720178254281685997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2720178254281685997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/09/instrucciones-para-llorar-julio.html' title='Instrucciones para llorar (Julio Cortazar)'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3599165991410844562</id><published>2008-09-12T14:39:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:41:17.103-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>El mufa</title><content type='html'>Eran casi las 17:30 cuando se sentó en la tribuna del Estadio. La tarde era fría y se iba a poner peor. La gente entraba a borbotones por las puertas que daban a la gran cancha verde desde antes que él llegara. La sensación de soberbia y solemnidad de la construcción de cemento era inevitable y le había llenado el cuerpo con una extraña energía, casi mágica. &lt;br /&gt;Se había acomodado en el pequeño asiento a pocos minutos del comienzo del partido que miles de personas estaban a punto de presenciar junto a él. En su tribuna cantaban cientos de personas que arengaban la próxima salida del equipo celeste que estaba por saltar a la cancha. La espera no fue mucha, la primera cabeza de los once se asomaba por el túnel cuando los papelitos, el humo, los gritos y la alegría se mezclaron con el aire frío al salir del cuerpo. Los equipos estaban en la cancha y sólo quedaba esperar al ansioso pitido del árbitro designado para la ocasión y una vez que eso sucedió los minutos comenzaron a irse con facilidad, como si el tiempo ya no fuera controlado por los relojes y las agujas sino por los nervios de las 50.000 personas que miraban atentos el rodar desprolijo de la pelota.&lt;br /&gt;Él miraba hacia arriba, hacia los costados y otra vez a la cancha. Rezaba un poco, entre insultos e improperios a casi todos los actores en el campo de juego. El 0 no se movía y quedaba poco para meterse en los 15 minutos de la peor espera. Los ataques de la celeste aparecían de tanto en tanto pero sin concluir con efectividad en el arco rival. Los de la mitad del mundo se defendían y usaban el tiempo que los otros 50.000 perdían para que la pelota permaneciera afuera de la cancha la mayor cantidad de tiempo posible. De pronto, el árbitro, casi parado en el centro del campo extendió los brazos y marcó el final del primer tiempo. Todos se pararon, en un acto inverso que suele repetirse en este tipo de ocasiones en que las personas quisieran pararse para ver el juego y sentarse en el impaz, cuando realmente hay que esperar. La eternidad de ese tiempo lo ponía nervioso y otra vez miraba hacia arriba y hacia los costados y otra vez a la cancha, esta vez vacía. &lt;br /&gt;Se agotaba el tiempo nefasto y volvía el ritual del túnel que hacía un rato había hecho explotar en alaridos a los observadores. Los equipos estaban una vez más, por última vez en la cancha para otros 45 minutos de intentos por romper el 0 en el marcador. &lt;br /&gt;La pelota volvió a su nervioso ritmo de idas y venidas por el césped. El 0 seguía ahí, impertinente, atrevido, entrometido. Era &lt;em&gt;nuestra&lt;/em&gt; cancha. La misma que veíamos de chicos desde esos mismos asientos o a través de la pantalla de un televisor o desde un bar. No podía ser, no podía, pero lo hacía. De lejos, de cerca, desde la esquina, por los costados, por el medio, de cabeza, con lo que fuera. La pelota estaba decidida a no entrar. &lt;br /&gt;No quedaba mucho en el reloj y el final se acercaba con vehemencia aunque nadie lo quisiera recibir. Estábamos en la cornisa de empatar en casa, de empatar en nuestro territorio. Lo que nadie esperaba iba a suceder en cuestión de segundos. Estaba destinado a suceder.&lt;br /&gt;Se fueron los minutos, que en otra ocasión pasaban casi desapercibidos. Pero esa noche cada segundo, cada minuto le dolía. A veces se iban en una espera de ómnibus, en una película, en el trabajo, en el fin de semana, pero se iban así nomás, sin preocupar. Esa vez fueron tortura, sudor, vergüenza ajena, malestar, decepción y otro montón de cosas que no quiso sentir pero sintió.&lt;br /&gt;El partido había terminado y se quedó mirando la cancha mientras los que no pudieron se retiraban lentamente. Empezó a preguntarse muchísimas cosas. ¿Sólo él había pasado por ese mal momento? ¿Los otros miles habrían explotado en un grito de gol en algún momento y él no se había enterado? Quizá los diarios del día siguiente dijeran que Uruguay había ganado pero él lo vería por siempre como un pobre empate. 0 a 0 era su resultado y no el de todos. Los demás podrían comentar el partido como una victoria y él estaría condenado a escuchar diferente las cosas, a vivir lo peor. Teníamos un quinto puesto en la tabla para el Gran Evento y el había sido el culpable de eso que tenían que vivir millones de personas. Las dudas eran esas. Él no creía que fuera posible que por una eternidad fuera a suceder lo mismo, porque en veces anteriores se había ido con el pecho lleno de orgullo por su equipo, lo había visto ir al Mundial. &lt;br /&gt;Al otro día quizá se sintiera más tranquilo, más convencido. De lo que no tenía dudas era que iba a volver a ir al Estadio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Para Ramiro, que dice que ese soy yo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3599165991410844562?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3599165991410844562/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3599165991410844562' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3599165991410844562'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3599165991410844562'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/09/el-mufa.html' title='El mufa'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-7341230481445541294</id><published>2008-08-04T10:47:00.003-03:00</published><updated>2009-07-23T16:41:28.494-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Non Official International Project I: Barcelona</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Prefacio.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la primera vez que escribo un prefacio pero lo creo pertinente para que lo que viene a continuación no resulte tan tedioso como seguramente sea. Barcelona es la primera historia de este experimento. Non Oficial Internacional Project es algo que surge de la continua necesidad de escribir siempre sobre lo conocido, del desarrollo de una historia en un lugar sobre el que se conoce absolutamente todo. En definitiva un lugar seguro. Amo Montevideo, es una ciudad con su cuota de globalidad aunque a veces no lo parezca, es un valor dentro del itinerario de cualquier globertrotter, de cualquier conocedor del mundo. Montevideo es un alfiler más en el mapa a recorrer. Decidí entonces comenzar a escribir sobre ciudades que no conozco y que obviamente espero conocer algún día, pero la idea de adentrarme en lo desconocido me gustó y me terminó atrapando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuento todavía carece de nombre por lo que también por primera vez titularé un cuento como &lt;em&gt;Intitulado&lt;/em&gt;. Espero que con los días y con las relecturas surja un nombre que le quepa. Es un texto bastante largo, el más largo en mucho tiempo y creo, si no me equivoco, el más largo de todos los que he escrito hasta el momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta historia es una ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (siempre quise decir eso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Intitulado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una mañana, de esas clásicas, de esas diferentes en la que algo parece que va a suceder y sucede. De esas mañanas en las que piensan los directores de cine, los corredores de bolsa, los navegantes, los peregrinos, los soñadores, los jugadores de fútbol. Esas mañanas en las que se inspiran los artistas y escritores, los trovadores y sus musas, los políticos, las personas normales y las no tan normales, los sicóticos, los esquizofrénicos, los locos y el resto del mundo. De esas mañanas en las que pasa algo que le cambia la vida a alguien. Así fue esa mañana para mí. Nos mudamos.&lt;br /&gt;Mi padre se paró en el ingreso de la habitación. Y así, con una experimentada mirada de indiferencia me dijo que nos íbamos a mudar, que habían muchas causas -de las cuales tuve que enterarme- que se habían vuelto insostenibles. Siempre pensé que había sido mi madre que se había cansado de la ciudad, del barrio, de las vecinas, del jardín, de la cocina, del cielo, del vendedor de helados y del ruido que hace la puerta de entrada al abrir y cerrar.&lt;br /&gt;Así fue como más o menos se sucedieron los acontecimientos. Paso próximo, armé una mochila con los indispensables para el resto de mis días, por lo menos los elementos inmediatos que asegurarían un mínimo de felicidad en los momentos de necesidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los indispensables: El actual libro de cabecera, Woody Allen, Cómo Acabar De Una Vez Por Todas Con La Cultura, el reproductor de mp3 que aparece en sustitución inmediata del hurto de mi ipod que sería mi opción incipiente, el mate, abrigo, gotitas para los ojos, lentes de sol y el pijama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bolso vino después, la mochila sería el equipaje de mano. Una valija no muy grande con toda la ropa que no es mucha y que no es suficiente para variar de look ni siquiera por tres días seguidos cuando ya empiezo a repetir. No fue de inmediato pero estuvo casi en ese nivel de velocidad. La idea era mudarnos a otro país. A otro continente. A uno que no conocía aun –Aunque la idea era hacerlo por mi cuenta en uno o dos años- y que iba a conocer a la fuerza y con mi familia entera. Nos íbamos a España, a Barcelona. No sabía nada de la ciudad. La conocía apenas por lecturas y películas de Almodóvar y alguna fuente de información más a la que pudiera acceder. Nos íbamos a Europa, –Sé muy bien que Barcelona, España es en Europa pero estoy dando apenas una idea de lo sorprendente que resultó la noticia en el momento para mí y el poder que tuvo en desconfigurar completamente mis nociones geográficas- un continente totalmente extraño. Quería conocerlo pero sin dudas no así, no de esta manera, no a vivir y menos sin conocerlo. Ya lo había hecho una vez y desarrollé la teoría de que un lugar para vivir -que no sea el lugar de nacimiento- necesita de un previo reconocimiento –Como un reconocimiento militar- que permita una clara noción de lo que estaría frente a mi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun quedaba la salida hacia el aeropuerto y el stress se notaba en las actitudes de todos. Primero le tocó sufrir al señor que trae el diario por las mañanas cuando mi madre en su locura particular, vació una palangana con agua en su cabeza con la excusa de haberla despertado a las ocho de la mañana un domingo para entregar el diario. -o así fuese para avisar de que la casa se estuviera quemando- Esas cosas no se hacen. Luego fue mi padre cuando estrelló un destornillador contra la ventana del acompañante del auto por no poder sacar una mancha de caca de paloma. A esta altura ya era claro que quizás no había sido la mejor opción la de mudarnos pero así fue y ya no había marcha atrás. No porque no se pudiese ir hacia atrás sino porque ya se habían gastado no se cuántos miles de dólares en pasajes de avión directos a Barcelona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mudanza duró una semana. Una semana luego de la noticia inicial decidimos salir hacia el aeropuerto –decidieron-. El avión demoraba en salir y habíamos tenido problemas con el estacionamiento del lugar –No se para qué, pero así fue- No pudimos dejar el auto en el estacionamiento porque no sabíamos cuándo íbamos a regresar pero tampoco queríamos llegar en taxi al lugar porque no nos sentíamos cómodos. Un señor nos ayudó a bajar el equipaje. Durante varios minutos estuvimos parados junto a una cantidad importante de equipaje en el hall del aeropuerto esperando por la señora que surge del alto parlante y avisa, en el momento previo al abordaje, que hay que abordar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se mezcló todo junto de manera perfecta para reunir la adrenalina necesaria al momento justo de subir al avión y esperar por la turbina que se encendiera para marcar el comienzo del viaje que había empezado hace ya más de una semana. La mujer del micrófono dio la señal de subir al avión y una vez en el asiento no pude mirar hacia afuera. No hasta el momento en que el aeroplano se elevó en el aire dejando a Montevideo del tamaño de una arveja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre nubes fue necesario pedirle a la aeromoza que sirviera cuatro tragos con alcohol sin importar para nada la edad de los integrantes de la familia. Era realmente necesario calmar los ánimos, y si hubiese existido la posibilidad de encender un cigarrillo en pleno vuelo la hubiese tomado aunque no fume. &lt;br /&gt;El vuelo duró sus buenas catorce horas y no pasó absolutamente nada interesante salvó miradas perdidas y un poco nerviosas al ala izquierda del avión mientras las nubes pasaban muy lentamente sin identificar el cambio de cielo. En un momento, en un instante en el que juré haber estado dormido, el avión tocó tierra y nos aprontamos a descender. La gente que venía en el vuelo se agolpó en la puerta que daba a la manga para ser los primeros en hacer los trámites de migración y poder estar arriba del taxi y en la ciudad lo antes posible.&lt;br /&gt;Costó casi dos horas estar arriba de ese taxi, y casi tres estar en el nuevo hogar, el 1789 de la calle Acerat. Todos dejamos las valijas en el suelo del apartamento y comenzamos –cada uno a su manera- a inspeccionar el lugar. Había que estar cómodos en donde estuviéramos y si era necesario, había que realizar una serie de acuerdos con objetos inanimados, actitud que raya con la locura parcial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fue más o menos la cadena de acontecimientos, hasta este momento en que miro los marcos de la puerta de entrada al apartamento, a punto de entrar. Es éste el momento en que caigo que todo es de verdad. Uno por lo general no se da cuenta de ese momento, de ese preciso instante en que se entiende la realidad de la idealización de la misma. Muchos saben decirte en qué momento vas a caer y todos cómicamente dicen cosas diferentes. No, este momento es ese momento. Caí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iluminación es cálida dentro del lugar lo que se convierte en un plus automático en mi manual de hogar. Odio las luces blancas. Tuve un trabajo en el que la gran mayoría del día se pasaba bajo tierra y bajo una serie de tubos de luz que son un gran NO en mi buen humor. Odié ese lugar. Hasta el día de hoy lo hago. La oficina se llegó a mudar a un lugar más grande y menos iluminado pero parecía que tenían una obsesión con los tubos de luz porque los mantuvieron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nuevo piso tiene rincones interesantes, me gusta el apartamento, me siento cómodo. Definitivamente puedo hacer una vida aquí adentro. Queda la selección adecuada de la que sería mi habitación y podíamos pasar a la etapa de estreno del lugar con una cerveza y un buen cigarrillo y algo de buena música.&lt;br /&gt;Hay tres habitaciones. Una que sería obviamente para mis padres ya que dudaba de la posibilidad de que no compartieran una cama. Otra iba para mi hermano pequeño, quien necesitaba el mayor espacio para que pudiera crecer con la mayor ilusión de libertad posible. Y la mía sería la última. Es perfecta, de tamaño, de vista y quedaba la posibilidad de darle algo de color al lugar, pero eso se verá más adelante cuando quede todo mejor arreglado. Las camas eran cómodas. Los españoles deben dormir bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto iba quedando todo bien ordenado y listo para comenzar con una vida de algún tipo, no diré tranquila, ni en paz, porque las cosas rápidamente logran sorprenderte y de la tranquilidad se puede pasar al caos en breves instantes y no sería ni la primera ni la última vez que eso sucediera. Hablé con mi padre para comenzar con el pronto estreno del apartamento y entonces bajé a la calle en busca de una cerveza. Salí sin avisar algunos minutos después y cerré la puerta. Esperé el ascensor durante un minuto. Hacía un poco de frío en la calle. Habíamos dejado la primavera en Montevideo y abrazado el otoño Catalán. Un gorro y un buzo de abrigo eran necesarios para soportar la brisa que corría por las calles empedradas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una niebla que rodeaba el aire hacía de la luz una penumbra y los carteles de los locales llegaban a divisarse en una especie de extraña visión onírica, algo que me hacía acordar a Tim Burton. Luego de unos cuantos adoquines llegué a un almacén -supongo se debe llamar diferente acá pero todavía no lo averigüé-. El señor que atendía el lugar llevaba unos bigotes enormes y así quizás escondiera algún defecto en la cara. Me miró desde que entré hasta que llegué al fondo. La heladera tenía muchas cervezas que no conocía así que agarré la primera que me llamara la atención y a suerte y verdad sería como se decidiría el estreno del apartamento. &lt;br /&gt;Saqué algo de plata de un bolsillo y quise pagarle al bigotón pero ya no estaba. Atendía una mujer que podía ser perfectamente su mujer. También compartía el bigote pero un poco más disimulado –casi me tiento lo suficiente como para reírme a carcajadas-. Debía ser parte de una moda de la ciudad o del continente. Casi al poner un pie en la vereda escuché el sonido de mi celular. Mi padre, nervioso, hablaba con dificultad y preguntaba por qué había dejado la puerta del apartamento abierta. Contagiado de nerviosismo le dije que no, que no la había dejado abierta y que de hecho recordaba con claridad haberla cerrado. &lt;br /&gt;Pensé lo peor y me apresuré a llegar a la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasillo era oscuro por la noche y la asimilación del ambiente se me hizo lenta. Un poco de luz venía de la puerta del apartamento que se abrió rápidamente cuando me paré casi debajo del marco. Mi padre observaba por la mirilla a mi llegada y en susurro nervioso me dijo que había alguien en el apartamento. La cerveza española descansó por ahora al costado de la especie de balde posa paraguas, en seguida al costado de la puerta de entrada. La piel de gallina no demoró en llegar, parecía una lija y apenas si podía respirar. Los ojos de mi padre, desorbitados, buscaban adentro la tranquilidad de que el intruso ya no estuviera. -¿Mamá?- le pregunté. Descansaba en su habitación luego de la larga jornada de mudanza y él ya había revisado su cuarto. &lt;br /&gt;Con un presentimiento caminé lentamente y respirando fuerte. Abrí despacio la puerta de la habitación de mi madre y con un golpe el intruso apareció de la penumbra empujándome contra la pared y tirándome al suelo. De un manotazo pude alcanzar con esfuerzo su pantalón pero su impulso era mayor que el mío y mis dedos desistieron en el intento de detenerlo. Abrió la puerta principal y escapó desapareciendo en la oscuridad del corredor y más rápidamente perdiéndose en las escaleras. Todo sucedió muy rápido y mi madre se despertó con el ruido. La cerveza española aun estaba intacta al costado de la puerta y sin demorar la puse en la heladera. No todo podía arruinarse más allá de la intrusión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre surgió de su habitación con los ojos somnolientos por el caos entre mi padre y yo. Nadie tenía la culpa, naturalmente, pero me terminé por hacer cargo de la situación. Alguien debía hacerlo y el mero destino no podía cargar con semejante culpa. El frenesí paró con los minutos hasta que la tapita de la cerveza estaba boca abajo en la mesa y las primeras marcas de vasos iban a aparecer en la madera de la mesa. Con apartamento estrenado e intruso de por medio nos fuimos a dormir. &lt;br /&gt;No era el mejor comienzo en la ciudad ni en el continente. Todos esperábamos que las cosas se calmaran con los días y tampoco teníamos ganas de que algo nos arruinara la estadía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana nos agarró sin haber dormido lo suficiente y en pocos minutos estábamos todos en pie. Las nubes de Barcelona cubrían el cielo y la luz gris entraba por las ventanas del apartamento que aun no tenían cortinas ni persianas. Quizás fuera por eso que nos levantamos tan temprano y el gris del cielo no era gris sino que era apenas la madrugada y el sol todavía iba a demorar un rato más en llegar. Mi padre estaba en el sillón del living con un café en la mano y el diario sobre la mesa buscando en los clasificados lo que pudiera encontrar. Mi padre había llegado al nuevo continente con trabajo pero eso iba a demorar en empezar. Una empresa de telecomunicaciones lo había incorporado en sus filas pero aun faltaba un mes para su ingreso definitivo. Mi madre revolvía su café a los pies de la puerta de la cocina y yo ya estaba vestido aunque despeinado por la primera noche de cama ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé hasta la calle pero sin salir del edificio. Aproveché a mirar hacia la nueva calle que tendríamos delante por el tiempo que fuera necesario. Un poco para encarar la asimilación necesaria de un nuevo hogar. Mientras estuve parado ahí por unos breves instantes, a unos centímetros de mí estaba el portero del edificio con unos llamativos bigotes. Parecidos a los del señor del almacén de la noche anterior ahora que los observo en una mirada disimulada. Parecidos sería una observación un poco distante, en verdad tenían una similitud sorprendente.&lt;br /&gt;Había visto otros bigotes de la misma calaña en algún otro lugar y no me podía acordar. Estaban en la parte de atrás de la cabeza y querían sin duda venir hacia adelante y no podían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a casa. Mi padre ya no estaba con el diario en el living, se estaba preparando para salir y lo mismo hacía mi madre. Juntaban todos los folletos /slash/ mapas que habían encontrado en el aeropuerto y se disponían a la actividad turística por el día y yo los iba a acompañar. Estaba en una ciudad nueva y tenía que conocerla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos a la calle, los tres. El portero nos miraba con atención. No con interés, pero sí con atención, con una preocupación mínima de alguien que es el encargado de cuidar la puerta del edificio. Casi como un vigía de la edad media. Esos tipos que cuidaban en lo alto de la torre de un castillo y que debían de poseer –en aquella época- una gran vista, adaptada para divisar por lo menos unos cuantos horizontes de distancia. &lt;br /&gt;Nos miró. Yo me di cuenta. Cruzamos la mirada por unos segundos pero no creo que el se percatara de la sensación que me quedaba al mirarnos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos por Las Ramblas (En catalán Les Rambles), primer evento turístico del viaje, hasta llegar hasta la costa de Barcelona. Una serie de kioscos de revistas, cafeterías y restaurantes hacían la suerte de paredes del lugar. “Las Ramblas es uno de los lugares de mayor atractivo y concurrencia (…) Paseo situado entre la Plaza de Cataluña y el puerto antiguo.” Explicaba el folleto /slash/ mapa. Uno de los tantos elementos que nos facilitaban la visita a la ciudad. Los catalanes, aunque sepan muy bien el idioma español, ya que es una de sus lenguas maternas, se rehúsan a utilizarla ante los turistas que preguntan y exigen respuestas. Esto hace que muchos de ellos –los turistas- hablen mal de la gente de esta ciudad cuando salen de la misma. &lt;br /&gt;“Cerca del puerto acostumbran a instalarse mercadillos, así como pintores y dibujantes de todo género, destacando la zona por su índole artística y cosmopolita. Paseando por Les Rambles pueden admirarse varios edificios de interés, como el Palacio de la Virreina, el mercado de La Boquería y el famoso teatro de Gran Teatro del Liceo, en el que se representan óperas y ballets.” Mi madre miraba asombrada la fachada del Gran Teatro y allí fue el primer lugar de interés en el que entramos. Caminamos durante un largo rato por el interior del teatro mientras un guía nos contaba cosas del lugar que podrían o no interesarnos. Yo me quedé con: “En 1893, el anarquista Santiago Salvador tiró una bomba en la platea del Liceo que causó 20 muertos.” No es por raro, que de hecho lo soy, pero ese fue el dato que más impacto me causó de todos los que salieron de la boca de aquel guía aburrido y oficialista. &lt;br /&gt;En muchos lugares de Barcelona se pueden ver banderas con los colores rojo y amarillo por todos lados. Es la bandera de la Cataluña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El paseo de Las Ramblas termina donde comienza el puerto antiguo. Allí hay una estatua de Cristóbal Colón señalando el mar y a pocos metros se ubica el Museo Marítimo, pero allí no entramos. Paramos durante un segundo en uno de los cientos de kioscos que hay por la vuelta para comprar algo de comer. Me había entrado el hambre por el paseo. El señor que atendía en el kiosco lucía unos grandes bigotes que se me hicieron muy familiares. El hombre del almacén de anoche tenía unos muy particulares y muy parecidos y también el portero del edificio y alguien más que no puedo asociar pero que tengo entre ceja y ceja y será sólo cuestión de utilizar mis destrezas detectivescas que también es probable que no aparezcan. Alguien tenía esos mismos bigotes y no eran una particularidad española, había visto películas españolas antes y no era algo así como un obligado detalle en la dirección de arte. No podían tener esa similitud tan sorprendente; tres bigotes muy parecidos en cuestión de algo más de 24 horas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de semejante caminata y paseo, regresamos todos –hasta el niño colgado de uno de los brazos de mamá y papá- al apartamento. Todavía me cuesta decirle casa. Cuando llegamos, el hall del edificio estaba vigilado por el mismo portero bigotudo. Traté de mirarlo sin mirar pero una vez más no logré disimular lo suficiente como para que el tipo no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Lo estaba midiendo, estaba intentando descifrar quién era y por qué esos bigotes me llamaban tanto la atención y no era que yo todavía casi no me afeitaba, casi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche pasó sin sobresaltos aunque la canilla del baño comenzó a no cerrar bien y goteó. Como todos los dolores con los que la gente se suele levantar que surgen de un día para el otro, sin aviso, sin pedir permiso para complicarte la vida. Como las mujeres, que aparecen así de repente y uno no se entera pero ya comenzaron a complicar las cosas, aunque esa es la parte divertida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El despertador me incorporó temprano en la mañana. Eran las 7:30 según el reloj del celular. La luz del apartamento todavía era muy tenue y una música muy suave salía de un radio grabador que estaba en el suelo al costado de la cama. Me preparé un café y salí a la calle a visitar por mi cuenta para tratar de calmar un poco los ánimos y evitar al hombre de bigotes. Quizás, si el humor era el suficiente, hasta podría conocer gente.&lt;br /&gt;La calle estaba tranquila, no pensé que pudiera estar tan mansa un jueves de mañana pero se ve que era así. Caminé por horas, miré lo que pude y traté de no visitar los lugares que ya había visto. Todavía paseaba por calles adoquinadas que debían tener siglos de historias y de cuentos. La similitud con las calles de Montevideo era asombrosa y hasta me erizaba la piel en algunas zonas de la ciudad. Las calles con techos de árboles, los cafetines y los huecos entre edificios y casas que dejan ver el mar sobre la rambla. &lt;br /&gt;En ningún momento me inundó la ciudad que tenía casi todos los ingredientes que a mí me servían como para vivir en el lugar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el sol ya quitaba la sombra de los postes y los caminantes y los únicos lugares de resguardo eran bajo el follaje de los árboles, me senté en el primer café que crucé. El lugar parecía un bar de Montevideo; la ciudad no conseguía hacerme sentir un extraño salvo por el lenguaje de los catalanes y su manía de no hablar español ni inglés. &lt;br /&gt;En una de las mesas del cafetín había una señorita muy linda. Ella cruzaba miradas conmigo repetidamente y en algún momento tenía que juntar el valor como para acercarme a hablar. Un morral descansaba a los pies de su silla, y ese detalle me terminó por cautivar por completo. &lt;br /&gt;Tomé la taza con una mano y recogí mi morral con la otra y en el momento en que me paraba para acercarme, entró por la puerta del café un señor con bigotes que no hizo más que ponerme nervioso. Otra vez esos bigotes y otra vez la misma duda de quién carajo era y de dónde venía esa peluda semejanza. Pelo tras pelo tras pelo, me desarmó la valentía que había conseguido reunir para hablarle a la hermosa chica que seguía sentada en su lugar y que no se iba a mover por un rato más. Pero yo ya no podía mantener el objetivo de acercarme, mi guardia estaba demasiado baja y en lo único que podía pensar era en ese labio sin afeitar, esa nariz con escoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una gota de sudor apareció sobre mi frente y en ese momento en que todo estaba por desmoronarse del todo, decidí terminar de colocar el morral sobre mi hombro y salir del café. Caminé bastante rápido sobre los adoquines en dirección hacia el apartamento. Cuando llegué hasta la puerta de entrada el portero no estaba y me apresuré en abrir la puerta de vidrio y llamar el ascensor. Uno, dos, tres, cuatro, los números digitales en rojo pasaban un poco lento para el humor que tenía y sólo atinaba a presionar el botón ocho que ya estaba iluminado con la yema del dedo gordo. &lt;br /&gt;Entré en la casa, dejé el morral en un costado y me arrojé sobre el sillón. Cerré los ojos y dormí hasta la tarde cuando me despertó mi padre para merendar. No salí durante el resto del día y aproveché en la noche a ordenar y acomodar mis cosas en la habitación. Poco rato después ya había logrado conciliar el sueño producto de la caminata matinal y de aquel extraño bigote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a salir a la mañana a la calle y el portero estaba barriendo la vereda. Acá también barren la vereda –tuve un minúsculo pensamiento-. El hombre miró hacia mí por encima de su hombro sin detenerse en su actividad y sonrió. Detecté cierto sarcasmo en esa risa y eso me sacó por completo de mis casillas, al momento en que me daba cuenta que el señor era el intruso de la primera noche. Tomé carrera y nos agarramos a trompadas, allí mismo en el medio de la calle en Barcelona. Grité todo lo que tenía contenido; la mudanza, el viaje, los bigotes, la falta de bizcochos. Todo. Estaba enojado. Algunos vecinos intervinieron en la pelea y nos separaron y lo primero que atiné a hacer fue subir nuevamente al apartamento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les conté mi teoría de los bigotes a mis padres, naturalmente se pusieron nerviosos y comenzaron a hacer llamadas, entre otras a la policía desestimando mi pedido de no realizar un llamado a las autoridades. Mi madre se había puesto mucho más nerviosa que mi padre cuando asoció que el bigotudo había estado dentro de su habitación la primera noche en la que el tipo entró a casa.&lt;br /&gt;Después de unas horas, los dos se habían calmado bastante y todo era un poco más normal. Mi padres estaba mirando fotos de Montevideo, de la casa, de la familia, de amigos, etcétera. Luego de pasar unas cuantas polaroid que estaban en una caja, pasó por una que le llamó enormemente la atención. En una de las fotografías, mi padre y yo estábamos parados en la vereda, casi al borde la calle, sobre el cordón. Detrás de nuestras figuras aparecía un señor de bigotes que miraba atentamente a nuestra casa desde la vereda de enfrente mientras barría las hojas de otoño que había sobre el pasto de la casa vecina.&lt;br /&gt;Mamá vino a mirar la foto y se dio cuenta de algo que no parecía probable, por lo menos para papá y para mí. Ella conocía a este señor de bigotes. La que nos resultó desconocida fue mamá, que guardaba un secreto de infancia.&lt;br /&gt;A sus 20 años, ella grabó un programa piloto de televisión que nunca logró salir al aire. Eso es un “piloto”. Un programa que se graba para ser testeado y medir su potencialidad ante la audiencia. Mamá había sido una estrella de televisión o si ese no fuera el epígrafe que ella quisiera, por lo menos había sido una suerte de child star.&lt;br /&gt;Lo importante no era el contenido ni la temática del piloto sino lo que produjo en este señor de bigotes. Él era el único y más adepto fan de mi madre. Este señor había sido marcado por la capacidad /slash/ belleza de mi madre en su adolescencia televisiva. La había perseguido enviándole cartas, flores, y otros regalos impronunciables durante muchos años. Mi madre, en realidad sus padres debieron intervenir en esa situación. Habían conseguido una orden de restricción y no permitía al señor de bigotes, cuyo nombre aun no sabíamos, acercarse a menos de 200 metros de distancia. Esto obviamente no se cumplió en algunas ocasiones por el hombre. &lt;br /&gt;Durante el paso de mi madre por la universidad, éste hombre había mandado una serie de sobres que contenían los deberes hechos para las clases y exámenes. No sé y no quiero saber por lo que debe haber pasado para hacerse de la información necesaria y conseguir todo ese material. &lt;br /&gt;Obviamente, mi madre se casó con mi padre. También hay fotos del hombre de bigotes en la fiesta de bodas. Una suerte de perejil /slash/ imbécil que figuraba en todas las actividades de mi madre durante el correr de los años. &lt;br /&gt;Durante toda mi infancia y sin mi conocimiento ni el de mi padre, ella había tenido un admirador muy secreto que rondaba por mi casa, barría las veredas de enfrente, etcétera. Es aterrador enterarse y luego un poco tragicómico. Es decir, pobre hombre. Ahora al saber toda la historia, siento un poco de lástima por este señor. No se si está bien o mal que yo sienta estas cosas, pero por lo menos algo debería decirle cuando baje una vez más a la puerta del edificio.&lt;br /&gt;Mi padre no sentía lo mismo. No sentía lástima, para nada, sentía lo mismo que sentí yo cuando le propiné un par de golpes hace no más de una hora. Costó unos minutos contenerlo para que no bajara a la vereda. Naturalmente yo lo entendía y si no fuera por mi madre ya estaríamos, los dos, dándole la paliza de su vida. &lt;br /&gt;Decidimos descansar unos minutos antes de tomar alguna acción. Abrimos unas cervezas que quedaban en la heladera y todos nos relajamos por un rato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas horas después tomamos la resolución de volver a Montevideo. No pensábamos quedarnos en Barcelona con el bigotón siguiéndonos a todos lados y era evidente que unas buenas trompadas no iban a impedir que éste siguiera allí. &lt;br /&gt;Algunos días después, cuando ya nos debíamos dirigir al aeropuerto, resolvimos salir del edificio, vestidos con atuendos y disfraces improvisados para despistar al fanático de bigotes. Al llegar a la planta baja, luego de un lento paseo de ascensor, el bigotón no estaba más. No porque ya no estuviera sino porque sin duda se había ausentado por un momento. Mi padre paró un taxi y no puedo ni imaginar lo que debía estar pensando el taxista que nos devolvía al aeropuerto para alcanzar nuestro vuelo. 4 personas totalmente disfrazadas que no debían pasar por seres mínimamente normales. &lt;br /&gt;Cuando llegamos al aeropuerto bajamos nuestras valijas y caminamos hacia el sector de check-in previo al abordaje al avión. No había personas con bigotes gruesos ni nadie sospechoso de fanático. &lt;br /&gt;“El aeropuerto de Barcelona, código: BCN es un aeropuerto español de la red de AENA que da servicio a la ciudad de Barcelona. Se encuentra 10 Km. al suroeste de Barcelona, en el municipio de El Prat de Llobregat, a una altitud de 4 metros sobre el nivel del mar. Es el mayor aeropuerto en extensión y tráfico de la Comunidad Autónoma de Cataluña, y el segundo de mayor tráfico de España tras el Aeropuerto de Madrid-Barajas, con el que mantiene la línea aérea regular de pasajeros más transitada del mundo. Además es el octavo aeropuerto de Europa por pasajeros y el 35º del mundo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vuelo fue tranquilo. Escuchamos la voz del piloto en varias oportunidades informando la duración del vuelo y el clima en Montevideo al momento del arribo. En todas las intervenciones del piloto no pude sacarme la idea de la cabeza de que la persona que nos hablaba, nos hablaba directamente a nosotros. Un piloto de bigote grueso que nos iba a perseguir de vuelta hasta nuestra casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos un par de noches en la casa de la abuela antes de ir a nuestro nuevo apartamento en Brito del Pino. Luego de descargar todo y de instalarnos nuevamente y de pasar otra vez por la ardua etapa de mudanza, salí a recorrer los almacenes que ya conocía por andar antes por el barrio. &lt;br /&gt;Por suerte no había almaceneros, ni carniceros, ni veterinarios, ni vecinos con bigotes grandes. Una vieja, un piso más arriba del nuestro tenía bigotes pero dudo que calificaran para ser un fanático depravado. &lt;br /&gt;El sol de las cinco de la tarde caía sobre la primaveral Montevideo. La luz entraba por una rendija de la ventana de mi habitación transformando la iluminación en algo perfecto. Todavía quedaban algunas cosas de la mudanza apiladas contra una pared y mis planes eran eliminar todo ese material para dejar pronta y a gusto mi habitación. Mis padres habían salido de compras para la cena supongo y volverían en un rato, pero seguramente no querrían ver más los embalajes cuando regresaran.&lt;br /&gt;En una de las cajas que había quedado encontré un VHS con el título: Yo en la TV. Cuidadosamente enchufé un VCR y metí el cassette en el mismo, apreté play en el control remoto pero tuve que pararme a apretar play en el aparato porque el control, o no tenía pilas o directamente ni siquiera funcionaba, lo que era lógico porque estaba en la familia desde antes que yo naciera. Unos minutos después creo que todavía miraba la pantalla luego de terminada la cinta. Era el programa. Era mamá en la televisión, tal cual expresaba el pegotín en uno de los costados del VHS. El bigotón estaba en la primera fila, aplaudiendo, saltando, exaltado con la performance, divirtiéndose con muy poco y siendo todo un fan. Ésa, fue la última vez que lo vi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-7341230481445541294?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/7341230481445541294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=7341230481445541294' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/7341230481445541294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/7341230481445541294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/08/non-official-international-project-i.html' title='Non Official International Project I: Barcelona'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3155335653096425636</id><published>2008-07-17T16:05:00.004-03:00</published><updated>2009-07-23T16:41:39.610-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>La verdad de la milanesa</title><content type='html'>Alguna vez, de chico, escuché este dicho popular. En más de una ocasión me pregunté acerca de su significado pero pocos segundos después, no hacía más que olvidarme de la cuestión. Por eso ahora que me acordé, no le pienso dejar una sola posibilidad de escapatoria y pretendo buscarle una explicación y significación que al menos a mí me saque la duda.&lt;br /&gt;La verdad de la milanesa es una sola, pura, incuestionable como su propia receta y preparación: pan rayado, carne (Recomiendo el corte de nalga) y huevo batido para mojar la carne y dejar que el pan rayado se adhiera con perfección a la misma. (Aquí dejo lugar al primer y único secreto sobre la verdad de la milanesa que revelaré al finalizar el texto*)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus conocidos e inalterables ingredientes dejan lugar a una sola conclusión: No existen dos milanesas diferentes. Lo que sí existe son los tipos de cocinado: 1. Con pelitos. (He escuchado esta forma de llamarla por su particularidad de mantener unos pelillos generados por el aceite o el pan rayado. 2. Normal. Clásica. Única e irreformable.&lt;br /&gt;También hay quienes la cuecen al horno, modo de preparación que también queda muy bien pero que de la misma manera no altera el producto final sino que propone una finalidad más saludable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos tipos de cocinado muchas veces dependen del cocinero y del lugar. Algunos bares cocinan las milanesas de la primera forma y la gran mayoría, y los que en definitiva no sorprenden a los consumidores –que no buscan la sorpresa en la milanesa y esto es muy importante- las preparan de la segunda. La llegada magistral del mozo/a con la milanesa puede frustrar o truncar la mirada infantil y el deseo por el producto de parte del comensal por el descubrimiento atroz de que está preparada de la primera manera mencionada anteriormente. El acercamiento, en este caso, del cliente es prudente; terminará por comerse la milanesa quizás con el mismo placer con el que se comería la milanesa clásica, pero la frustración visual de la misma es fatal.&lt;br /&gt;Se puede decir, sin hacer conclusiones aun, que la verdad de la milanesa habla de un aspecto incuestionable sobre un caso particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta verdad se aplica a situaciones particulares que parecen no tener diversas observaciones. Las observaciones pueden ser realizadas subjetivamente por una persona, pero la verdad última acerca de esas cuestiones es una sola. Por ejemplo, cuando termina un partido de fútbol siempre se dice lo siguiente de ambos equipos: o ganó uno, o perdió el otro. En este caso se presenta una ambigüedad sobre el resultado del partido, que si bien es uno solo e inmodificable, el protagonista final del mismo parece cambiar; o por lo menos existe la posibilidad de cambiarlo de parte del observador subjetivo. O ganó Peñarol o perdió Nacional pero en ambos casos el resultado final en goles es el mismo. Esta ambigüedad aporta a nivel de trámite, de desarrollo del juego. Un equipo pudo haber dado todo de sí mismo para ganar el partido y aun así no haberlo conseguido, y entonces se dice que perdió el partido. De la otra forma, un equipo pudo haber aplastado al otro, sin dejarle chance a una posible recuperación, y así, se dice que ganó el partido, y en buena ley.&lt;br /&gt;Se pueden dar varios de estos casos en los que dos posibles observaciones existen sobre una misma materia. Sin embargo, cabe la posibilidad que sobre este tipo de casos se pueda dar, en un aspecto de los mismos, la verdad de la milanesa. Un aspecto incuestionable, una parte de la historia que no considera dos versiones sino que es una verdad que queda calada sobre el tema y para demostrarlo de una manera un poco tosca pero finalmente efectiva, se puede decir que la verdad de la milanesa sobre el caballo blanco de Artigas es que era blanco. Puede existir algún estudio amplio y exhaustivo sobre el tema que diga que Artigas se subió y cabalgó alguna vez sobre un caballo de otro color, pero el caballo de él, era inexorable e históricamente blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad de la milanesa puede aplicarse tanto a casos simples como a casos más complejos como el agujero central de las tortas fritas, las margaritas de crema (originales) o las margaritas de dulce de leche (plagio bastardo), el chorizo en el guiso de lentejas, la tapa de las galletas dulces y el pancho. Sin dudas debe haber una mayor cantidad de casos sobre la verdad de la milanesa pero queda claro finalmente y ahora sí a modo de conclusión que esta verdad es única. No tiene bajo ningún aspecto, una segunda o alternativa posibilidad que cambie la naturaleza de la materia en cuestión.&lt;br /&gt;Estos tipos de verdades son los que de alguna manera terminan por ser la estructura de los iconos sociales y culturales y que son parte de nuestra historia, como el pan con grasa, las chancletas en verano y los bikinis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la próxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*He aquí el único secreto sobre la verdad de la milanesa, y es que hay que pasarla dos veces por huevo. Es decir: huevo, pan rayado, huevo, pan rayado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comentario del Autor: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a un comentario de un lector quiero aclarar algunas cosas y corregir otras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Primero&lt;/strong&gt;, Los "pelitos" de la milanesa se logran cocinándola con harina (Esa te la doy, tenés razón) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Segundo&lt;/strong&gt;, (y esta no te la doy) la milanesa Napolitana no cabe dentro de esta discusión ya que pertenece a otro grupo de milanesas. No es la milanesa per se, la milanesa vieja y querida, la milanesa con puré.&lt;br /&gt;La milanesa napolitana es un invento de las altas familias mafiosas de Chicago que son descendencia italiana, o sea, generaciones hijas de italianos pero nacidos en Chicago y con malos modales. Las amas de casa ponen la sangre de las víctimas sobre la milanesa como una forma de redención o de regocijo sobre el asesinato y se come una sola milanesa napolitana y no varias como sí se puede en la milanesa con puré. Eso sucede en el sur de Chicago, en el norte no sucede, no se bien por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3155335653096425636?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3155335653096425636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3155335653096425636' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3155335653096425636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3155335653096425636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/07/la-verdad-de-la-milanesa.html' title='La verdad de la milanesa'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-548318073376965020</id><published>2008-07-14T15:50:00.004-03:00</published><updated>2009-07-23T16:41:49.567-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Google se olvidó de la Revolución Francesa</title><content type='html'>1789.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre veo que el portal buscador hace referencia con su logotipo principal a hechos que ocurrieron en la historia. He visto su logo transformado en muchísimas oportunidades pero esta vez no lo vi. Sus colores no muestran la bandera française, no muestran la bastille y ni siquiera la liberté.&lt;br /&gt;Hoy se cumplen 219 años de un número de puerta para algunos y códigos pin para otros. En fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salut.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-548318073376965020?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/548318073376965020/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=548318073376965020' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/548318073376965020'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/548318073376965020'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/07/google-se-olvid-de-la-revolucin.html' title='Google se olvidó de la Revolución Francesa'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2712674378730229811</id><published>2008-06-09T10:59:00.008-03:00</published><updated>2009-07-23T16:42:32.447-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Homenajes'/><title type='text'>Homenaje.</title><content type='html'>El niño pasaba el pie por arriba de la pelota tratando de levantarla en el aire y poder ejercer su ansiado control sobre ella. La pelota rebelde no hacía más que elevarse apenas un metro en el aire y volver a caer sobre la tierra del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;campito&lt;/span&gt;. Ponía el pie por debajo del balón y con la mirada atenta la veía caer, pero sólo la sombra del balón posaba sobre su champión antes de tocar el suelo.&lt;br /&gt;La pelota rodó unos metros delante de él y no la miró, no por vergüenza y tampoco por renegar de lo que pudiera hacer con ella, si lo intentaba algunas veces más era seguro que consiguiera dominar a la pelota pero por ahora ella lo dominaba a él.&lt;br /&gt;La pelota siguió girando por el suelo mientras un enorme camión pasaba por la calle repleto de personas vestidas de amarillo y negro, con manchas negras en la piel y con la garganta dolorida.&lt;br /&gt;El niño miró pasar atento aquel camión mientras sudaba al rayo del sol de invierno, parado sobre el polvo del campo, recuperando su postura y adquiriendo el orgullo con el que su abuelo alguna vez le había contado que tenía que mirar esos colores.&lt;br /&gt;Eternas tardes había pasado escuchando sobre un equipo que nació en primavera y que se llenó de enormes jugadores que lo hicieron grande y que lo llenaron de historia y de gloria mundial. La garganta de su abuelo había dejado de gritar hacía tiempo. Una sequía de títulos había despedido a un hincha que le había contado todo sobre &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Peñarol&lt;/span&gt;, sobre los &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;peñaroles&lt;/span&gt;, los ferrocarriles y la piel quemada de una tarde de fútbol.&lt;br /&gt;El camión pasaba festejando con la voz en el viento y el niño lo miraba alejarse. Puso su pie sobre la pelota que estaba detenida en el suelo y ésta vez la pelota subió en el aire y volvió a subir y volvió a subir. Dominó cinco o seis veces el balón antes de que volviera a picar en la tierra. Sonrió y volvió a mirar el camión que daba la vuelta al &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;campito&lt;/span&gt;. Agarró la pelota, se la puso bajo el brazo y corrió a su casa porque el partido estaba por comenzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Dedicado al Glorioso Peñarol.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2712674378730229811?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2712674378730229811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2712674378730229811' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2712674378730229811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2712674378730229811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/06/homenaje.html' title='Homenaje.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3635059816923582</id><published>2008-05-27T10:30:00.003-03:00</published><updated>2009-07-23T16:43:11.938-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>No soy narcisista. (27/5)</title><content type='html'>Ayer, a las 23:30 &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;hs&lt;/span&gt;. aproximadamente, mi madre rompía bolsa mientras hacía una crema en una humilde cocina de un apartamento sobre &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Brito&lt;/span&gt; del Pino &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;esq.&lt;/span&gt;, Silvestre Blanco, lugar donde nací. Tuvo un breve trabajo de parto, no fue mucho, apenas un par de horas. Nací a la 1:59. Ni muy temprano, ni muy tarde, y pesando 3.110 &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Kg&lt;/span&gt;, y el perímetro (si es que se dice así) era de 33,5 cm. (si es que ese número puede ser así). No se cuál fue mi primer gesto hacia el mundo aunque sin duda fuese un llanto elocuente y algún que otro gas que pudiera largar para eliminar las impurezas de los primeros días, pero nada fuera de lo normal. No se si empiezo a vivir mis 24 o estoy viviendo mi vigésimo quinto año. No tengo mucha idea si empieza la bajada o si todavía puedo seguir subiendo, pero que venga. Todavía soy un &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;pibe&lt;/span&gt; y ya hay gente que me daba por lo menos 30. Es un placer no darles la razón, aunque me siento viejo solo de decir eso. Es para personas más viejas decir eso, creo. Todos dicen que me odian por tener 24, cosa que me deja la duda si llegué más temprano al mundo o si mis padre en un intento por concebir un niño prodigio me inscribieron prematuramente en el colegio. No se si su plan les salió redondo.&lt;br /&gt;No soy narcisista pero fui el primero en acordarme de mi cumpleaños.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3635059816923582?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3635059816923582/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3635059816923582' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3635059816923582'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3635059816923582'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/05/no-soy-narcisista-275.html' title='No soy narcisista. (27/5)'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-364294590929016146</id><published>2008-05-15T17:32:00.003-03:00</published><updated>2009-07-23T16:43:22.485-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tres y un envoltorio</title><content type='html'>(Basado en hechos reales de la crónica policial)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En esta prisión se convive entre hombres y mujeres. La separación por género fue implantada en 1978 por el último director de cárceles que no murió en el Penal.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para decir la verdad y aunque no parezca, esta es una historia de amor; rara, es verdad, pero se trata de amor y eso no se puede poner en tela de juicio. Eso es algo que no se puede esconder en ningún lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente es morbosa por naturaleza y esa es la verdad primera y eso viene de un carcelero que ha visto a hombres enormes romper en el llanto sumidos en la oscuridad y pedir por sus madres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entraron aquí por un envoltorio de alfajor que los vendió. Las ironías de la vida a veces te dejan estupefacto. Un envoltorio de alfajor. Algo dulce compartido en un muy mal momento o la distracción de haber ensuciado la vía pública con la vehemencia de una persona completa y finalmente normal. Sólo eso no los hubiese traído hasta aquí y sin embargo lo hizo. Un detalle detectivesco. Un detalle de Sherlock Holmes. Un detalle que una vez más haría sentir mal a Watson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La podrían haber intentado matar cincuenta veces y aun así esta historia sería la misma, no es relevante que hayan sido tres y que Élida haya fallado sus intentos de llevar su amor a lo más lejos que su mente y todas las fibras de su cuerpo le permitieran. Marcos le había pedido mil y una veces que se hiciera cargo de la situación, nunca le pidió de manera literal pero ella lo llevó a cabo y no se le puede cuestionar su firmeza para llevar adelante lo que piensa. No se cuánto tiempo tuvo que esperar ella antes de empezar a desesperarse por pasar tiempo a solas con su amante y no tener en el medio a absolutamente nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cara de Élida hoy es algo tragicómica. Descansa en calma en su celda ahora, sin dejar de pensar un segundo, no sé en lo que piensa pero se nota que piensa, que todos los gestos y estímulos de su rostro indican que piensa. ¿Estará arrepentida, estará feliz? Apuesto a un sentimiento ambiguo, a no saber si está bien o está mal. Por lo general se intenta o se hace el esfuerzo que a veces es en vano, de que todos los que aquí descansan lo hagan sabiendo que deben estar aquí y no en otro lugar. Quizás esté siendo demasiado ético y este mundo ya no tenga lugar para éticas de ningún tipo. Se hace el esfuerzo. Quiero creer que se hace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18 años llevo trabajando en este lugar y es la primera vez que uno de los que están aquí no logró su cometido asesino-psicológico en su primer intento. Tres veces, es de no creer, todo el mundo los mira, son la noticia nueva Élida y Marcos. Una vez lo intentaron ellos, las otras dos lo hicieron a través de otras personas pero de ellos no se sabe nada. Quizás aun se puedan amar acá adentro, están un poco lejos por las separaciones de género que hay acá, pero en una de esas, quién sabe. Por lo menos lograron sacarse de encima cualquier cosa que sentían tener en el medio, tanto como para matarla.&lt;br /&gt;Parece sacado de una película. Casi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que ellos querían era estar juntos y casi lo logran si no fuera por la mala fortuna y algo de mala puntería. No estoy a favor ni en contra de nadie pero desde acá no puedo evitar tomar en cuenta las dos partes de la historia.&lt;br /&gt;La chica que está afuera, no recuerdo bien su nombre a pesar de estar en todos los diarios, bueno, no me acuerdo, vamos a llamarla Patricia. Patricia es contadora creo o algo así. Ella conocía a Marcos hacía 17 años y estaban casados. Tienen una hija de un año. Parecían tener todo lo que muchos quieren y sin embargo no lo tenían y estaban lejos de quererlo, por lo menos uno de los dos.&lt;br /&gt;Son de esas cosas que a veces pasan con el tiempo, de esas cosas que no muchas veces entendemos de la mente humana pero pasan y es así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de Élida estaban tiesos, abiertos, grandes, mirando a un vacío que terminaba en bloques de cemento que iban a ser sus paredes durante un largo tiempo. A veces escribe en una libretita sin rulos que le dejan tener adentro de la celda. Cuando termina de escribir llama a una de las guardias que vigila cerca de su celda golpeando suavemente los barrotes con el lápiz. (Cuentan las guardias del pabellón femenino durante los ratos en que nos cruzamos) Esto lo hacía para resquebrajar el grafito del lápiz y recibir uno nuevo y diferente cada semana. Supongo que la gente aquí adentro necesita de las sorpresas.&lt;br /&gt;La guardia tomaba el papel que Élida le daba y recorría varios quilómetros de cárcel para entregárselo a Marcos. Algunas veces Marcos respondía y otras veces no, pero respondía cada vez, sólo que otras cuantas, algún guardia decía encontrar información reveladora entre líneas y destruía las cartas que se mandaban.&lt;br /&gt;Esto fue así durante un tiempo y creo que los primeros dos años fueron los peores para Élida y Marcos. Quién sabe si hubiesen permanecido vivos de no ser por los ratos en que se veían y parecían perderse en cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé por comentarios de otros guardias que se van a casar aquí adentro. Pidieron hacerlo en la capilla del Penal y habría fecha pactada para el 26 de agosto, dos días después de resolverse el divorcio de Marcos y Patricia allá afuera.&lt;br /&gt;Las cosas son complicadas aquí adentro y no se puede depender de la esperanza. Eso es algo muy peligroso. Realmente espero que cuando terminen de cumplir su condena por algo que en definitiva no hicieron aunque hayan sido tres veces, se puedan volver a juntar y puedan vivir en paz lo que tienen entre los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+++&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-364294590929016146?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/364294590929016146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=364294590929016146' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/364294590929016146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/364294590929016146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/05/tres-y-un-envoltorio.html' title='Tres y un envoltorio'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4734148429677595894</id><published>2008-05-06T14:30:00.006-03:00</published><updated>2009-07-23T16:43:32.248-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Peluzzo's</title><content type='html'>&lt;strong&gt;20 de abril de 1948.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Me levanté de mal rollo y no fue el último whisky de ayer, rara vez me cae mal. Es verdad que el hielo ya casi no estaba en el vaso y el alcohol se había aguado pasando a ser algo que no bajaba del todo bien. Mi mujer estaba limpiando en la cocina y cuando me aparecí por allí no dio muestras de animosidad ni de ningún tipo de entrecruzamiento de su carácter –Por lo general lo suficientemente retorcido como para poner más que una pizca, un manojo de algo que se te mete entre los dientes y pasás mucho rato tocándolo con la punta de la lengua sin poder sacarlo-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé lento hacia la pileta de la cocina a buscar un vaso para tomar agua ¡y me miró y hasta sonrió! (Perdón por el signo de exclamación, no es mi estilo pero su sonrisa se lo mereció) –Me río casi sin pensar, me río para adentro y hasta hago una mueca poniendo los dientes por encima del labio inferior, el mismo gesto que hago cuando a veces miro fútbol-. Algo estaba tramando sin duda alguna y me está tomando por iluso. Voy a inspeccionar por más detalles hasta llegar al fondo del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás podríamos armar un cuarto al fondo de la peluquería y conversarlo con los muchachos durante una sesión de cartas, o mientras miramos a Carlos y Enrique jugar al ajedrez. Deberíamos quitar los cajones de licor para hacer lugar y hablar con Mario para conseguir una mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;21 de abril de 1948.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sin detalles. Gloria no estuvo en la casa durante todo el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;22 de abril de 1948.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Esta situación excede mi entendimiento. Por otro lado no tengo ninguna discusión con Gloria y estos últimos dos días han sido los más felices de mi vida con esta mujer. Este matrimonio pudo haberse salvado desde lo platónico y lo absurdamente irónico. La posibilidad de un affaire curativo podría ser el comienzo de una gran teoría a desarrollar por los periodistas; eso, o de una gran comezón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las llaves no estaban donde siempre y el café preparado por Gloria estaba frío. Revisé la cafetera en busca de algún desperfecto pero funcionaba lo más bien. Las gotitas de café caían a destiempo pero siempre lo hicieron así, desde el año pasado cuando la mancha de humedad invadió el techo y Máximo después nos ayudó a arreglarlo con unas cuantas manos de pintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto tiene otra vuelta de tuerca y lo voy a descubrir. Ahora que miro los enchufes también funcionan bien, les llega electricidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Máximo llamó para avisar que consiguió la mesa de Mario. La esposa de Mario no la cedió con la mejor de las voluntades si es que no lo hizo contra su voluntad, pero la mesa sin duda nos viene bien para profesionalizar aun más las reuniones en el fondo de la peluquería. Queda limpiar y correr los cajones. Lo hago mañana a primera hora. Máximo siempre consigue todo, es siempre el responsable de que las cosas salgan o no, pero el siempre se hace cargo de todo. Va a ser una buena partida de ajedrez, una para la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;23 de abril de 1950.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación quedó perfecta. Rompimos una de las botellas de licor y lo lamentamos y mucho. 200 $ de un perfecto licor tirados a la basura. Traído especialmente, es una lástima. De cualquier forma las cajas quedaron debajo de la mesa. Es una posición estratégica para las noches en las que no se pueda ir a buscar algo para acompañar la noche. Estará ahí, bien cerquita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin reparar en el licor derramado, Carlos y Enrique jugaron por horas hasta que decidieron dejarlo en tablas porque ninguno quería mover nada por miedo a perder, acordaron terminarlo en algún otro momento y espero que lo hagan pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3 de junio de 1950.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han sido mis mejores años. He conversado poco con Gloria y mi vida ha cambiado. Los muchachos de la peluquería me dicen que esto realmente podría funcionar y están de acuerdo conmigo en el asunto de la teoría que sale a colación por lo menos una vez al mes en las sobremesas de ajedrez en el cuarto del fondo. Nuestro matrimonio atroz puede funcionar. No hay discusiones porque no hablamos, no hay encuentros incómodos porque casi no nos vemos y creo que hay posibilidades de que una relación con Gloria se mantenga dentro de estos parámetros amnistíacos y diplomáticos y de que en algún momento logremos hablar con mayor asiduidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;8 de julio de 1950.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hoy vino un hombre, un cliente. Egocéntrico, infeliz, contento, quita mujeres, buscapleitos, en fin, el amante de Gloria. Dijo no conocerme repetidas veces y habla de una mujer tan quisquillosa, pomposa y enamorada como Gloria en nuestros buenos años, nuestros primeros años! Habla de sus vestidos, habla con la tranquilidad de alguien que no tiene idea con quién habla y no hay otra mujer capaz de llevar esos engorrosos vestidos con la tranquilidad y desvergüenza que solo ella sabe tener y el dice que ella tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Hijo de puta! Debería llevarlo a duelo en cuanto confirme la veracidad de esta teoría que los muchachos ya verifican y asienten con algo de vergüenza y hasta les cuesta bastante mover la cabeza hacia arriba y abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ninguna de mis tijeras se acercarán a ese pelo ni el talco caerá sobre su nuca! ¡No habrá corte de cabello para ese hombre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las tijeras son un regalo de casamiento de mi padre. Por esa época ya era peluquero. Peluzzo’s todavía no existía pero la madre de Gloria ya no estaba de acuerdo con mi vocación, decía que no era rentable y cómo su hija se podía casar conmigo. Qué le puedo decir que no termine por darle la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy se lo tomó muy extrañamente y creo no fue difícil echarlo de la peluquería argumentando que no éramos machistas sino los primeros feministas en el barrio y su persona no era bienvenida. Arremetió que volvería por su honor y espero que lo intente. No creo que se haya creído la pantomima y no sé cuánto demorará en volver pero lo estaré esperando. Creo que la alevosía nos vendió y dudo que no sepa de quién se trata. Creo que ya sabe quién soy si es que no lo supo desde un principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;9 de julio de 1950.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana estuvo tranquila. Carlos y Enrique jugaron al ajedrez en medio de unas cuantas discusiones acerca de las posibilidades de movimiento de las piezas, además de pelear por posturas políticas y películas que han visto. Terminaron aquel partido que habían dejado en tablas, lo ganó Enrique en un tonto movimiento de Carlos en el que dejó desguarnecido al Rey y Enrique lo aprovechó. En realidad Máximo miró el partido aunque con cierto desinterés. Se concentró más en una poca creíble imitación de Groucho en una escena con un espejo que no estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Máximo Escucha jazz del bueno, el de 1915. A veces se pierde en el ruidillo del tocadiscos y muchas otras nos perdemos todos en ese mismo ruidillo. Muchas veces cuando viene gente de afuera también se pierde en ese ruidillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 2 de la tarde apareció este hombre otra vez. Ha vuelto y eso demuestra hombría. Aun respetándolo no habrá corte de cabello. Logramos ahuyentarlo con argumentos poco precisos y algo divagados. Nuestra actitud y mi notable enojo le hicieron retroceder mientras gritaba en medio de la calle que volvería cada día hasta que su cabello estuviera corto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo más comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;10 de julio de 1950.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El hombre no vino pero Gloria fue el animal claustrofóbico que supo ser durante nuestros peores años y más aun desde el incidente del ‘45 con el elefante en el zoológico de la ciudad. El café frío regresó, los maltratos, las discusiones desargumentadas, etc. todo el condimento de un matrimonio putrefacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El infeliz debe haber abierto la bocota y eso volvió loca a Gloria. ¡Hijos de puta! ¡Lleven su amorío de mierda a otro lado! Primero tendré mi venganza. Quisiera reírme. No quiero ni pensar en su golosa confidencialidad ni en los toqueteos y besuqueos como los de los jóvenes italianos que no dudan en aullar en medio de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maldita sea este matrimonio y a las tijeras que no se van a acercar a este infeliz. ¿Quieren jugar? ¿Quieren hacerme la vida imposible hasta el punto que decida matarme? No me van a ablandar así nomás. Voy a pelear esto hasta las últimas consecuencias como había hecho Rocco en el ’42 contra aquel Gringo en el Palermo. Casi una hora de pelea, 15 rounds. La noche de la campana quebrada. No voy a desmoronarme. Juguemos si es que quieren jugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;11 de julio de 1950.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empiezo este día con enorme satisfacción. Hoy tampoco pudo cortarse el cabello y eso nos dejó contentos a los muchachos de Peluzzo’s. Tanto que hasta vimos el partido en horario de trabajo mientras enderezaba un par de bigotes y recortaba otro par de barbas. Todos estábamos de acuerdo en que la barba de “El Barba” Jorge es inigualable y que es un error que se la saque cada semana, cada domingo. El ritmo de crecimiento de su pelo debería ser estudiado aunque eso pudiera provocar un avance de la ciencia o de algo que me deje sin negocio. Mejor no, dejémoslo así, dejemos que Jorge siga recortándose la barba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gloria está cada vez peor y ahora me esconde las llaves y paso 15 minutos buscándolas antes de salir a trabajar. Los muchachos me esperan recostados en la reja hasta que llego y explico lo que sucede hasta que ya no tengo que explicar y todos asienten sabiendo de qué se trata. Gloria pasa por la puerta de la peluquería gritándome sin vergüenza: ¡Adío Peluzzo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto no hace más que impedir el diálogo. No puedo creer que me ponga diplomático, debería ser ella la que ponga atención a la problemática. Yo solo defiendo lo que creo correcto. Empiezo a pensar que un corte de cabello pueda ser la salida. No quisiera tirar la bomba. Esta es la mejor salida; un tijeretazo y listo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;15 de julio de 1950.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gloria me hace la vida imposible y esto tiene que parar. El amante vino dos veces y pudimos contenerlo pero no por mucho más y ya empiezo a mirar la situación desde más lejos mientras observo las tijeras con algo de detenimiento intentando resolver de alguna manera esta insalubre situación. Creo que voy a desistir antes de volverme completamente loco con este matrimonio.&lt;br /&gt;Máximo ya habla con su mujer de mi situación y creo prefiere ni escuchar de estas peripecias y sobresaltos de un Peluzzo con problemas maritales. No la culpo, ni yo lo quiero hacer, pero es la historia de mi vida. Espero que no lo hablen justo antes de acostarse, no soy lo suficientemente importante como para formar parte de eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre, el viejo Peluzzo pero no el primero, también tuvo sus problemas. Se llamaba Elisa pero no vale la pena meterse en ese tema. Es un asunto que viene desde lejos, casi desde el primer Peluzzo quien habría engañado a la por aquel entonces reina del pequeño condado de Modena con una de las limpiadoras del castillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio comienza a enterarse y tomar parte de todo esto y no conviene que esto suceda o seré en breve el hazme reír de toda la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy preparado para hacer lo que sea para detener esto. Ya no se puede seguir y esto merece un final de algún tipo aunque a mí no me convenza para nada. Esta será la última de mis entradas antes del final. Tengo que hacerlo o tendré que matarme y eso no es una posibilidad viable. Volveré a escribir cuando haya terminado con este lio. No puedo seguir derrochando tinta en esta mujer y empiezo a pensar en las duras y casi últimas palabras del viejo Peluzzo sobre las mujeres: “Le donne sono sempre una complicazione”. No es que hay dicho algo nuevo ni revelador pero sin duda alguna tenía razón. El viejo siempre tenía razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós y hasta que este asunto esté acabado. Y suerte para mí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Filippo Peluzzo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;20 de julio de 1968.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo esto con un sentimiento ambiguo. Casi veinte años después. Encontré una fotografía mía con los muchachos en la puerta de Peluzzo’s. Era 1949, empezaba todo aquel lío del amorío de mi mujer, que en paz descanse. Por las que me hizo pasar aquella mujer, dios mío. En fin. Me causa un pequeño ardor sólo de pensar en aquella época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en el momento justo y por eso me siento feliz. Sin embargo la vida me las fue cobrando, pero está bien, estoy de acuerdo. Recuerdo que la mujer de Máximo ya no lo dejaba venir a la peluquería ya con el asunto resuelto y eso me había puesto bastante nervioso y un poco testarudo. Máximo fue al funeral de Gloria y a veces sale de la ciudad para acompañarme seguido en mi enfermedad que viene y va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El galpón de la peluquería se había convertido en mi dormitorio y pasaba una gran cantidad de noches allí cuando no lo hacía caminando por el barrio. El piso ya no fue el mismo con todo ese pelo esparcido por el lugar. Le corté el pelo y fue lo mejor que pude hacer. Hacer feliz a una mujer aunque ya no fuera mía. Era lo último que me quedaba y así fueron mis propias últimas órdenes antes de irme de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Che divide un raggio a me! me hizo acordar… me olvidé las tijeras en el galpón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#999999;"&gt;+&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4734148429677595894?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4734148429677595894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4734148429677595894' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4734148429677595894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4734148429677595894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/05/peluzzos.html' title='Peluzzo&apos;s'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-8485133368150593062</id><published>2008-05-02T11:04:00.006-03:00</published><updated>2009-07-23T16:43:46.201-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Reflexiones'/><title type='text'>Optimistas. (Manifiesto)</title><content type='html'>She's a rainbow y todos los colores se mezclan en algo que despierta la sensación de infancia que está buena y que mantiene los ojos abiertos y la cabeza en alto. Bueno, después de dormir bien y descansar como algún dios manda, me dedico a la persecución del placer. Una vocación un poco egoísta, es verdad, pero en el último lecho sé que no me voy a arrepentir de haber vivido como sea que me pinte. La gente siempre quiere hacer algo diferente y termina haciendo lo mismo que todo el mundo y es un poco lo que está pasando y eso no puede durar un segundo más. A partir de hoy o de cuando sea que pinte la búsqueda del placer me conducirá a la felicidad, o por lo menos me llevará bastante cerca, lo suficiente como para no admirar el cantar de un pajarito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuck the bird!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No levantaré banderas ni gritaré proclamas, no perderé el tiempo en firmar ideologías, las tendré conmigo y te las contaré y podrás estar de acuerdo o no y eso estará bien, pensaré siempre en que siempre se puede estar mejor y no peor, inventaré historias y las contaré y si hay alguien del otro lado que las quiera escuchar volveré a empezar para que no se pierda ningún detalle. Esperaré a que el mar esté manso mientras miro la playa en el bautismo del verano, no me importaran los turistas en las vacaciones, seré uno y disfrutaré de cada balneario como si nunca hubiese ido. No me importará la amargura del guarda en las mañanas pero elogiaré la amargura del mate cuando me lo conviden. Buscaré los mejores bizcochos de la ciudad y me tomaré el tiempo de decir que esa es la mejor panadería. Me gustará lo que hago y perderé todo el tiempo que quiera en hobbys que es probable que no me lleven a ningún lado, no me importa, escribiré sobre cosas tristes y sobre cosas hermosas sin darle lugar a la muerte a que de su opinión, escribiré sobre la felicidad que es la que se merecen y la que me merezco. Encontraré mi exorcismo en otros lugares aunque me lleve la vida encontrarlos, tampoco me importa tanto, borraré cada mancha y daré tributo al título que lleva este blog y lo convertiré en filosofía, erase the ink and write again. Erase it all over if you need it, or make of it a signtaure if you'd wish to. La mañana será el mejor momento del día igual que la tarde y la noche y la media tarde cuando haga el segundo mate y coma algo rico. Te escucharé porque tus pensamientos y tus palabras son poderosos. No habrá momentos de amargura que me agarren imprevisto, esos momentos me los tomaré cuando lo desee y los crearé yo mismo para que los detalles de esa tristeza que surga no me desborden. I'll experience on everthing I like, oh yes I will. I'll have no direction home, be like a Rolling Stone and feel great about it.&lt;br /&gt;Así que si me querés acompañar, you know you can be my partner in crime.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-8485133368150593062?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/8485133368150593062/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=8485133368150593062' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8485133368150593062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8485133368150593062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2008/05/optimistas.html' title='Optimistas. (Manifiesto)'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2132927690874032321</id><published>2007-11-25T21:59:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:44:11.832-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Un traje para mi muerte.</title><content type='html'>Entré con un traje negro, de eso me acuerdo. Qué estúpido que fui. Una noche alcanzó para darme cuenta de que mi alter ego me había abandonado. Es extraña la vida, no lo digo por lo extraño de los acontecimientos ni por este lugar, sino por lo rápido que suceden las cosas; casi como si alguien bajara un interruptor de luz, el tiempo pasa. Un taxi amarillo con problemas mecánicos bastante obvios me dejó acá. Una persona blanca, toda blanca, me acompañó agarrándome del brazo como si fuese un niño inquieto. Veintisiete escalones hasta la puerta. Veintisiete de ida. Rodríguez ya estaba gritando, por favor calláte. Apenas un resplandor lunar entraba por la ventanilla a unos centímetros de mi cabeza. Mi habitación era la misma donde había dormido durante tres años, una casa nueva. Antes habíamos vivido en otros lugares en esta misma ciudad, aunque este lugar parezca una ciudad entera totalmente desconocida. Ya la estoy conociendo y no es fea, solamente que no es mía. Rodríguez no se callaba, ya vendrían por él y volvería el silencio. Es un elemento de gran importancia, el silencio digo, puede ser un amigo o no. Yo podría enseñarte si quieres. No, tu no querrías saber. No vengas nunca. Dibujé tu cara el otro día. Me hizo sentir bien. Sos linda, pero yo no sé dibujar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de unos cuantos pasos me inquietó. Quizás fuera el desayuno, o el tiempo de ver tele. Antes miraba mucha, ahora ya no tanto y además no puedo elegir el programa, sólo dejan un canal y todos miran como idiotas. Así se aprende a hacer otras cosas. Yo elegí mirar por una ventana. La tercera, tenía vista a la calle. Una señorita cruzaba a hacer una llamada a las dos p.m. siempre a la misma hora. Todavía no sé por qué pero tengo mis hipótesis. Muchos aquí te dirán que están bien pero no deberían; gusanos. Yo estoy bien. Una persona azul me llevaba a mi habitación. Allí tenía mis libros. Cuatro libros. Los leí y todavía están acá. Los necesito, aunque solamente sea para verlos. Lomos brillantes, hojas olorosas que desprenden tanta melancolía. Para qué me los habré traído. Ojala desaparecieran. &lt;br /&gt;Rodríguez vivía a continuación. Tenía algunos problemas y necesitaba pastillas, cuando las tomaba estaba bien, pero las necesitaba mucho. Era un buen tipo, todos lo éramos. Una silueta de buen hombre y el interior fugaz que se retiraba y volvía. Inútil. No había reconciliación mental posible, no había. Las noches son lentas, todo depende de una buena almohada, las de acá son asquerosas. Uno se acostumbra y es muy difícil desacostumbrarse. A la fuerza todo se desacostumbra, todas las sensaciones cambian a algo más alienígena. No es que me moleste, es solamente que quisiera que estuvieras aquí. &lt;br /&gt;Hay que crecer dicen. Que se vayan todos a la mierda. Pero es algo bueno, sí lo es. Poder de convencimiento le dicen; o repentinamente darse cuenta de que simplemente es lo que hay (usando un término conocido) y lo peor de todo, que así lo quisiste. Ingresé aquí voluntariamente. No lo veo como algo malo, pero la gente es contradictoria en su naturaleza, no lo puede evitar. Quieren y no. Decídanse mierda!. &lt;br /&gt;Recuerdo ir al médico con mi madre. Este es un buen ejercicio aunque un poco egoísta, pero no me importa. Sentado en esas sillas múltiples te das cuenta de que hay otros que están muy mal. Mucho peor. Muertos. Tu estás sano y con un una rabieta por alguna idiotez que hace de tu minúsculo universo un verdadero infierno. Pues levanta ese culo, ponte de pie y retírate con orgullo, imbécil!. &lt;br /&gt;Tengo recuerdos de revolución ¿Dónde está esa fuerza que tuve alguna vez? Creo que está en una mujer. Allá quedó. Luchar era hermoso. Tu piel, tu mente y un puño izquierdo bien cerrado alzado en contra de algún tirano que inventamos para poder gritarle. Le voy a dibujar estrellas al techo, y una luna. Tu cara ya está. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo es lento. A veces es rápido pero por lo general es lento. Me dijeron que no tendría tiempo, quisiera irme, lo tengo de sobra. A veces la gente habla por hablar. Siempre se responde que sí intentando encontrar la paz o la seguridad necesaria para no vivir con esa incontrolable presión en la garganta. Pero es inevitable sentirla. La soledad logra eso. El silencio que acompaña y retumba en esa soledad lo consolida y buscás una llamada que no está. Quisiera irme ya. Un hombre azul que firma cosas es el que decide eso. No tu, no pelees. Quizás sea algo bueno, seguro que sí, pero no parece. Despertarse no es igual para todos. Uno aquí, otro allá. Se abren los ojos de otra manera. &lt;br /&gt;Faltaba poco para ese rato de televisión que quizás me devolviera la calma. Mi ventana encontraría a esa señorita. Son tres menos diez, todavía no apareció. Qué le habrá pasado. Espero que esté bien. No debe necesitar pastillas. Rodríguez miraba la pantalla como hipnotizado, pobre. Los hombres azules miraban a lo lejos. Algunos hablando entre ellos, seguramente de nosotros. Los demás descansaban cabizbajos buscando otra vida, pero lo que toca, toca. La sutil experiencia de aceptarlo es lo que lleva su tiempo. A veces nunca se logra. Quisiera no sonar resentido pero tiende a suceder bastante seguido. Es difícil lograr comandar el barco. Por lo general uno solamente rema, bien fuerte. Otras veces la corriente es demasiado testaruda. Basta de metáforas inútiles y perversas que sólo buscan el romanticismo necesario para aguantar en cuerpo de poeta. &lt;br /&gt;La noche está casi terminada, algunas estrellas más y listo. La luna no está llena y hay una estrella más brillante que el resto.               (Por fin logré conciliar el sueño)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;muevo para otro. Me acomodo en un sector y me&lt;br /&gt;Muevo la almohada para un lado. La aprieto, la&lt;br /&gt;vuelvo a acomodar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodríguez está muy callado, me pregunto si estará bien. No han habido señales de los hombres azules. Bueno, será cuestión de esperar. Terminé la noche. Es linda. Me la van a borrar tarde o temprano y volverá a ser día y llegará mi muerte. Qué más da, en algún momento debe acabarse. Otra vez son las tres menos diez y la señorita no hizo su llamada. Podría ser una mera coincidencia o podría ser fin de semana. Salgo por el pasillo detrás de un hombre azul y Rodríguez ya no está. Se habrá puesto bien. Me empezó a preocupar. Quisiera irme ya. Seguimos por el pasillo usual hasta llegar a una intersección donde se juntan los zócalos de las paredes en la zona inferior de la construcción. Doblamos a la derecha. Los hombres azules sólo miraban hacia delante marcando el ritmo. Algunas ventanas comenzaron a aparecer sobre la izquierda. ¡Rodríguez! Vi a Rodríguez! Me abalancé sobre una de las ventanillas y comencé a golpear el vidrio, asumo indestructible. Los hombres azules me golpearon a mi, débil. Recobré el sentido unos metros más adelante. Unos hombres azules y otros blancos me ponían una corbata negra. Un espejo delante de mi me hizo testigo de una crepita situación. (Nunca supe a quién llamaba) otro como yo esperaba al costado de una puerta. Entré en pánico. Odiaba los trajes y estaba vistiendo uno hermoso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2132927690874032321?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2132927690874032321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2132927690874032321' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2132927690874032321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2132927690874032321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/un-traje-para-mi-muerte.html' title='Un traje para mi muerte.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4915672247667512616</id><published>2007-11-25T21:56:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:44:21.870-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Mientras hablabas solo.</title><content type='html'>Venía mirando una estrella que brillaba solitaria en el cielo de un ocaso lejos de casa. Así era la soledad supuse, aunque creo que nunca se está seguro. Me senté en un banco de una plaza a mirar a los niños jugar, a tratar de que algún recuerdo volviera a mi cuerpo. Necesitaba de una nueva inocencia. Un niño se hamacaba mientras otro daba un empujón inútil. Una niña peinaba el pelo plastificado de una pequeña muñeca de cara fordiana. Yo miraba mis championes rojos bajando la cabeza en un intento de esconder una vergüenza que quizás ni estuviera ahí. Nunca supe por qué estaba sentado, en ese banco, en aquella plaza. Ahora que lo pienso debería pararme y empezar a caminar. ¿Qué hacían esos niños jugando tan tarde en un lugar así? ¿Dónde estaban sus padres? Qué hacía yo allí por ese caso. Una estrella me había dejado ahí. Quizás alguna otra me llevara hacía algún lugar diferente, nuevo, desconocido y de vuelta hasta aquí. &lt;br /&gt;Los niños ya no estaban. Ya nadie jugaba. Yo miraba otra vez el suelo, unía las puntas de mis pies, las separaba y volvía a mirar hacia delante. Me paré pasando cerca de una señora que llevaba sus compras en un carrito de supermercado, las bolsas blancas resplandecían a la luz de un faro que se paraba iluminando lo que había. Caminé un rato por la misma calle que daba al parque hasta llegar a un almacén que se divisaba a lo lejos. Un cartel de Tome Coca-Cola servía de bolla en aquel mar tranquilo, oscuro. Seguí hasta el fondo del local hasta una heladera y con mi zurda agarré una cerveza. Estaba fría, sudaba, mi mano sintió el frío. Pagué y salí para seguir a la deriva en un bote sin remos. Las ciudades tienen una extraña corriente, es peligroso dejarse llevar pero una vez cada tanto es hermosa la sensación de libertad espontánea que el asfalto de la urbe puede dar. Semáforos inquietos, edificios levantados, luces en las ventanas. A veces no alcanza la pregunta. ¿Qué cruzará por las mentes de esas personas en aquellos pequeños apartamentos? ¿Dolor, amor, necesidad, ira, lujuria, y algún que otro pecado o sensación de ruptura con el sistema?. Quizás fuere un tanto hipócrita, nunca me importó, pero la pregunta sigue en pie. Entonces una pequeña calle arbolada me acompañaba. Iluminada entre las ramas, la calle se llenaba de blanco, la luna impaciente observaba desde lo alto y dos pies rojos andaban en la mar.&lt;br /&gt;Un taxi pasó apurado, amarillo, esquivando algo, marcando absurdamente mi existencia; también lo hacía mi sombra a donde fuera. Ya no quedaba más que el fondo de aquella botella y tuvo que quedar atrás, a los pies de un árbol que esperaba compañía, así la tendría. Mis pasos un poco torpes sonaban imperceptibles y sentí el sudor debajo del brazo que no era frío. El centro de la ciudad se acercaba. Me senté en un escalón de un edificio mirando mis pies. Juntaba la punta de los championes, las separaba y volvía a levantar la cabeza. Mis dedos se juntaron por primera vez en aquella noche y mi boca suspiró entre ellos. Logré pararme mirando hacia la ciudad y giré cerrando los ojos. Una llave abrió la puerta y no tuve más opción que entrar. Dos pies rojos dejaron de andar una noche de luna y entre el mar y la libertad se quedaron.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4915672247667512616?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4915672247667512616/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4915672247667512616' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4915672247667512616'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4915672247667512616'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/mientras-hablabas-solo.html' title='Mientras hablabas solo.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-1327191316147101159</id><published>2007-10-25T22:00:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:44:32.875-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Tizas.</title><content type='html'>Para Checha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca había visto a una persona muerta. Era mi primera noche y me tocaba ver lo peor, era una suerte de bautismo lógico del aprendiz. Rodríguez me enseñó la dirección y caminé unos metros hasta llegar a la boca de un oscuro callejón. No lograba ver mucho, el resplandor de las luces de los patrulleros y la gente y las cintas amarillas bloqueaban gran parte del espectáculo circense. La ciudad no se aquietaba ni lloraba, seguía su ritmo normal, desesperante, presuroso, intranquilo. No cambia en la muerte. A veces queda la sensación de que la urbe hace licencia de luto. Pero no.&lt;br /&gt;-Buenas noches Rodríguez.- Era él. Viejo, agotado, barba de tres días, fumando, saco largo.&lt;br /&gt;-Que tal niño. Está fría esta noche. Ve por allí, tené cuidado donde pisas querés?&lt;br /&gt;-Gracias Rodríguez… Señor.&lt;br /&gt;El frío me hacía temblar y los nervios acumulados de esa vez inicial me hicieron sudar. El agua congelada que se pegaba al cuerpo me hizo pensar dos veces el tener que acercarme por aquella angosta callejuela. Podría ser yo ahí tirado, un día me podía tocar a mi, inerte, arrojado allí nomás sin razón aparente sobre el húmedo asfalto de esta ciudad de mierda con las ropas rasgadas y la piel rota. Subí una pierna por encima de la cinta amarilla y luego la otra, me cubrí con una mano el reflejo de las luces que golpeaban en mi rostro y continué con la caminata mortuoria.&lt;br /&gt;-Buenas noches chico.- Me dijo un oficial que aseguraba la zona. Chico, así era. Un mero aprendiz en su primer cuerpo, así le decían ellos. Chico. Era casi vergonzoso, yo podía ser uno de ellos, se creían la gran cosa. Y yo era simplemente una bolsa con tizas, habría que esperar. Ya verían.&lt;br /&gt;Finalmente llegué al cúmulo de adoquines que aguantaban el cadáver de un joven. Ahí, solo, sin vida. Un apretón en la garganta me atacó rápidamente. El joven muerto parecía tan solo un niño, estaba degollado y permanecía con una mirada sólida. Nadie se tomaba la decencia de cruzar una mano enguantada por su cara, quitándole de una vez la sensación de siniestro espectador. &lt;br /&gt;-Por favor..- Recé en busca de algo que sostuviera mi cuerpo. Me apabullaba la desinteresada postura de los oficiales que mantenían el perímetro de un asesinato. Todos con la cobarde afirmación aunque impropia de yo no fui. Dibujé entonces cuidadosamente, el contorno de su entidad. La cabeza, los hombros, brazo izquierdo, pierna, entrepierna, pierna derecha, cintura, brazo. Debajo de su brazo derecho pude ver que había un trozo de papel, parecía evidencia, saqué unas pinzas que había robado de las herramientas de la oficina. Lo tomé; no se por qué. Me enfermaban las caras de todos esos hijos de puta mirando hacia un cuerpo ya sin vida. Guardé el pequeño impreso en mi bolsillo. Me aseguré de terminar el contorno y metí lo que restaba de tiza en su bolsa y me paré haciendo un esfuerzo en los tobillos. Aun tenía una sensación de nauseas en la garganta y el fétido olor se quedaba conmigo. &lt;br /&gt;-Buen trabajo hijo. Lávate las manos en aquel baño y ven conmigo. Iremos por un café. &lt;br /&gt;-Gracias Rodríguez, señor.&lt;br /&gt;-Dejáte de joder con lo de señor querés? &lt;br /&gt;-Si, seguro.&lt;br /&gt;Rodríguez me miraba con inocencia, como albergando a un estudiante bajo su tutela. Abrí la puerta de plástico del asquerosos baño improvisado que estaba ya casi sobre 18 de julio. Lavé mis manos con fuerza, me sentía sucio. El polvillo de la tiza blanca se mantenía impregnado. No quería salir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodríguez se sentó frente de mi. Pedimos café negro. &lt;br /&gt;-Te sentís bien Díaz? &lt;br /&gt;-Sí, fue una experiencia extraña, nada más. &lt;br /&gt;-Tranquilo. Es la primera vez, luego de unas veces más, será tan sólo eso. Vamos Díaz, qué querés ser? &lt;br /&gt;-Qué importa eso con haber visto a un joven muerto.&lt;br /&gt;-Era un joven entonces?- Miré a Rodríguez con ganas de insultarlo fuertemente, pero no pude decirle nada. El café comenzó a bajar suavemente y el sol no iba a salir hasta dentro de unas horas. &lt;br /&gt;-Mirá Díaz.. el trabajo de detective no es nada fácil. Créeme, te querrás quedar con lo que tienes.- Encendió un cigarrillo. Ese hombre fumaba para acortar su vida. Camels, encima con lujos, viejo de mierda. &lt;br /&gt;-Dónde viste que yo quería ser detective?.&lt;br /&gt;-Querías Díaz? Una simple pregunta desarmó toda tu carrera?. Lo vi en tu expediente, tengo acceso a esas cosas y quería saber de vos… entonces, querés o no?&lt;br /&gt;-Si claro. Es lo que pretendo de mi carrera. Pero este es un comienzo no?&lt;br /&gt;-Si tu lo dices. Vamos tomá tu café que nos vamos a la comisaría, hay que hacer papeleo por el cuerpo. &lt;br /&gt;Yo no quería más que descansar, unos metros de línea blanca me habían destruido. Ese joven todavía estaba en mi cabeza.&lt;br /&gt;-Qué tienes ahí?- Preguntó Rodríguez.&lt;br /&gt;-Dónde?- Me puse nervioso. No sabía a lo que se refería. De qué hablaba, no podría saber que tenía un trozo de evidencia en mi bolsillo. Asumo que comencé a sudar. &lt;br /&gt;-Ahí Díaz, por favor mirate!.- Y lo vi. En la punta de mis dedos aun quedaban restos de tiza.-Es tiza, no importa.- Pude haberme entregado ahí mismo. Pasar el resto de mis años en cana. Que pelotudo que soy. Me levanté de la mesa tomando la taza y tomé lo que quedaba de café. Rodríguez mantuvo la mirada sobre mi.&lt;br /&gt;-Bien, vamos.- Dijo Rodríguez con algo de sorpresa y se levantó seguido de mi. La ciudad estaba fría, como el cuerpo que debía estar viajando incompleto hacia la morgue. Lo volveré a ver? Ya no importaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miércoles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté sobre la mañana de un nuevo día. Seguía frío, aun se mantenía el invierno sobre la ciudad de Montevideo. El espejo fue cómplice de lo que había sucedido y que ahora tan solo parecía un mal sueño. Lavé mi rostro con agua y me preparé para dirigirme a la comisaría. Quizás nadie supiera. No había nada que saber. Me vestí y me puse la campera de oficio. En el bolsillo aun estaba el trocillo de papel. Seguía allí. Lo tomé con cuidado y lo puse en una bolsa de ziploc que tenía en la mesada de la cocina y lo guardé donde estaba. Salí al pasillo y cerré la puerta tras de mi. El tráfico estaba pesado. Demoré en llegar al trabajo. &lt;br /&gt;Entré en la comisaría y Rodríguez me esperaba algo apurado. &lt;br /&gt;-Dónde estabas Díaz?&lt;br /&gt;-El tráfico, ya sabes cómo es.&lt;br /&gt;-No no sé, llegué en hora. Levantate antes Díaz.&lt;br /&gt;-Perdón señor, será la última vez.&lt;br /&gt;-Oíme, basta con lo de señor escuchaste? Que te hayan puesto a mi lado es algo importante para vos y aparentemente para mi también así que no nos compliquemos la vida, está bien? Mirá y aprendé.&lt;br /&gt;-Esta bien Rodríguez, no se preocupe. &lt;br /&gt;-Listo. Vamos.- Caminamos casi corriendo pasando Asuntos Internos y nos dirigimos hacia la morgue. Rodríguez abrió la metálica puerta y entramos. &lt;br /&gt;-Buenos días Carletti, cómo está?&lt;br /&gt;-Bien Rodríguez, con mucho trabajo.- Respondió Carletti, otro viejo amargado por la vida y por el trabajo, supongo que ya tenía mayor interés en lo exánime que en lo viviente. Se debía llevar bien con Rodríguez, parecían dos hombres de la misma calaña. &lt;br /&gt;-Este chico es Díaz.- Estreché mi mano con su mano fría. &lt;br /&gt;-Qué tal Carletti?- Dije intentando romper con lo incómodo aunque fuera solamente mía la sensación.&lt;br /&gt;-Vamos.- Dijo el hombre de la morgue y nos dirigimos hacia el fondo de la gran habitación de habitaciones. No sé si por estar ya falto de espacio o si el crimen no para. -El crimen no cesa.- Gritó Carletti avanzando por el centro de la sala. Supongo que era una ironía de la falta de espacio y del poco dinero que disponía el departamento ahora que estaba el gobierno progresista. -Este chico vino con el cuello abierto. Similar en el corte a un cuerpo que entró en la noche del lunes. –Veamos.- Se abrió una heladera horizontal sacando un cuerpo al aire. El mismo joven de la noche anterior salía del negro agujero helado. &lt;br /&gt;-Atendé Díaz, con cuidado, agarrá ahí.- Dirigía Rodríguez mis acciones. Viejo salame, lo empezaba a odiar, aunque sabía que era mi pase a criminología. Vimos los dos cuerpos. Tenían el mismo corte en la yugular. El tipo sabía donde cortar. Hijo de puta. Sabía que era hora de entregar la mierda que venía cargando desde anoche, pero simplemente no podía. -Tienen el mismo corte.- Dijo Rodríguez. –Se nota acá, mirá Díaz, desde la parte ésta, justo debajo de la oreja derecha, pero no termina de cortar, nunca llega hasta la oreja izquierda.- Me tomó fuertemente de la parte superior del torso y me agarró el cabello tirándome hacia atrás y desarrolló el ejemplo de corte.&lt;br /&gt;-Debía estar parado sobre la izquierda de la víctima. Supongo que debe atacar desde esa posición por alguna razón en particular. &lt;br /&gt;-Soltame.- Le dije a Rodríguez nervioso. -Tranquilo chico, es solamente una demostración. Crees que te voy a matar?- El idiota de Carletti miraba con una sonrisa. Maldita complicidad que se tenían, lo detestaba, dos viejos arruinados, tampoco me sorprendía.&lt;br /&gt;-Hoy debería volver a atacar.- Dije oportunamente. Los dos quedaron en silencio. Sabían que sucedería, era la cronología lógica de eventos. &lt;br /&gt;-Vamos Díaz, hablás demasiado. Tenemos que pasar por la oficina del Capitán a conversar de este asunto tuyo del asesino. Adiós Carletti.&lt;br /&gt;-Cuidate Rodríguez.&lt;br /&gt;Salimos apurados de la morgue, me paré delante de Rodríguez en un intento de defender lo que había dicho allí dentro. No era en vano, era el precio a pagar. &lt;br /&gt;-Me crees no? No estoy diciendo esto por decirlo. Tenemos dos cuerpos con el mismo modus operandi, querés mirar a un costado?.&lt;br /&gt;-Escuchame Díaz. Te creo, pero sos el pendejo de la tiza, no lo podés decir así nomás al aire, como si tuvieras la razón absoluta cada vez que abrís la boca. Seguramente te darán el pase para lo que querés y a mi me dejarán en este hoyo.&lt;br /&gt;-Querés un trabajo de escritorio, es eso?&lt;br /&gt;-Callate pendejo!. No tenés idea de lo que pasa en la calle, sos nada más que un niño con la idea de que esto es igual a un juego.- Me callé, en fin, era momento de cortar por lo sano. Era nada más que un viejo débil, quizás herido de alguna guerra. Estaba bien. No sabía yo lo que era la calle, pero alcanzaba, al final nadie sabe lo que pasa, todo se juega a ciegas, a ver qué hay. –Vamos chico.- Dijo Rodríguez al final.&lt;br /&gt;La oficina del capitán parecía un lugar para quedarse a vivir. Entendí el enojo de Rodríguez por lo que había dicho antes. Cuadros familiares, algún diploma que seguramente era una cuestión de ego, lapiceras caídas y un enorme cenicero a un costado del escritorio de madera elegante. “Capitán Eugenio Sánchez”&lt;br /&gt;-Qué tienen? Preguntó el Capitán Sánchez. &lt;br /&gt;-Bueno…- Iba a hablar Rodríguez pero interrumpí fuertemente.&lt;br /&gt;-Tenemos un homicida en serie.- Sánchez suspiró con fuerza. Miró fijamente, y no dijo absolutamente nada. –Tenemos dos cuerpos con el mismo modus operandi y estamos de acuerdo en que se podría tratar de un asesino serial y que deberíamos estar al tanto del caso. Podría atacar otra vez esta noche. Rodríguez me miraba fijamente, habíamos interrumpido con una piedra en el zapato del señor que miraba detrás del escritorio.&lt;br /&gt;-Tenés un pendejo arrogante.. eh.. Rodríguez?- Volvió a suspirar.&lt;br /&gt;-Capitán, el chico podría tener razón aunque no creo, todavía es un pibe de tizas. Es un caso suelto y todavía es muy pronto para decidir nada. &lt;br /&gt;-Bien Rodríguez, el caso es tuyo me oíste. Es tu culo no el mío y llevate al pendejo. Podría aprender algo.. no te parece?.&lt;br /&gt;Me habían traicionado, o al menos así lo sentía. Todavía tengo mucho poder en el bolsillo. Salimos de la oficina. Caminamos unos metros y no faltaba mucho para la increpa de Rodríguez. &lt;br /&gt;-Escuchame pibe. Quién carajo te crees que sos… (Suspiró unos segundos, sosteniendo un cigarrillo entre los dedos mientras se tocaba la nariz con esa misma mano) Tenés huevos eh.. eso te lo doy. Andate para tu casa. Si pasa algo yo te aviso. &lt;br /&gt;-Me jodiste ahí adentro.&lt;br /&gt;-Nada, callate, aprendé, no podés tirar esa así nomás como si anduvieran por ahí, sueltos, queriendo matar a medio pueblo!.&lt;br /&gt;-Esperá y vas a ver Rodríguez.- Me di vuelta y caminé hacia la puerta de la Comisaría. –Nos vemos esta noche!.- Grité al salir. Era mi firma de odio de el hacia mi. Caminé un rato para descansar aquella discusión. Veía la ciudad expectante. Esperando sangre. Vendría, no me preocupaba por eso. Rodríguez era un iluso, la muerte estaba a la vuelta de cualquier esquina, el lo sabía pero no quería arriesgar su trabajo y eso estaba bien, pero no para mi. Yo era un chico, como ellos decían y no me importaba, sería un chico con huevos. Lo verían. &lt;br /&gt;Mi apartamento estaba a unos metros. Subí y me tiré en la cama. Dormí. Sonaba el teléfono impertinente. Me desperté y atendí.&lt;br /&gt;-Hola..-Murmuré todavía dormido.&lt;br /&gt;-Díaz? Despertate, tenemos trabajo.&lt;br /&gt;-Rodríguez? Qué hora es? Qué pasó?&lt;br /&gt;-Movete Díaz, estoy en la Estación Central, vení cuanto antes.- El teléfono se cortó. Había otro cuerpo y yo tenía razón. Este hijo de puta era dueño de la noche y ella estaba cobrando sus víctimas. Se devolvían al pavimento, los hijos de esta mierda iban cayendo de a uno. Todos tenemos la culpa, no se suponía que hiciéramos esto. Erigir enormes ciudades aunque Montevideo zafara un poco del asunto.&lt;br /&gt;Bajé corriendo y el bolsillo aun pesaba. Mejor así. Tomé un taxi sobre la calle Rivera. A esa hora de la noche llegamos pronto. &lt;br /&gt;-Buenas noches Rodríguez.- El señalo hacia la pared de uno de los costados oscuros de la Estación. &lt;br /&gt;-Ve por ahí chico. Tienes un cuerpo. &lt;br /&gt;Caminé unos metros sorteando oficiales y cintas amarillas. Otro joven, por Dios, los venía cobrando. Me acerqué unos metros hasta llegar al cadáver y otro oficial más se refirió a mi como “chico”. Puse el peso de mi cuerpo en los tobillos y me agaché sobre el cadáver.&lt;br /&gt;-Dibujá la línea pendejo!.- Me llamó la atención un oficial de segunda que estaba parado ahí asegurando la maldita zona. Tomé una tiza que quedaba de la noche anterior y dibujé la línea. Tenía el cuello abierto de la misma forma que las otras dos víctimas. Iban tres y se me iba a poner feo en la oficina de Sánchez. Brazo derecho… debajo había otro pedazo de papel. Se había pegado al piso por el frío. Lo tomé y lo guardé en el mismo bolsillo. Me levanté y guardé la tiza en su bolsa.&lt;br /&gt;-Listo oficial, gracias.- El milico de segunda me acompañó hasta el perímetro donde me esperaba Rodríguez. &lt;br /&gt;-Y chico, qué tenemos?- Preguntó Rodríguez calmado, fumando un cigarrillo y seguramente había perdido la cuenta de cuántos a esta altura de la noche.&lt;br /&gt;-El mismo eme o.- Rodríguez suspiró exhalando desagradablemente el humo por su nariz y boca.&lt;br /&gt;-Bueno, nos vamos. Agarra tus cosas chico, nos vamos a la oficina.- Caminamos hasta la Comisaría que era a unas pocas cuadras de allí sin decir nada. Imagino que Rodríguez estaba enfadado por no escuchar y ver siempre hacia adentro. Maldito idiota. Sentados en un escritorio esperamos a que llegara Sánchez. El habitáculo comenzó de a poco a saturarse de humo.&lt;br /&gt;-Crees que tenemos un caso verdad?- Preguntó Rodríguez convencido de la respuesta que era obvia.&lt;br /&gt;-No es obvio?&lt;br /&gt;-No lo sé chico, realmente no lo sé. Tenemos tres cuerpos, tres noches y tres eme o idénticos. Esperemos a Sánchez y veamos que dice. Está bien?- Dijo entregado. Sabía que se había equivocado todo este tiempo. Yo lo sabía, quizás el no. El bolsillo pesaba, cargaba una gran responsabilidad que se debía pagar para llegar a donde quería. Sánchez irrumpió en la habitación varios minutos después cuando la oficina se asemejaba más a una cámara de gas. &lt;br /&gt;-Por Dios Rodríguez, esas cosas te van a matar.&lt;br /&gt;-Lo sé Sánchez, pero no me importa, ya estoy muy viejo y muy gastado para andarme preocupando por estas cosas, no te parece?.- Sánchez miró sin decir nada.&lt;br /&gt;-Qué tenemos?.- Preguntó al fin.&lt;br /&gt;-Con la noche de hoy tenemos tres cuerpos con las mismas lesiones.- Dijo Rodríguez admitiendo una derrota. Ahora debía pagar por sus errores.&lt;br /&gt;-Y tu niño.. crees que volverá a suceder mañana por la noche, verdad? Ustedes están siempre muy seguros de todo. Horas de papeleo lleva cada pajero al que se le pasa por la cabeza la idea de caminar por esta zona de la ciudad a estas horas. Sigue así y pronto serás un detective hijo. &lt;br /&gt;-Si, creo que si. Va a suceder otra vez y no sé si tiene intenciones de frenar. Las tres muertes ocurrieron en esta zona, todas a apenas unas cuadras de distancia. Va a pasar de nuevo y otra vez en nuestra cara.- Dije seguro de mis palabras que cavaban mi tumba ahí mismo en esa oficina de mierda.&lt;br /&gt;-Rodríguez.. tenemos alguna pista, de algún tipo?.- Preguntó Sánchez.&lt;br /&gt;-No señor, no todavía. No hay huellas, no hay arma, no hay nada. El hijo de puta es un fantasma. No podemos hacer nada. Esperar a que el tipo mate.- El silencio ocupó la sala. Nadie dijo nada, nos miramos buscando respuestas en los rostros esperando que alguien apueste algo. Sánchez se paró y se retiró de la oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte por lo general llega y no hay forma de escapar a ese destino horrible. Algunos dicen no tenerle miedo a la muerte, pero cuando llega, simplemente se cagan encima. Este tipo volvería a matar y el pobre infeliz al que le toque nunca lo vería venir. Es una bufonada como se desarrolla la vida. Un día sos un “chico” que dibuja con una tiza el contorno de un cadáver en la escena de un crimen y otro día prácticamente eres el detective a cargo del caso y con un viejo perdedor a cuestas con miedo de perder su puto trabajo. &lt;br /&gt;Rodríguez era tan culpable de aquellas muertas como el propio hijo de puta que se ensucia las manos con sangre. Era su caso ahora y su ignorancia sería mi fortuna, esperar y recibir. En cada brazo derecho estaría ahí, esperando, calculando, recogiendo ese pedacito de mensaje que el propio asesino era incapaz de transmitir porque un resentido como yo estaba en el medio de todo. La noche del jueves pasó y también la del viernes y teníamos cinco cuerpos mudos en la morgue congelándose y el asesino seguía sin poder dar su recado de muerte. Sin rituales satánicos, sin boludeces de películas ni héroes con placas de oro. Un resentido pelotudo con una tiza y los ojos bien abiertos para conseguir lo que quería. La muerte es así, parte de otra cosa. Un asesino mataba y caminaba libre sin saberlo y un wannabe de detective se ensuciaba las manos con sangre para lograrlo.    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ . + . + . + . +&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(final alternativo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos chico, saldremos un rato, acá no vamos a solucionar nada.&lt;br /&gt;Salimos de la oficina. El pavimento seguía hambriento y la ciudad inmutada. &lt;br /&gt;-Me voy a mi casa Rodríguez, tengo la sensación de que esta noche nos vamos a ver.- Dije cansado de este circo de idas y venidas sin un final claro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jueves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré a mi casa y dejé las llaves sobre la mesada de la cocina y me acosté. Extrañas noches se habían sucedido. Algunas horas más tarde el teléfono volvía a sonar.&lt;br /&gt;-Hola…&lt;br /&gt;-Díaz, soy yo.- Dijo Rodríguez entre el ruido.&lt;br /&gt;-Dónde estas Rodríguez?&lt;br /&gt;-A unas cuadras de la comisaría.- Las sirenas y el bullicio dominaban el entorno de la llamada. &lt;br /&gt;-Encontrame ahí, ya voy.- El teléfono se cortó y me levanté tomando las llaves para irme. Alcancé un taxi y llegué a la comisaría en unos minutos. Rodríguez estaba ahí, parado en la puerta, recostado sobre un hombro, fumando.&lt;br /&gt;-Hace mucho rato que esperás?&lt;br /&gt;-No chico, no te preocupes. Vamos, es por allá.&lt;br /&gt;Momentos después llegamos al lugar. Un escenario fúnebre montado para la investigación. El morboso placer de observar. Tomé una tiza de la bolsa y me acerqué.&lt;br /&gt;-Suerte chico.- Dijo Rodríguez irónicamente. &lt;br /&gt;Odiaba su sarcasmo pero ya estaba allí y peor era ver a otro joven con la garganta abierta. Con cuidado comencé a dibujar la línea circundante por el lado izquierdo asumiendo que sobre la derecha se escondía la nueva pieza de evidencia. En ese momento tuvo lugar el peor momento de mi existencia. Sentí el aliento anicotinado de Rodríguez en el cuello. En el momento que tomaba el trocillo de papel me di cuenta de lo que venía. Los números impresos en cada pedazo formaban uno. “1-3-18-2”.&lt;br /&gt;-Lo encontraste Díaz. .- Susurró Rodríguez en mi oído. Me paralicé, no entendía por qué. La placa del hijo de puta se formaba con cada cuerpo. Qué me estaba diciendo. -Aprendés rápido.- Rodríguez seguía susurrando. Estábamos rodeados de policías que no le tocarían un pelo al viejo. –Ahora callate y escuchá pendejo, esta es mi última obra y no me la vas a cagar. Ya sabés.. y tenés la oportunidad de ser lo que querías. Un detective! Verdad? Eh niño? Que estupido eres..&lt;br /&gt;-Por qué Rodríguez?&lt;br /&gt;-No pensé que preguntarías esa idiotez.. esto no es el cine, chico. Así es la calle. Era lo que querías, el precio de aprender. Ahora la sangre está en mis manos. Andate y limpiá las tuyas.&lt;br /&gt;-Estas bien hecho mierda loco. Crees que vas a caminar así nomás. Un día vas a caer.- Dije con inocencia intentando sacarle algo más al viejo que miraba agachado sobre mi y el único que presenciaba era un fiambre. Rodríguez se reía, yo también quería reír, que iluso. &lt;br /&gt;-Andá y decí lo que viste. Un número.- Susurró otra vez. Decidí pararme y enfrentarlo pero no pude. Lo que había era silencio. Caminé por un costado de él y salí de la escena. –Díaz!, Díaz!. –Gritaba Rodríguez. Todo había terminado, para ambos. Caminé por 18 de julio hasta la madrugada, baldosas que esconden vida y muerte llevaban ahí un largo tiempo, seguían ahí. Todo siempre sigue ahí.&lt;br /&gt;Detrás de las barras quedaría un viejo con las manos llenas de sangre, en la calle el que se las ensuciaba en vano. La muerte es así, parte de otra cosa.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+ . + . + . +&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-1327191316147101159?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/1327191316147101159/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=1327191316147101159' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1327191316147101159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1327191316147101159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/tizas.html' title='Tizas.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-1820007537645257963</id><published>2007-10-11T22:25:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:45:03.191-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sin Sentido'/><title type='text'>Sin sentido</title><content type='html'>Hoy no se qué escribir. Posta, no se. No se si es porque estoy verdaderamente cansado o si es por pura pajería. Capaz que la segunda queda mejor. Hoy caminé por un parque y me encontré con una rama que se había caído del árbol, no se por qué, el viento supongo y otra mezcla de causas que no sabría cuáles son. &lt;br /&gt;-Cómo es tu nombre? Preguntó la rama.&lt;br /&gt;-Juan, y el tuyo?. Le contesté.&lt;br /&gt;-No se, no se si tengo nombre, querés ponerme uno?&lt;br /&gt;-No se si puedo, no creo tener las condiciones de poder dar nombres a las cosas..&lt;br /&gt;-Soy una cosa? Preguntó la rama indignada.&lt;br /&gt;-Bueno, si, sos una rama.&lt;br /&gt;-Qué es una rama?&lt;br /&gt;-Una parte del árbol, algo asi como los brazos.&lt;br /&gt;-Es lindo ser una rama?&lt;br /&gt;-Es lindo ser una persona? Pregunté finalmente. -Puta madre, a nadie le gusta ser quien es!&lt;br /&gt;Me fui caminando lento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-1820007537645257963?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/1820007537645257963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=1820007537645257963' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1820007537645257963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1820007537645257963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/sin-sentido.html' title='Sin sentido'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-5722087881404268552</id><published>2007-10-10T20:06:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:45:15.830-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Dedos azules</title><content type='html'>El sol ya se escondió. Miraba por la ventana, la gente pasaba mientras una garúa comenzaba a caer cambiando planes, cambiando algo en la cabeza de los caminantes apurándoles el paso. Volvía hacia el interior mirando la maquina de escribir que seguramente quisiera darme un empujón hacia las ideas. La hoja aun estaba en blanco y estaba desconforme pero creía que eso iba a cambiar de momento a otro. Escribió y tachó, la hoja era ahora una pelota arrugada que volaba cerca del suelo a la altura de una silla hasta caer fuera de una papelera. Las manos pasaban por la cara. Los ojos cerrados y la boca reseca detrás de la piel lo asustaban un poco. Fue en busca de algo de inspiración; pensaba en una musa que estaba lejos y sus ojos marrones vinieron en un recuerdo que lo asaltaba hasta introducirlo en una ciudad de calles escondidas entre los árboles y baldosas, de esas flojas que te mojan los championes. Todavía restaba cerveza en una botella aunque ya no la quisiera, una copa de vino era ahora su cable a tierra o hacia algún lugar fuera de aquí. Paseó por la habitación intentando recobrar el sentido que en otras oportunidades había ayudado a llenar el papel, a colocar letras y palabras entre renglones de un cuaderno de espirales. Pensó en regresar a los renglones, eran algo dentro del vacío blanco que daba la maquina de escribir. Le gustaba derramar un poco de tinta sobre papel. Hubo una época en que convertía muchas cosas en papel, se había olvidado un poco de eso y ya no sabía o no tenía nada para convertir, o tenía mucho para convertir y poco papel. Se quedó con esa última. La cocina se llenaba de luz mientras buscaba más vino. Al final de esa copa decidió salir, caminar un rato. Allí entre las calles se encontró con extraños, los miró y los volvió a perder. No supo qué quería escribir, odiaba un poco a los extraños tanto como los quería entre las diez y alguna hora de la madrugada luego de unas cuantas copas. No quería esforzarse en encontrar algo que su mente no estuviera buscando y pensó en nada. Entró en un bar. El humo lo envolvió y la música resonó en su cabeza haciéndolo sentir bien. Se sentó en una mesa próxima a una ventana para poder tener algo de dos mundos aunque quisiera solamente uno. Una chica se acercó y él pidió una cerveza, ya no quería vino, lo ponía un poco mal, se río mientras pensaba eso. No era que lo pusiera mal, el conjunto de análisis que se emperraba en hacer lo llevaba inevitable a eso y hoy no lo necesitaba. Media botella había quedado atrás pero su estupidez no alcanzaba todavía. Volvió a reírse haciendo ésta vez una mueca evidente. Alguien lo notó desde lejos y también sonrió. Se acordó de su lejana musa donde fuera que estuviera dentro de aquella gran ciudad que extrañaba. Pensó en escribir y lo hizo, solitario en aquella mesa él siempre traía consigo papel para convertir. Bajó algunas palabras en tinta, llenando renglones acordándose de algunas cosas que lo volvieron a hacer reír. Su mano se movía rápido de un lado a otro sorprendiéndose a si mismo e incluso haciéndolo reír un poco más. No estaba mal. Una botella pasó, pasaron dos y hasta tres. Dejó la cerveza y volvió al vino, uno mejor que el que tenía en su cocina. Los renglones se desangraban y a él eso le gustaba, la tinta mojaba el papel mientras seguía en un frenesí de movimientos. Su musa seguía allí entre la tinta y el papel, su nombre, el de ella, aparecía alguna vez entre palabras dentro de una historia que surgía y que deseaba seguir quién sabe cuándo. Sostuvo la esperanza de que algo lo llevara de nuevo hacia allí. El rock&amp;roll le hacía bien y lo inspiraba en alguna medida aunque las copas de vino hicieran su parte. La gente lo comenzó a mirar, a observarlo desde una distancia mientras la música seguía y los extraños ya no estuvieran. No sabía cuánta tinta había desparramado, la madrugada no estaba lejos y el bar estaba a minutos de cerrar. El vino ya no estaba y su copa estaba vacía. Levantó la cabeza para pedir un poco más de eso que fuera que lo estaba ayudando y se encontró con el lugar vacío y la gente observando. Se había divertido. Pagó lo que debía y se fue. Caminó otra vez por aquellas calles, esta vez no había extraños y un resplandor surgía detrás de los edificios. Buscó en su bolsillo por una llave y la encontró, abrió la puerta y volvió a encontrarse con la maquina de escribir que seguía allí, sin hoja blanca y una pelota de papel cerca de una papelera que no recordaba haber arrojado. Dejó su cuaderno sobre una mesa y se sentó en un sillón a descansar. &lt;br /&gt;La mañana lo había despertado. La pelota de papel seguía cerca de la papelera. No había sol, detalle que supo agradecer durante algunos minutos. Dejó el sillón y se acercó a la ventana, la gente caminaba un poco más lento. Su cabeza daba algunas vueltas sobre la noche. Pensaba en los renglones a los que iría más tarde, aun no quería darse cuenta de lo que había hecho aunque no fuera a cambiar nada. No quería cambiar nada. Quería a la gran ciudad y a su musa. Quería baldosas flojas y calles con árboles que llovieran sobre ellas. Quería irse de aquí. Quería. Una ducha tibia le asentó el cuerpo y volvió a la cama. Creía que dormía mucho pero era sábado y no tenía problemas con eso. Quizá lo volviera a hacer otra vez esta noche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-5722087881404268552?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/5722087881404268552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=5722087881404268552' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5722087881404268552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/5722087881404268552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/10/dedos-azules.html' title='Dedos azules'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3236791396660894361</id><published>2007-09-26T14:16:00.002-03:00</published><updated>2009-07-23T16:45:26.633-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Alberto.</title><content type='html'>Alberto no estaba muerto. Todavía convulsionaba en el suelo cuando entré en la habitación. Sus ojos inmensos miraban con desesperación y calma. Era un mar esperando una tormenta. Sus manos estaban frías y temblaban. No me dijo nada, no quería ayuda. Me senté a unos metros de él y observé. Quiso hacer un esfuerzo y tosió escupiendo un chorro de sangre que llegó casi hasta mis pies. Ya no podía mirar, quería irse y yo no podría hacer nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo vivía con mi madre y con mi hermano Alberto. Él era un tipo tranquilo, de esos que se divierte con poco y que disfruta de las cosas pequeñas de la vida. Un hippie diría mi vieja que estaba enferma; hace unos años le habían descubierto un tumor en el cerebro y desde entonces su cabeza hizo click. No la culpo, quizás yo hubiese hecho lo mismo, click, y listo, solucionar tantos problemas de un solo “click” y que el resto caiga en manos de otra persona, o sea, de mi. Alberto en aquella época comenzó a pasar mucho tiempo encerrado en su habitación escribiendo y yo entraba cada algunos días para asegurarme de que estuviera bien, que estuviera vivo. Había tenido unos problemas con una antigua novia hacía unos meses y desde entonces y desde lo de mamá que no dice absolutamente nada. Yo tenía una habitación entre la de Alberto y la de mamá. Algunas noches se ponían interesantes y otras no se sentía absolutamente nada, lo que podía ser bastante peor. &lt;br /&gt;Desayunábamos juntos, a veces, cuando nos cruzábamos en la cocina y los tres nos tomábamos un café con leche sin decir una sola palabra. Nunca me quejé, no me gusta tanto socializar durante las pequeñas horas de la mañana aunque si salía algún tema de conversación en la mesa tampoco odiaba participar. Claro que era yo el único que haría la “participación” el resto siempre era oyente. Me acuerdo de mis épocas de oyente en la facultad. Nunca entendí que quería decir, ¿Éramos todos oyentes o solamente yo? En fin, fue un época corta de mi vida. Alberto salía conmigo en aquel entonces, bares, algún boliche. En uno de esos conoció a su novia Isabel. La que luego tendría problemas con él y él con ella. Alberto bailaba solo, no porque le gustara, bailaba solo. Yo también, pero siempre tenía que iniciar las conversaciones de Alberto con las mujeres. Supongo que en algún lugar del camino agarré la práctica. Se pasó toda la noche hablando con las mujeres que le fui consiguiendo, no me dejaba nada, era como una maquinita. Me gustaba verlo así, contento. Esa noche nos fuimos caminando hasta casa. Nunca lo hacíamos de esa manera pero esa noche fue así. Caminamos unas cuantas cuadras sin decir mucho hasta que lo dijo. Se quería matar. No lo tomé en serio creo, sería por la hora, sería por la calle, sería por cómo lo dijo. No se, todo el mundo piensa en matarse una vez en la vida o más en otros casos. &lt;br /&gt;Dos cuadras pasaron sin poder decirle nada que no fuera obvio e irrelevante. ¿Qué le podía decir? Ni yo tenía la mente lo suficientemente clara como para creerme capaz de solucionarle la vida a una persona de esa manera, pero era mi hermano, le dije que estaba loco, que cómo podía hacer eso. Cosas estupidas, increíble que las estuviera diciendo. Llegábamos casi hasta la puerta de casa y no pude decir más nada. Alberto ya lo había dicho todo, tres palabras para sacarse todo de encima, pasarle la pelota al otro, tres palabras eran toda su vida. Isabel había estado en casa unos días después de la confesión de Alberto y habían tenido una discusión, no parecía importante hasta que no la vi volver más.&lt;br /&gt;Una mañana toqué varias veces en la puerta de la habitación de Alberto y no recibí respuesta, me asusté y entré, estaba desayunando solo. Me miró con ojos grandes. Casi pude ver una sonrisa detrás del tenedor. Me despreocupé y me fui a facultad, como todas las mañanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alberto no había salido de su habitación en toda la mañana, empecé a asustarme o a pensar en una probable transformación. Preparé el desayuno para mamá y me fui de casa. No volví hasta la tarde. No se escuchaba nada, no había un sonido en el aire. Caminé por la casa y vi a mamá durmiendo en su cama. Alberto no estaba. Había salido. Volvió tarde, pasada la madrugada, lo escuché entrar y meterse en su habitación. Me sentí bien, el aire le haría bien supongo. La mañana fue interesante. Mamá tuvo un colapso y se desmayó, llamé a la emergencia que demoró en llegar pero llegó. Estaba bien. Alberto nunca salió de su habitación a pesar de mis probables gritos intentando devolverle el sentido a mamá. Creo que nunca le importó. &lt;br /&gt;Mamá murió una semana más tarde. No vi a Alberto en quince días, estuvo todo el tiempo en su habitación, a una pared de distancia y sin embargo completamente inaccesible. Una tarde escuché algo, un gemido extraño, un golpe y luego nada. Era absurdo pensar que podría estar bien, que todo estaría bien. Abrí la puerta con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alberto no estaba muerto. Todavía convulsionaba en el suelo cuando entré en la habitación. Sus ojos inmensos miraban con desesperación y calma. Era un mar esperando una tormenta. Sus manos estaban frías y temblaban. No me dijo nada, no quería ayuda. Me senté a unos metros de él y observé. Quiso hacer un esfuerzo y tosió escupiendo un chorro de sangre que llegó casi hasta mis pies. Ya no podía mirar, quería irse y yo no podría hacer nada. &lt;br /&gt;Se fue, así nomás, así como pasa una brisa, así como las cosas pasan, de golpe y sin aviso alguno. Pronto me iría yo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3236791396660894361?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3236791396660894361/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3236791396660894361' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3236791396660894361'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3236791396660894361'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/alberto.html' title='Alberto.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2499410817324408327</id><published>2007-09-25T13:15:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:45:36.806-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>De baldosas amarillas y ojos marrones.</title><content type='html'>Había escapado de un colchón en el suelo y estaba entre nueve camas ajenas entre las que estaba la mía, la que había tomado prestada para sobrevivir -por lo menos por un rato-. Servía. Había hecho un acuerdo con ella, me dejaría dormir. Las persianas antiguas a medio abrir daban a una calle transitada que no era mía pero parecía. Estás tan lejos pero tan cerca; te das cuenta que eso no es tan real y que las distancias existen. No me siento muy bien escribiendo esto, sobretodo sabiendo que supe creer en eso. Supongo que es una cuestión de mentalidad, que uno genera eso en su cabeza digo. Tenerlo como una absurda forma de escape, como una forma de auto contentarse o de no auto flagelarse. Las baldosas de Palermo me eran familiares y era hasta insoportable, kinda scary, no querer volver. Las gotas de limón ensuciaban el papel mientras la cerveza se hacía ácida y el humo del puré subía por mi rostro. El aire sonaba a Rock&amp;Roll mientras el 39 daba la vuelta en Plaza Serrano y me desarmé en ese aire, era un poco inevitable, me culpo a mi mismo. Mi Verónica me miraba y yo me perdía allí en sus ojos, extrañaba esa mirada. No lo estaba buscando aunque nunca supe lo que iba a encontrar, creo que me dejé llevar y eso estaba bien. Poder mirar lo que podía haber entre tanto aeropuerto y malas comidas. Caminar por baldosas amarillas y sentir el aire a hogar o a la falta de altura. Me esperaban el mar, la arena, un barco y reuniones entre caras conocidas y olores que alteran la sensibilidad. Esperaba, la cerveza ya no estaba, el bar ya no estaba y viajaría en un auto con aires de otra galaxia. Ella me miraría otra vez, más tarde, cuando el día acabara. Como siempre, te ibas a reír y me sentiría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                                                              Buenos Aires, '07.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2499410817324408327?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2499410817324408327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2499410817324408327' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2499410817324408327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2499410817324408327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/caminar-por-una-ciudad-que-conoces.html' title='De baldosas amarillas y ojos marrones.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-6676572770576998038</id><published>2007-08-07T20:51:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:45:48.105-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Construcciones</title><content type='html'>El joven viajaba sentado en los asientos traseros del ómnibus, venía leyendo. A veces las palabras saltaban un poco, perdiendo la concentración durante unos segundos hasta retomar con la historia. En una de las paradas se subieron una mujer y un hombre, no parecía que vinieran juntos. Ella caminó por el pasillo hasta encontrar un asiento vacío y el hombre se sentó exactamente detrás. El joven no se preocupó pero le parecía raro. ¿La iría a secuestrar? ¿Y si se paraba y de repente robara el ómnibus? Siguió con su lectura hasta donde pudo. El ómnibus tomó una calle que no acostumbraba a tomar, miró hacia los costados y sintió en los demás su misma ansiedad. Siguió dos cuadras más y su ansiedad pronto se convirtió en temor. Pensó en bajarse. Esperó con el libro apretado entre las manos y había empezado a sudar.&lt;br /&gt;Normalmente esto no sucedía, éste ómnibus no iba por acá. ¿Lo estarían secuestrando a el? El joven decidió pararse y se apresuró hacia el fondo para bajar. El ómnibus volvió a doblar y tomó nuevamente la calle que conocía. Dejaba atrás algunas cintas amarillas y a varios obreros arreglando la calle. Su rostro se reflejó en el vidrio. Descansó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-6676572770576998038?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/6676572770576998038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=6676572770576998038' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6676572770576998038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6676572770576998038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/construcciones.html' title='Construcciones'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4318082703786366516</id><published>2007-08-07T12:57:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:46:02.359-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Cerdito</title><content type='html'>Juan estaba cansado de juntar las moneditas que le iban sobrando de los vueltos. Durante un tiempo las fue guardando en una pequeña caja que su madre le había regalado cuando era chico. Ahora solamente quedaba lugar en bolsas de nylon de supermercados y una vieja chanchita que estaba rota y ya no servía. Rosada, sonriente, destruida. Miraba la tele y miraba la chanchita rosada encima de su mesa, al costado de la televisión. Quería deshacerse de las bolsas de nylon llenas de marcas y de cosas tan poco familiares. Entonces apagó el televisor y bajó -literalmente- del sillón, las puntas de sus pies todavía no llegaban al suelo. Fue hacia una alacena en la cocina a buscar pegamento y otros útiles que le sirvieran para revivir a su chanchita. Pasó varios minutos tratando de pegar los pedazos y hasta se lastimó los dedos un par de veces antes de lograr unirlos todos. Las horas en el reloj habían volado de un lado a otro. &lt;br /&gt;Terminó, quedaba poner las monedas adentro y tendría una nueva alcancía para guardar sus moneditas. Vació una bolsa de nylon dentro de la chanchita, el sonido de decenas de monedas lo emocionó, era su primer contacto capitalista en serio. Cuando terminó ya no había lugar en su chanchita y lo único que quedaba eran algunas bolsas de supermercado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4318082703786366516?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4318082703786366516/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4318082703786366516' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4318082703786366516'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4318082703786366516'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/juan-estaba-cansado-de-juntar-las.html' title='Cerdito'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2192872786699664261</id><published>2007-05-26T14:20:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:47:41.350-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Ensayo de un viajante.</title><content type='html'>Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aviones vuelan a miles de metros de altura (o pies si así es más sencillo). Son artefactos similares a las naves espaciales si abunda una pizca de imaginación. Pronto tendré mi vuelo a Marte o destino a elección (este es el que me gusta a mí) pero todavía es la parte más simple. Por lo general la persona que se sube a un avión lo hace con un cometido, de alguna manera está buscando algo o intenta encontrarlo en alguna manifestación divina o no, una vez arribado a destino; nunca lo sabrás hasta estar entre millones de extraños que no recuerdas de ningún paseo en ómnibus. Todavía dormís en tu cama, cagás en tu baño, y usás un cepillo de dientes que está gastado y te recuerda a esas luces que no son de colores y a esos azulejos que no son blancos. En definitiva, todavía estás en casa y esa es la parte más compleja. La cerradura en la puerta tiene un truco y solamente vos conocés la manera justa de meter la llave. Más allá, el calor de una estufa te recibe mientras dejás el frío que la ciudad viste en estas épocas. Las calles de otoño son como siempre las miraste y los árboles siguen ahí, en ese lugar en el que te apoyaste alguna vez en una noche de alcohol. Las hojas muertas caen en armonía y las pisás igual a como lo hacías cuando eras niño y todavía te divierte o te hace sentir un poco más joven o te recuerda a una tarde con tus viejos en una calle de Pocitos. Tu cuarto tiene el mismo olor que querés desterrar hace tiempo pero sin duda es un champión sucio escondido en un placar. Una mañana te levantás y sabés que en un tiempo ésto no será lo primero que veas cuando abras los ojos y sentís de inmediato que te inunda una sensación de pánico. La misma sensación que alguna vez sentiste si te quedaste perdido de chico en algún supermercado y mamá no está a la vista y empezás a caminar desesperadamente por entre góndolas llenas de productos esperando reconocerla entre tantos rostros desconocidos. Mirás por la ventana al despertar y Montevideo sigue allí, de pronto sientes tranquilidad. Todavía falta para encontrar otro planeta del otro lado del vidrio y no hay necesidad de ponerse nervioso, ya habrá tiempo para eso. Hace varios días que vengo recorriendo la ciudad en un fusquita (Volkswagen escarabajo). Intoxicarse con el gris de la gran metrópolis (o al menos eso es para mí) me resulta agradable y confortable pero en su medida justa. Las ciudades que se aman deben tomarse con precaución pues son de alto riesgo para la salud mental. Amo Montevideo, es una cuota de viajante. Conocés Montevideo y eso no es poco; es una ciudad de una mística rara cuando se lo mira con esos ojos que buscan una mística, si no, es simplemente el barrio, el trabajo y las plazas llenas de esos árboles que en estas épocas no hacen bien a los ojos. Seguís acá. Los marcos con sus fotos en las bibliotecas aprisionando a los libros con tanto recuerdo. Una filmación en superocho que te lleva fulminante a otro tiempo. La bicicleta estacionada en el patio llena de telarañas con ganas de andar. Seguís acá. De pronto una mañana a la madrugada te tomas un ómnibus a Ciudad Vieja para comenzar con los arduos trámites del pasaporte. El frío cala en el cuerpo atravesando capas interminables de ropa y una garúa cae patética; los asientos rasgados y la sensación de que ya eres extraño en lo común. Una carrera en plena noche por un lugar en esa fila que es el principio de la asimilación. La fotografía que en unos años será sepia y que por ahora es el retrato de un viajante descansa en el fondo de un morral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;+&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2192872786699664261?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2192872786699664261/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2192872786699664261' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2192872786699664261'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2192872786699664261'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/ensayo-de-un-viajante.html' title='Ensayo de un viajante.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-2196411309747218423</id><published>2007-01-04T21:55:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:47:52.584-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Las Nubes.</title><content type='html'>Desde algún lugar de La Pedrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana entró rápido. Afuera llovía. Una música suave comenzó a sonar acompañando la tristeza del día que empezaba aunque anoche las mismas notas acompañaron al sueño. Pronto las bocas se desesperaron y salieron; el hambre de otros y la suya lo habían dejado solo, a la espera de un ansiado regreso. Intentando devolver una gentileza preparó un beberaje para acompañar lo que vendría. Los minutos se hicieron largos, la caldera ya no echaba humo y él se había sentado a esperar. Simplemente a esperar. Unos segundos le alcanzaron para divisar sobre una mesa un viejo libro que creyó innecesario para tal espera, pero le sirvió. Un ómnibus, un viaje, dos pasajeros que iban juntos y después no.&lt;br /&gt;Los otros todavía no llegaban; se puso nervioso y creyó en una conspiración absurda. Miró por la ventana, ahora no… y volvió a mirar. El cielo gris no ayudaba, ellos todavía no llegaban. Creyó en la venganza de las corvinas y tuvo miedo, sabía que era mentira, pero igual. Furiosas vendrían a llevárselo y lo matarían. Le gustó.&lt;br /&gt;El movimiento del pestillo rompió el silencio y pensó en tranquilidad. Habían llegado. De entre las nubes espesas bajó un grito que abrió el cielo y calmó su mente. Se despejaba. El día dejaba de ser triste. Y él dejaba de ser él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-2196411309747218423?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/2196411309747218423/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=2196411309747218423' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2196411309747218423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/2196411309747218423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/las-nubes.html' title='Las Nubes.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4920670724916859707</id><published>2006-12-12T21:47:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:48:03.273-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>26 / 6 / 2030.</title><content type='html'>Contra todos los incrédulos y los pronósticos, la selección uruguaya de fútbol iba a disputar una final de la copa del mundo. El país entero se había paralizado por lo que se lograba y en mi casa no era la excepción. Aquel día me levanté religiosamente temprano. Las ocho de la mañana marcaba el reloj que tenía en un banquito de madera a un costado de mi cama junto con un vaso de agua y un paquete de galletitas dulces abierto desde hace ya un par de noches. A pesar de todo algunas cosas ciertamente no cambian, me puse championes y salí a hacer los mandados que usualmente odiaba hacer pero hoy era diferente. Caminé una cuadra hasta el almacén de Mario, me acerqué al mostrador y pedí media docena de huevos blancos. Mario todavía usaba papel de diario para envolver y aún tenía una vieja balanza que quizás fuera de su padre o de su abuelo. Los cajones de madera casi negra guardaban las frutas y verduras que las señoras de la cuadra venían a comprar. Algunas veces, en días bastante ociosos me sentaba en el cordón de enfrente al almacén y escuchaba a Mario pelearse con las viejas por un peso o dos de un kilo de manzanas. Estiré las dos manos hasta alcanzar el mostrador y tomé la bolsa con cuidado. Con el objetivo cumplido volví a mi casa, dejé la bolsa sobre el mármol de la cocina y corrí hacia el sillón que estaba justo delante de la televisión. &lt;br /&gt;Con el partido por comenzar los corazones se aquietaron, la calle quedó en soledad, nada iba a interrumpir la santidad que imponía una ocasión de tal magnitud. Muchos desconfiaban de su clasificación a la segunda ronda pero a medida que los celestes avanzaban, la gente empezaba a ilusionarse con la posibilidad de alzar la copa. No pretendo entrar en detalles de lo que sucedió aquel día. Había sido seguramente el día más importante en la vida de muchas personas. Uruguay había caído derrotado en la final de la copa del mundo. La pantalla del televisor parecía quebrarse mientras se escuchaba el pitazo final de un árbitro que nos mataba en tierras europeas. Incontables deben haber sido los televisores que no sobrevivieron aquella tarde. Miles de corazones explotaron, algunas personas no habían vuelto a decir una palabra desde entonces. Algunos comercios cerraron sus puertas, otros decidieron emigrar. Al día siguiente de aquel funesto suceso, el gobierno había emitido un comunicado prohibiendo la continuidad del fútbol como deporte oficial del país además de su práctica. El fútbol había muerto. A muchos les llevaría algunos años superar aquella decisión. Quizás fuera lo que se debía hacer para evitar mayores tragedias. Recuerdo que en mi casa me prohibieron jugar al fútbol hasta el día de mi muerte, así me lo habían dicho. Mi padre sufrió mucho luego de aquel día, su salud empeoró y luego de unos años simplemente se fue dando por vencido. Mi madre había sido la menos afectada, pero jamás volvió a sonreír como lo hacía antes. &lt;br /&gt;Unos días después volví a salir a la calle. Me senté en el cordón de la puerta de mi casa y miré hacia los costados. Esa tarde entendí lo que era perder de verdad. No podía imaginar lo que sintieron los once de que aquel día. El barrio había cambiado. Las viejas no barrían su puerta, Mario había abandonado el almacén y los demás niños de la cuadra ya no jugaban al cordón. Los árboles habían adoptado una posición de tristeza que nunca se repuso. Nadie podía creer lo que había sucedido, los diarios lo llamaron el día más trágico en la historia nacional. Miles de almas habían sido destruidas por una pelota. Unos tantos pensaron que no debíamos de haber llegado a esa instancia y que de haber conseguido el título de campeones hoy seriamos parte del primer mundo del fútbol. Algunos incluso se culparon a si mismos con la razón de que no hicieron lo que debían, que las cábalas de un momento a otro dejaron de funcionar. Culparon a sus esposas por lavar los calzoncillos que habían utilizado la última vez que habíamos ganado, o que se habían puesto las medias equivocadas. No puedo contar cuántas fueron las razones que escuché durante el correr de los años pero ya nada cambiaba la historia. &lt;br /&gt;Aún me causa tristeza recordar aquellos tiempos. Guardé durante algunos años los recortes de diarios en los que se mencionaban los intentos por restaurar el deporte a su lugar. El fútbol había dejado de existir. Las señales de televisión que emitían los campeonatos europeos fueron censuradas y las canchas que poblaban los paisajes del país fueron tapadas y clausuradas. Durante mucho tiempo vimos a varias maquinas arrojar tierra sobre el campito del barrio. Todo había terminado.&lt;br /&gt;Uno de los países más futboleros del mundo se había quedado sin su sangre. Todos pensaron que era imposible vivir en un lugar sin fútbol, pero así fue. Sólo quedan detalles, historias mínimas de un pasado lejano. Algún póster sucio, casi marrón del mundial del ‘90 colgado en una vieja pared. Un álbum de figuritas en el fondo de un baúl. Una foto en blanco y negro con mi viejo y una pelota de fútbol bajo mi pie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4920670724916859707?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4920670724916859707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4920670724916859707' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4920670724916859707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4920670724916859707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/26-6-2030.html' title='26 / 6 / 2030.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-6175199359668766318</id><published>2006-10-18T21:46:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:48:13.849-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>De putas y copas.</title><content type='html'>Ahí estaba ella con su cuerpo desnudo reposado sobre un apolillado colchón. Sus ojos aun cerrados y su pose de antigeisha ocupaba las dos plazas y una sábana de color salmón le cubría la piel, aunque la agitación había dejado su torso descubierto. Haciendo girar la dorada perilla abrí la ventana intentando encontrar algo fuera del humo denso, la luz tenue, las copas y una nueva flor. Volví la mirada y sentí la suya clavada en mi. No dijimos nada, no teníamos por qué. No había palabras entre las distancias de dos cuerpos ajenos.&lt;br /&gt;Las uñas pintadas carmesí finalmente tocaron el suelo y se acercó con un cigarrillo en la boca hasta sentir sus senos en la espalda. No importaba lo que hiciera, el espacio entre los dos estaba allí y estaba bien. ¿Podría decirle algo sin lastimarla? Dos pasos quitaron el roce de nuestros cuerpos y hablaron en un grito. Mis dedos sintieron los suyos y tomé el cigarrillo, pitando para no tener que decir algo pero ella ya sabía que debía irme. El humo llegó hasta el suelo y subió entre los dos. Un ángulo de la cama sirvió de asiento y las ropas cubrieron mi piel ésta vez. Sus ojos miraban por la ventana perdidos. La habitación se sintió pequeña pero ya no importaba. De una vez la sangrienta copa se vació en mi boca y una mano alcanzó unos billetes al fondo del bolsillo. El final del día marcaba más que eso y los mundos regresarían a su lugar común; era común, pero alcanzaba.&lt;br /&gt;Ella miró y no dijo nada. El papel volvió a caer sobre la mesa y la puerta, detrás de mi, volvió a cerrarse. Nuestros cuerpos serían de otros y aquella habitación seguiría siendo nuestra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-6175199359668766318?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/6175199359668766318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=6175199359668766318' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6175199359668766318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6175199359668766318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/de-putas-y-copas.html' title='De putas y copas.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-3910469284086283553</id><published>2006-08-25T21:50:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:48:23.359-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Árboles negros.</title><content type='html'>Gregorio salió del baño goteando desde la cara el agua fría y cuestionablemente potable que lo mantenía lúcido. Se sentó frente a la máquina de escribir y comenzó a golpear con fuerza las letras moviendo sus dedos de manera autómata. La cabaña estaba en silencio aunque el furioso sonido de las palabras resonaba afuera en el bosque. Las ideas le llegaban como las gotas de café que se cuelan en una cafetera. Sentía que esta vez realmente iba a escribir lo que sus envidiosos críticos llamarían algún día su “Obra Maestra”, su “Masterpiece”. Realmente sentía que lo lograría. En medio de esa verborrea mental el teléfono sonó impertinente. Gregorio resopló mirando hacia abajo. Atendió haciendo notar su malestar. El conserje le avisó que la cocina estaba abierta y que podía pasar a cenar si así lo deseaba. Gregorio agradeció la molestia. Se sentó en la cama dura y miró la hoja apretada a medio llenar en la máquina. Estaba lejos de casa pero así era mejor. Los grandes escritores escriben en soledad dijo algún idiota al que le había hecho caso en una estúpida convención. Ahora lo sabía. ¡Que idiota! pensó para sí mismo. Ya estaba ahí de cualquier modo y lo mejor sería seguir con lo que estaba haciendo sin dudar de sus capacidades. En definitiva había manejado casi seiscientos kilómetros para llegar a ese lugar cuyo nombre ignoraba y ya le había consumido mucha gasolina. Por lo menos debía hacer valer el gasto. No era un tipo infeliz, simplemente uno con objetivos. Se rió para sí mismo; ni siquiera podía dar crédito de lo que pensaba, sus esfuerzos mentales le causaban gracia. Era por algo que había llegado hasta allí, se convenció mirando fijamente la ahora silenciosa máquina de escribir. Se levantó de la cama con autoridad. Tomó un abrigo de un gancho en la pared y abrió la puerta mirando la máquina antes de cerrar y salir de su habitación. Ya estaba ahí. Qué más daba. &lt;br /&gt;Caminó por el predio del motel hasta llegar a las oficinas en donde estaba el comedor. Se sacudió el agua de rocío antes de entrar y se limpió el barro de sus botas en una alfombra que no cumplía con la labor que deseaba Gregorio. El comedor estaba bastante poblado derrocando las apariencias que tenía de estar sólo en este lugar. Se sentó en una mesa cercana a una gran estufa de leña que estaba encendida y sin duda le haría bien para la gripe que estaba desarrollando. Atentamente miró unos segundos el fuego que lo hacía pensar en por qué la gente reflexiona ante fenómenos naturales relajantes o caras de niños en los ómnibus. No lo entendía. -¡Señor!- Dijo por segunda vez el mozo sacando a Gregorio de su aparente concentración. Lo miró sonriendo patéticamente y ordenó un whisky. Eso es lo que toman los escritores, pensó; nunca le gustó el whisky pero debía ayudar a las apariencias. ¿Qué clase de persona frena en un motel de este tipo? Miró los rostros de los demás comensales. En las películas estos moteles son los favoritos de asesinos que sufren de alguna clase de enfermedad psicológica como psicosis paranoide o cosas peores. Gregorio tomó un sorbo de su escoses antes de imaginar como todas esas personas morían horriblemente a manos del conserje demente. Ahí tienes una historia, pensó. Maldito Holywood, nos arruinan la experiencia a todos. El mozo vestido en un impecable uniforme se acercó a preguntar si deseaba algo más pero Gregorio decidió que quizás se sintiera mejor en su habitación y pidió una botella de vino para llevarse consigo. Un buen trago podría ser la mejor solución a sus problemas imaginativos. Terminó su whisky y salió del comedor.&lt;br /&gt;El aire frío lo despertó de un golpe. Miró alrededor. Algunos autos quietos en el frío y uno llegando mientras caminaba hacia su habitación. Traía las luces altas, odiaba eso. Una mujer bajó del auto pero la niebla que empezaba a asentarse no le dejaba ver con claridad. Empujó la puerta que tenía dificultades para abrirse; entró y zapateó el piso de madera para desprenderse de la tierra que traían sus botas. &lt;br /&gt;  El bosque descansaba en plena orquesta. Las aves se miraban entre ellas llamándose la atención con ruidos extraños. Los árboles aunque incondicionalmente se mantuvieran en su lugar danzaban armónicamente en compañía del viento. Alimañas y otros bichos correteaban de un lado para otro en un juego cómplice de gato y ratón. El motel parecía una postal de una película de Hitchcock. Un grito rompería el silencio de la noche asustando a Gregorio haciéndolo estremecerse. &lt;br /&gt;Abrió repentinamente los ojos. La habitación oscura se iluminaba con los rayos de luna que se colaban por la ventana. El escritor insomne se sentó en la cama apoyando sus brazos sobre sus piernas. Miró la máquina de escribir, luego hacia fuera y se volvió a dormir. No había razones para permanecer despierto divagando entre pensamientos inútiles que lo único que lograrían hacer sería mantenerlo despierto hasta entrada la mañana.&lt;br /&gt;Las mañanas eran hermosas a los pies del bosque de aquel lugar. Gregorio decidió caminar un rato para despejar su cabeza y retomar el libro más tarde, quizás luego de bañarse. Su gran campera lo hacía caminar en un movimiento de campana que lo hacía reír. Llego hasta la ruta desierta que no parecía la misma que lo había traído hasta aquí. Un auto pasó. El conductor miró fijamente la figura del desubicado escritor a metros de la calle, Gregorio se sintió insultado por la mirada de ese hombre y decidió retomar sus pasos y volver al motel. Quizás fueran los incontables kilómetros de ruta desierta, y de pronto un escritor al costado del pavimento lo que le llamó la atención. Maldito idiota. Entró en las oficinas y habló unos segundos con el conserje. La cocina no abriría ese día pero el comedor estaría a disposición, al igual que el bar. Decidió volver hasta la ruta y caminar dos kilómetros hasta una estación de servicio que estaba más allá de la entrada del motel según la información que había recibido. Se cansó luego de los primeros quinientos metros pero sabía que si no iba hasta allí no tendría nada para comer a la noche. Un escritor no puede escribir con el estomago vacío. Quizás si; pero lo haría enojado y terminaría por escribir algo de lo que se arrepentiría. &lt;br /&gt;No estaba seguro de lo que lograría con este viaje. Quizás el libro no debiera escribirse jamás y por algo suceden las cosas, pensó. Llegó pronto hasta la estación notando que la ruta se hacía más ancha en este lugar. Un señor cuidaba (o se podría decir que cuidaba) sentado en un cajón de cerveza, cruzado de brazos y seguramente dormido, o algo más grave. No quiso indagar de más. Entró rápidamente en el establecimiento sintiendo un alivio inmediato. Tomó una botella de cerveza de una heladera y un aperitivo de una de las góndolas y procedió a dirigirse a la caja para pagar por lo que llevaba. Le parecía una situación poco digna de un escritor, pensó, pero ya no había más que pensar. El empleado puso descuidadamente la compra dentro de una bolsa y se lo entregó a Gregorio que no dudó en agarrarla y retirarse lo antes posible. &lt;br /&gt;De vuelta en el motel Gregorio juntó la voluntad necesaria para sentarse a escribir. La máquina seguía allí, esperándolo, impaciente por ser golpeada. Sentía una especie de sadomasoquismo intelectual en su vínculo. Pasaron los minutos y luego las horas y ni una sola idea entraba en la cabeza del frustrado escritor. Decidió destapar la botella que guardaba en la pequeña heladera en un rincón de la cabaña e intentar relajarse con algo de alcohol. Sin mucho esfuerzo Gregorio terminó por emborracharse y ya no estaba sentado a los pies de la máquina de escribir; el aire fresco lo recuperaría aunque pensó que era una exageración que una botella de cerveza lo tuviera así. No le importó. Bajó la mirada unos segundos para volverla a levantar de un impulso. Un auto llegaba. Era el mismo de la noche anterior. Ella se bajó y se metió en el comedor. Gregorio hizo lo mismo intentando averiguar quién era esa persona. Limpió sus botas en la alfombra sumisa. Tomó una silla y se sentó a una distancia considerable del mozo y le ordenó un whisky sin despegar la mirada real de la figura de aquella mujer. Una mezcla de palabras se le subió a la cabeza. No entendía por qué estaba pensando en otra cosa. Dejó su whisky intacto en la mesa y volvió a la cabaña. De pronto no le costaba tanto sentarse a escribir. Simplemente se sentó allí y escribió. Una página, dos, cien. Pasaron mañanas y tardes y noches y Gregorio no se levantaba; todo estaba en esas letras, el hambre, el sueño, el alcohol, una mujer, su musa inspiradora. Todos esos años pensando en el fracaso. Se reiría después de aquellos que no creyeron en Gregorio Hagopián. Aquellos que le cerraron puertas y que lo mofaron hasta el cansancio. Fue objeto de catarsis de muchas personas y ahora sentía que tenía un gran libro entre las manos. Tenía por fin su libro. Pero no era tan así, pensó. No era solamente de él, no era Gregorio y nada más. Estaba ella. Su puta musa. No, no, no, no. No debía quedar así. Sus críticos se lo atribuirían a ella. Él moriría algún día y hablarían en el mundo entero de la persona que lo inspiró para escribir palabras tan extraordinarias. No lo soportaba, el libro estaba apilado a un costado de la máquina de escribir y sin embargo el escritor seguía sin dormir. &lt;br /&gt;Se escuchaba la orquesta afuera. Gregorio se puso las botas y se levantó de la cama sudada. Salió de la cabaña con la máquina en una mano y caminó hasta la que hospedaba a su musa inspiradora. Que realidad absurda la que tiene a una musa en una habitación de motel. Abrió la puerta y ella no se despertó. Gregorio la miró con firmeza y dejó caer una lágrima en el piso de madera oscura. Apretó con fuerza la máquina y la alzó sobre su cabeza dejándola caer sobre la de una musa. El sonido agudo del límite de página aturdió en el silencio de la noche. Segundos después salió de la cabaña sin alfombra, con paso extraviado y sus botas manchadas de sangre y entrañas. Volvió a su habitación para tomar las hojas producidas que ahora se teñían de rojo. Gregorio caminó torpemente en dirección a la ruta y al llegar allí miró hacia atrás. En la oscuridad de la noche no veía más que un cartel de neón y la silueta de un bosque de árboles negros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-3910469284086283553?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/3910469284086283553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=3910469284086283553' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3910469284086283553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/3910469284086283553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/rboles-negros.html' title='Árboles negros.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-1231181674516261919</id><published>2006-07-25T21:50:00.002-03:00</published><updated>2009-07-23T16:48:33.108-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Cuento. (Bar 1)</title><content type='html'>Primer capítulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Logré recuperar el aliento. Sentí la carga de una malévola parca a mi costado como  queriéndome llevar con ella por alguno de mis mal pasos por la vida. El frío nocturno no tardó en despabilarme y me encontré de torso encorvado, en un cordón de una vereda, de algún lugar, aún con una botella a mi lado. Allí contemplaba la vista de mi mismo cayendo hacia algún lugar inhóspito, en donde las cosas que pasan por la mente no tienen sino la intención única de acechar el trascurso del resto de la noche. El oscuro asfalto era lo único que mantenía mi vista centrada en un universo sólido. Momentos de ausencia del alma me hacían ver todas las cosas que habían sucedido y que mi mente exponía ante una racionalidad no apta para generar un pensamiento coherente. ¿Qué justicia había en observar la calle y la punta de mis pies con el detenimiento preciso para no perder la sensación de realidad? ¿Acaso fue algo que dije? No lo sé. &lt;br /&gt;Intenté pararme y caminar. Una brisa gélida en mi rostro parece ser el pequeño gesto de misericordia de la tormentosa noche. De repente y sin aviso me ataca el recuerdo de miles de luces, codos embriagados y almas superficiales, todas moviéndose al ritmo de una música que les es ajena y que aún resuena dentro de mi cabeza. Y por supuesto, su cara, entre el vaivén de tantas luces, su hermosa cara. &lt;br /&gt;Nuevamente la brisa gélida que divide lo real de lo aparente me devuelve a la ciudad. Pude ver una luz sobre el techo de un auto. Necesitaba escapar de los fantasmas, huir de tener que decir cosas de las que me iba a arrepentir. Mi mente desarrollaba la situación y ninguna de esas veces concluía con un final feliz. El vidrio de la ventana del auto designado para la huida deformaba mi reflejo. Intenté mirar a través, pero no pude ver más que mi melodramática figura. Descansé mi cuerpo en el asiento de cuero negro e indiqué mi destino con voz de resignación. No lograba contenerme, me vi completamente abrumado por el recuerdo inevitable de una nueva derrota. Mi frente se apoyó de costado sobre la ventana, giré con esfuerzo una manija y bajé el vidrio para dejar entrar aquella brisa que hacía de cable a tierra. Debí intentarlo, su cara entre las demás, debí decir algo pero no puedo, otra vez, todo de nuevo, historia repetida a la que no logro dar final. Mi mente murmuraba cosas sobre las cuales no tenía control alguno. &lt;br /&gt;Los postes de luz pasaban uno a uno, iluminándome, manteniéndome en el asiento, juzgándome. El conductor anónimo aparecía fugazmente en el retrovisor, inconsciente de lo que pasaba por mi cabeza. ¿Sería mi vida más fácil si fuese otra persona? No es la intención desechar mi dignidad por muy poco que quedara, quizás el sueño ayudaría a recuperar algo de lo perdido. &lt;br /&gt;Con un grito flojo el auto se detuvo, pagué por el viaje y pocos segundos después me encontré en una calle conocida y me arrepentí. Quizás debí acercarme y decir algo, nunca lo sabré. Lentamente comencé a caminar. Saqué las llaves de mi bolsillo, abrí la puerta y entré mi deplorable ser. Me acosté, cerré los ojos empañados y dejé que el tiempo se encargara del resto. Antes de pasar a otro estado me invadió una desbordante noción de realidad. Ella no era para tipos como yo, definitivamente no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo y último capítulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabo de tener la sensación de que la vida no da las vueltas interminables que parece dar. La mañana sirvió de calmante para dejar atrás un patético episodio. Debía repensar hacia dónde estaba yendo, cuál era el camino a seguir para salir de una vez de la descorazonada barra de un bar que sin culpa guarda miles de penas de tantas personas mejores que yo.&lt;br /&gt;Finalmente decidí levantarme. Puse los dos pies firmemente en el piso de mi pequeña habitación. Las dos manos sobre mi cara no daban crédito de lo sucedido pero debía enfrentar, nuevamente, una realidad absurda. El espejo honesto no hacía más que derrumbar la imagen de heroísmo que había logrado crear con el esfuerzo de salir de la cama. Refresqué mi cara con agua y miré fijamente el reflejo de mi rostro como buscando alguna respuesta. Serví un café tan negro como la noche anterior y me senté en un sillón de dos cuerpos a reposar el peso de la noche.&lt;br /&gt;Miré un largo rato por la ventana. El sol de la tarde entraba por un rincón, haciendo que la habitación cobrara un tono amarillento y me acomodé para que me pegara en la cara. Cerré los ojos y los volví a abrir con una grata sensación de resolución. Inmediatamente tuve la necesidad de ponerme a escribir. No supe bien por qué. Una historia propia. Quizás le diera el final que siempre debió tener.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-1231181674516261919?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/1231181674516261919/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=1231181674516261919' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1231181674516261919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/1231181674516261919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/cuento.html' title='Cuento. (Bar 1)'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-4060430055242977970</id><published>2006-05-25T21:53:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:48:42.440-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Ella.</title><content type='html'>Hay quienes creen y hay quienes no. A mí siempre se me dio por no creer. Pero esa vez… esa vez fue distinto. Aquel miércoles de setiembre me desperté diferente, o al menos eso comencé a pensar luego de unos años. Con el paso del tiempo analicé ese día una y otra vez pero fue perfecto. Fue malditamente perfecto. &lt;br /&gt;El despertador había sonado a la misma hora ya desde hace un año y medio cuando había comenzado a trabajar en una oficina en la Ciudad Vieja. Mis viejos habían salido por lo que ninguna voz entrometida había interrumpido la rutina de la mañana. Me levanté de la cama, me afeité con jabón en lugar de utilizar la recomendada crema de afeitar. Creo que el jabón irrita la piel. Me sequé el rostro. Me desvestí y me metí en la ducha. Minutos después bajé los 14 escalones que tiene la escalera que lleva a la parte baja de la casa y me dirigí a la cocina a prepararme un café con lo que quedaba en una antigua lata que era de mi abuela, y que se usaba para conservarlo. No sabemos si eso le cayó muy bien pero ya no es momento de pensar en eso. Allí iba el café. &lt;br /&gt;Aquella mañana había sido muy parecida a las demás, sólo que con el tiempo se fue haciendo extraña. Hoy creo que fue extraña. Armé una mochila y me fui a trabajar. Caminé los 127 pasos que hay desde la puerta de mi casa hasta la parada del ómnibus. Pero ese día fue diferente y no llegué a tiempo. Nunca se sabe cuánto puede demorar en pasar el próximo. Esperé un largo rato y decidí subirme a uno que tenía un destino alterno pero que me dejaba relativamente cerca. Mientras pagaba por el viaje buscaba con una mirada fugaz un asiento para soportar el viaje. Muchas veces viajaba parado, pero éste era un ómnibus diferente al mío. Hay algunos que tienen sobre la derecha, mientras se camina hacia el fondo del coche, una fila de asientos unitarios, mientras los demás asientos vienen de a dos. Elegí uno para mí sólo y me senté. Recuerdo que el cielo de aquella mañana había estado algo nublado y que se había despejado de a poco. El sol entraba por una rendija de la ventana y me daba en la cara. Aún no era primavera y aquel rayo había calmado el frío y me había hecho dormitar unos minutos. Casi una hora más tarde arribé a aquel destino que no era el mío. El ómnibus me escupió hacia la vereda. Comencé a caminar por un lugar en el que los edificios se erigen como grandes dientes y todo se hace un poco más pesado. Cientos de personas respiran el mismo aire que parece agotarse hasta que se llega a una esquina y el viento del mar no muy lejano alimenta la sensación de que no todo es tan malo. &lt;br /&gt;Entre muchos rostros tan distintos y demasiados pies tan inquietos, aparece un brazo, en un movimiento abrupto, y me entrega un pequeño papel que tomo en un gesto inmediato de curioso desinterés. Sin parar de caminar bajo la vista y observo un nombre mal impreso. Frené mis pasos y giré mi cabeza con violencia para poner la mirada en el improbable mensajero de algo que él no podría saber. Arbitraria y equívocamente repartía un trozo de papel que hasta ahora había captado solamente mi atención. &lt;br /&gt;Aquel acto de sospechosa divinidad la había hecho regresar a un encumbrado rincón de mi mente. Hacía ya unos meses de la última vez que la había visto caminando y saludándose con gente que era de su círculo, seguramente de la universidad. Abrazaba unos cuantos libros y hablaba con ellos. Ella es hermosa, cabello negro, ojos algo verdes que cambian de color dependiendo de la cantidad de luz que haya. Ese día tenía unos jeans y un buzo de lana verde. Siempre me gustó su forma de vestir. &lt;br /&gt;Busqué la dirección que aparecía en aquel papelillo. Caminé unos metros, fallé en dar con el número, regresé sobre mis pasos hasta dar con la puerta indicada y me detuve para pensar. A veces es sorprendente la simplicidad que pueden tener las cosas. Sólo en nuestras mentes tendemos a complicar los asuntos que nos importan.  Subí un escalón antes de aprontarme a hacer sonar el timbre. Toqué el botón que estaba justo sobre mi hombro izquierdo y rápidamente atendió una voz joven. Me hizo pasar y pronto nos encontramos él y yo en una habitación fría, azul, con cajoneras de metal. Archivadoras creo que es el rótulo correcto, dignas de algún ente público y sus interesantes salas de espera. La parte baja de las paredes de aquella eran de un azul algo más oscuro que la parte superior. Estoy hablando del azul que tenían esas heladeras antiguas que se abrían con una suerte de gran pestillo de metal. Su rostro casi ni se movió y sin embargo preguntó qué me había traído hasta aquí. En un acto reflejo extendí la mano sosteniendo el pequeño papel que me había llegado de algún colega suyo. Subí la mirada y lo miré esperando una respuesta. Estaba envestido en un uniforme perfecto, su color se mezclaba con la habitación y su pálido rostro parecía flotar en el aire. Sin gesto alguno dio por sentado que yo sabía a lo que había venido. Tomó un formulario de una archivadora. No hizo preguntas. Simplemente empuñó un lápiz y firmó mi sentencia. Cruzamos hacia una habitación contigua por una puerta que no se camuflaba con el resto de la misma. Me invadió una sensación inquietante que me tensó los músculos del cuello impidiéndome tragar mi saliva. En este nuevo cuarto había una silla y un televisor. Tranquilo, el empleado me encomendó a sentarme. Lo hice. Él dejaba la habitación dejándome en una soledad molesta. Las luces se apagaron. &lt;br /&gt; Pocos minutos después, ya fuera de ese lugar, me detuve unos segundos antes de cruzar la calle. Aquello me había tomado por sorpresa sin dudas. No quería pensar. Ella iba a ser mía. &lt;br /&gt;Unos meses después había recibido una invitación para una fiesta, una especie de evento para gente mejor que yo. Preparé unos harapos de gala y fui. No suelo ir a este tipo de cosas, especialmente sólo. Pero pronto el lugar y las caras comenzaron a resultarme aterradoramente familiares. Traté de disimular mi nerviosismo. Me acerqué a la barra y pedí un trago fuerte. Comencé a sudar. Odio sudar. El recuerdo de aquella habitación y aquel televisor había venido rápido y sin aviso. Yo le hablaría y ella me escucharía. No es que sea raro que las mujeres me escuchen, pero no sería la primera vez que no lo hicieran. Esta vez sería mía. Luego de unos minutos, detrás de las caras y las parejas que se movían con la música, apareció Lucía. Mis ojos se clavaron en los suyos y me acerqué. Su aroma era delicioso, olía a margaritas. Sin casi darme cuenta me encontré delante de ella, rodeada de sus amigos que me observaban atentamente esperando que yo dijera algo. Algo importante. Abrí la boca y lo próximo que escuché fueron risas. Carcajadas burlonas. No entendí, debía ser diferente. Debía ser mía. Volví por donde había venido y me fui. No lo soporté. Al llegar a mi casa llamé desesperadamente al número que aparecía en el pequeño trozo de papel pero el lugar ya no existía. Aparentemente nunca había estado allí. No valía la pena ir hasta allí, menos con mi suerte.&lt;br /&gt;Esa noche entendí que aquel día había sido diferente. Todo se había dado de forma tal que yo estuviera en ese lugar y ella se riera de mí. Con el paso del tiempo analicé ese día una y otra vez, pero fue perfecto, fue malditamente perfecto.&lt;br /&gt;Luego de aquel episodio el tiempo pasó más lento. Esperé, sin encontrarla otra vez, pero esperé. Luego de unos años conocí a una mujer. Eventualmente quisiera decir, pero no fue una cuestión de causalidades. El tiempo tuvo un efecto en mí. Ya no me siento muy bien. A veces me siento mal. En ocasiones me preguntan por ella, pero no sé qué decir. La conocí en la puerta de mi casa. Ella compraba frutas en el supermercado de enfrente y yo compraba crema de afeitar. Subimos, tomamos un café y desde entonces nunca más se fue. Su nombre es Laura. Es linda y callada. Quizás sea momento de decirle que ella no es real.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-4060430055242977970?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/4060430055242977970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=4060430055242977970' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4060430055242977970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/4060430055242977970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/ella.html' title='Ella.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-8036355425671326323</id><published>2005-10-25T21:45:00.001-02:00</published><updated>2009-07-23T16:48:51.000-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Historia de un hombre que encontró la libertad en algo muy pequeño.</title><content type='html'>En la pequeña ventana se veía la luna. Si la escondía detrás de los barrotes, la celda se iluminaba. Estaba sentado en el catre, apoyado contra la pared. Tenía los brazos extendidos sobre sus rodillas y miraba la luna. Tenía una compañera, alguien a quien hablarle aunque no lo escuchara. No le importaba. Estaba loco. Las noches en este lugar pueden llevarte a la demencia. No quería, pero el tiempo maldito que le sobraba tenía ese efecto. Un segundo dura lo que un minuto. Un minuto lo que una hora. Un año, una vida. Muchas vidas habían pasado. No escuchaba nada. Estaba él con él mismo y nadie más. Ah, sí, la luna. La puta luna. La odiaba en los días de lluvia, la odiaba más durante el día. Ya quedaba poco. La luna había respondido. Vendría por él. Vendría por él, gritaba. Colgado a los barrotes gritaba. Su cuerpo se sacudía y sangraba. Lloraba desconsoladamente. De felicidad o de tristeza, lloraba. &lt;br /&gt;Un golpeteo de zapatos se acercaba veloz. Corrían. Los guardias, malditos, hijos de puta. No podrán con él. No les importa. Sus macanas a un costado. Corrían con una mano tomando su ego. El pasillo se oscurecía. Llegaron. Justo a tiempo. Apuntaron. Él ya no estaba. La celda vacía y mugrienta los mofaba. Los barrotes se hicieron a un costado. Entró, mirando y buscando y nada. La puerta se cerró de un golpe. Estaba solo ahora. Desesperado. Su voz se extinguió y sudaba. Se agachó. Pasaron los minutos en silencio, nadie lo oía. Pronto se sentó apoyando su espalda contra los barrotes. La macana tocaba el piso. La celda se iluminaba. Movió la cabeza. Detrás de un barrote, la luna. Simplemente miró la luna. Lloró.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-8036355425671326323?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/8036355425671326323/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=8036355425671326323' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8036355425671326323'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/8036355425671326323'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/historia-de-un-hombre-que-encontr-la.html' title='Historia de un hombre que encontró la libertad en algo muy pequeño.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4895212830433820330.post-6446573473785200211</id><published>2005-06-25T21:58:00.001-03:00</published><updated>2009-07-23T16:49:06.879-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos'/><title type='text'>Nocturno.</title><content type='html'>No hacía mucho que había ingresado en el hospital y ya conocía a casi todas las enfermeras del piso y hasta había logrado conseguir una habitación para mi. Esto es fundamental para la estadía en cualquier hospital. Una habitación propia reduce sensiblemente la paranoia de que el tipo que agoniza en la cama que no está ni a un metro de la tuya se va a morir en cualquier momento. Ni que hablar de la ingrata necesidad de que realmente le pase algo para poder estar sólo en esa miserable habitación que te acompañaría en los demasiados días que quedaran. Mierda, respira. Digamos que no era mi caso, mi habitación me la había ganado de buena mano. Ésta tenía un color algo amarillento, podía ser alguna de las drogas lo que causara mi falta de visión pero era un hospital viejo y los blancos ya eran pocos. La cama era sin dudas de las más cómodas en las que había podido acostarme, que no eran muchas. A mi derecha hay una ventana, sobre el calefactor a gas, que da a un patio interno que no está muy cuidado. Logré mirar hacia abajo alguna vez, el patio me hacía acordar mucho a alguno de mi infancia. A continuación de aquél calefactor hay una silla marrón de metal que tendría uso si alguien viniera a visitar. A mi izquierda, los aparatos. &lt;br /&gt;El día es la parte más fácil, por decirlo de alguna manera. Los ruidos, la luz, la gente que pasa de un lado a otro casi corriendo, quizás hasta la posibilidad de conseguir una pequeña televisión en blanco y negro para mirar alguna idiotez que haga pasar el tiempo aún más rápido. Pero durante la noche es otro hospital. Para aquellos fanáticos de las películas de zombis saben a lo que me refiero. Los pasillos toman un repentino color a oxido en las partes bajas de la pared, las gotitas de sea lo que sea que te mantienen un poco más vivo empiezan a contar el tiempo que resta para la mañana siguiente y así hasta sentir que alguien te está haciendo un broma de muy mal gusto. La enfermera que entra a la habitación cada tres o cuatro horas tiene los ojos raros, pasa por una parte de la puerta en la que la luz permanente de la habitación la golpea de frente y le convierte los ojos como los de un gato cuando los alumbras con una linterna, y te lleva uno o dos segundos darte cuenta de que no está toda manchada de sangre y que no le falta ninguna parte del cuerpo. No soy de esas personas que sufren algún tipo de demencia por más pequeña que sea, pero juro que pocas veces tuve una sensación tan fuerte de que algo es real.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo se llama, habla poco pero entra y se sienta en la silla que esta a mi derecha. Habría que demandar a la dirección del hospital que se esfuerza por colocar en cada habitación las sillas más incomodas que existen. Él dice que son incomodas. No me estoy quejando pero algún capitalista debería invertir en este hospital. &lt;br /&gt;Me pregunta cosas de mi vida. ¿Qué hubiese sido sino soy lo que soy? ¿Si alguna vez me pregunté que hay después de la muerte? Ese tipo de cosas. Alguna vez no sé qué contestar. Hago silencio y él también. Unos minutos antes del amanecer se va, simplemente se para y se va. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me quiere decir cómo se llama, no sé quién es. Pero entra y se sienta ahí. La enfermera no parece darse cuenta de su presencia o no quiere. Él no hace mucho esfuerzo por presentarse, creo que no tiene ninguna intención de que nadie lo moleste. Me parece bien.&lt;br /&gt;Me sigue preguntando cosas de mi vida, preguntas que nadie había preguntado jamás, quizás en alguna de esas noches de verano con alcohol y mujeres surgió alguna de estas preguntas, pero no es normal en este contexto. Lleva en su mano izquierda un cuaderno negro. Está vestido de traje, saco negro y camisa blanca, sin corbata.&lt;br /&gt;Hay momentos en que me mira fijo y ya no siento el sonido de las gotas del suero pero hay algo en sus ojos que me parece conocido, casi como si se adaptara a cada persona para no incomodar. &lt;br /&gt;De repente, la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo sin saber su nombre, entra y se sienta ahí. Pero esta vez al pasar por delante de mi cama clavó su mirada en mí y sentí miedo. De nuevo ese traje y esa camisa. Sentí el silencio abrumador que entró después que él. Ninguna enfermera entró como si lo hubiese arreglado para que esto fuera así y no de otra manera. No perdió el tiempo y preguntó. &lt;br /&gt;Quizás las noches anteriores sintió que yo estiraba la situación, yo no entendí su juego y me culpo a mi mismo, debí darme cuenta. Una persona como yo debió darse cuenta. Después de todo el lugar era el indicado para su rol pero me tomó de sorpresa, esperaba que me diera un rato más, solamente un rato más. Las preguntas se volvieron contra mí. Todo se resumió en una tonta y obvia pregunta que no supe responder. Quizás el apuro necesario de saber que ocurría me llevó a contestar que no, ya no quería jugar más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SOZhnBos3_I/AAAAAAAAAzU/q0EVvw2GS1U/s1600-h/almohada.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SOZhnBos3_I/AAAAAAAAAzU/q0EVvw2GS1U/s320/almohada.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5252993338456203250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de unos segundos de no sentir absolutamente nada me encontré mirando el suelo visto desde tres metros de altura. Y yo, acostado en la cama con los ojos abiertos. La enfermera que entra, sin ojos raros ni manchas de sangre. Me acaricia el rostro y cierra mis ojos. Me cubre y todo se oscurece.&lt;br /&gt;Un juego... Siempre me gustaron los juegos, nunca me gustó perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                        x&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilustración: Cecilia Rodríguez Lisboa.&lt;br /&gt;Dibujo Lo Que Puedo + El Botija Que Cuenta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4895212830433820330-6446573473785200211?l=elbotijaquecuenta.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/feeds/6446573473785200211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4895212830433820330&amp;postID=6446573473785200211' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6446573473785200211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4895212830433820330/posts/default/6446573473785200211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbotijaquecuenta.blogspot.com/2007/09/nocturno.html' title='Nocturno.'/><author><name>Pepe</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06182081800758717540</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://3.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SdOu2tnXG0I/AAAAAAAABPY/0VI0sps5qgw/S220/pp.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_DG4hdmwRM38/SOZhnBos3_I/AAAAAAAAAzU/q0EVvw2GS1U/s72-c/almohada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
